Domingo, 28 de enero de 2007

Arturo P?rez-Reverte
14 enero 2007


Paris de la Francia, a media tarde. Caf? con espejos artdec? y graves camareros vestidos de negro con largos delantales blancos, de esos que hablan de usted a clientes que usan con ellos el mismo tratamiento. Est?s all? sentado, un caf? en la mesa y un libro en las manos, entre gente que se trata con respeto y dice buenos d?as y por favor aunque no se conozca. Est?s, como digo, relajado y feliz por hallarte a centenares de kil?metros del proceso de paz sin vencedores ni vencidos, del ?ltimo pelotazo ladrillero, del di?logo de civilizaciones, del sexismo ling??stico, de la naci?n plurinacional marca ACME, de la demagogia galopante y de la maleducada puta que nos pari?. Y de pronto, a tu espalda, suena una voz de idioma y tono de groser?a inconfundible, dirigi?ndose al camarero: ?Oye, ?hablas espa?ol??. Y mientras por el rabillo del ojo ves al camarero pasar de largo, despectivo, sin hacer caso al interpelador, cierras el libro y te dices, amargo, que como al Lord Jim de Conrad ?Peter O?Toole en versi?n cinematogr?fica, con James Mason y Eli Walach haciendo de malos? los fantasmas del pasado te persiguen hasta cualquier puerto donde recales, por lejos que vayas. Y que la ordinariez maldita de ciertos compatriotas, o como se llamen ahora, no se borra ni con lej?a.

Hay momentos de tan abrumadora evidencia que una desesperaci?n negra te corta el resuello. Es verdad que el mundo cambia, y que la buena educaci?n se rinde ante la uniforme marea de malos modos internacionales. Eso aporta, al simplificar las cosas, ventajas indudables en ciertos aspectos de la vida; pero entre quienes nacimos hace alg?n tiempo, le?mos libros donde la gente todav?a era capaz de matarse trat?ndose de usted, y fuimos criados por quienes a?n conservaban maneras del siglo anterior, ciertas cosas son dif?ciles de encajar. Aquella tarde parisina de la que hablo, tras el caf?, entr? en un estanco; y por el simple hecho de comprar una cajetilla de tabaco y un mechero tuve derecho a intercambiar dos ?buenos d?as?, un ?por favor?, un ?se?or?, un ?se?ora? y dos ?gracias? con la estanquera, que me despidi? con un rutinario ?que tenga usted buen d?a?. Y a ver cu?ndo, me dije al salir, iba yo a mantener ese di?logo en un estanco, o en una tienda, o en un banco, o en una oficina de la administraci?n nacional ?disculpen la anacr?nica gilipollez? o auton?mica de esta zafia Espa?a compadre de ?oye, t?? que nos hemos fabricado, entre todos, a nuestra imagen y semejanza. Donde, a diferencia de otros lugares, si cedes el paso a una se?ora en una puerta, en una escalera o bajo el andamio de una calle, la presunta, en vez de dedicarte una sonrisa encantadora y decir ?gracias?, pasar? mir?ndote con desconfianza, y hasta te empujar? si hace falta, asegur?ndose de que a ?ltima hora no le estorbas el paso.

Y es que, aunque parezca residuo superfluo de tiempos rancios, hablar de usted a la gente, saludar al entrar en los sitios y despedirse al salir, dar las gracias y pedir las cosas por favor, obliga al interlocutor, o facilita otras cosas m?s profundas y complejas, que no voy a detallar ahora porque ni tengo espacio ni maldita la gana. Del mismo modo, la p?rdida de todas esas f?rmulas convencionales, autom?ticas, nos vuelve a todos, tambi?n autom?ticamente, m?s insolidarios, burdos, mezquinos y ego?stas. Y no vale ampararse en lo de que en todas partes cuecen habas. Hay habas y habas, y las que cocemos en Espa?a son tan ?speras que irritan el gaznate. ?Imaginan a un periodista norteamericano, o a un franc?s, dici?ndole a Bush, o a Chirac, ?oye, presidente?, en lugar de ?se?or presidente?? Lo echar?an a patadas.

Lo malo no es s?lo eso, sino que hasta la gente educada que viene de fuera pierde las maneras en contacto con nuestra grosera realidad nacional. Hace cosa de medio a?o me llamaba mucho la atenci?n una cajera de Carrefour, inmigrante hispanoamericana, que era de una amabilidad extrema, y todo lo dec?a trufado de ?por favor? y ?gracias?, incluido un delicioso ??me regala su firma?? al entregar la factura, o te desped?a diciendo ?que usted lo pase bien?. Me pregunt?, al observarla, cu?nto iba a durar aquello. Y les juro por el cetro de Ottokar que s?lo seis meses despu?s ?harta, supongo, de hacer la panoli?, no dice ya ni buenos d?as, trata a los clientes como a perros y entrega la factura como si se contuviera para no arroj?rtela a la cara. Es, al fin ?enhorabuena?, una espa?ola m?s. Una inmigrante perfectamente integrada.




Publicado por carmenlobo @ 9:47  | P?rez-Reverte, Arturo
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