Lunes, 26 de febrero de 2007
Joan Barril


De vez en cuando llegan noticias que se originan en los sumideros de la amoralidad. Son noticias relacionados con adultos que abusan, torturan, fotograf?an y poseen a ni?os. La bestia humana se manifiesta en esos llamados pederastas. El fuerte sobre el d?bil, el malvado que se aprovecha del inocente, el placer del adulto sobre el desconcierto y el dolor del ni?o. Hubo un tiempo en el que la infancia era la patria del horror. Desde los espartanos que lanzaban a los ni?os d?biles desde la roca Tarpeia hasta los ni?os mineros que hurgaban en el carb?n brit?nico o los ni?os bolivianos que buscan un h?lito de vida en las galer?as del Cerro Rico de Potos?, la infancia ha sido la gran despensa de carne productiva, ya sea para la riqueza o para la satisfacci?n de sus mayores.

Pero ahora, cuando la infancia se ha convertido, al menos en el primer mundo, en un bien escaso y sobreprotegido, nos escandaliza que haya individuos dispuestos a ofrecer sus salvajadas por la red para ampliar la red de usurpadores de la inocencia. Y nos escandaliza tanto m?s cuanto que esa gente se introduce en trabajos asistenciales y educativos en los que encontrar a sus v?ctimas. Lo malo de esas noticias es que incrementan el temor ante los extra?os que mecen la cuna o que ejercen de animadores infantiles. La socializaci?n del ni?o exige personas que no sean estrictamente sus padres. Y hay motivos, por fortuna pocos, para desconfiar de esos mal llamados monitores que se aprovechan de su condici?n para monitorizar en la gran pantalla mundial los cuerpos profanados de aquellos a los que deb?an hacer crecer.

Esos individuos no matan ?nicamente la candidez propia de la infancia, sino que meten el miedo en el cuerpo de padres y madres que ven c?mo la humanidad se ve interrumpida por asquerosos explotadores. El pederasta telem?tico socava la idea de la confianza entre mayores y menores, entre hombres y ni?os. Por culpa de esos cuatreros de la candidez la infancia ser? una burbuja blindada, las vacaciones se convertir?n en un pa?s cargado de peligros y el gesto de acariciar la cabeza de un ni?o ser? una violaci?n de los l?mites del cari?o.


La aspiradora popular

Manifestarse exige una coreograf?a, unas pancartas y un barullo. As? al menos intent? desprestigiar el derecho de manifestaci?n el anterior presidente Aznar. Un barullo, unas pancartas. Nada m?s. Por lo visto, las buenas manifestaciones necesitan s?mbolos de unos contra otros. Por ejemplo la bandera espa?ola o ese himno del que no sabemos la letra porque alguien con buen criterio decidi? que mejor no poner palabras a tanta pasi?n encontrada. La manifestaci?n contra el di?logo estuvo pre?ada de esas banderas llamadas nacionales y que en su d?a fueron las banderas de los nacionales. Solo as? se entiende que se gritara que Zapatero se fuera con su abuelo, un militar ejecutado durante la guerra civil por los mismos portadores de las mismas banderas. A este paso, cantar?n el Para la Libertad de Miguel Hern?ndez. Los himnos, cuando entran en la contradicci?n, se pudren.


Ma?ana

Hablar del futuro es una manera de cantar a la esperanza. Pero a veces, cuando el futuro se mezcla con la prisa y con la urgencia, es una manera de conjurar a la desesperaci?n.

Publicado por carmenlobo @ 10:38  | ART
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