Martes, 09 de enero de 2007

Manuel Vicent


A una velocidad de 30 kil?metros por segundo gira la Tierra alrededor del Sol, pero eso no es nada comparado con lo r?pido que discurre el tiempo a bordo de esta nave enloquecida, sobre todo cuando uno va ya cuesta abajo pilotando el cacharro de s? mismo sin frenos ni manillar hacia el fondo del barranco.

A cierta edad, la vida se convierte en un tren bala por cuyas ventanillas, como los viejos postes del tel?grafo, cruzan los a?os, los sucesos y la memoria con un movimiento uniformemente acelerado, y no hay dios que pueda detener a este convoy. Pese a todo, esta Nochevieja podremos formular una vez m?s un nuevo deseo de felicidad mientras suenan las 12 campanadas.

La Tierra gira tambi?n sobre su eje, as? que los fuegos artificiales y taponazos de champa?a se iniciar?n en Australia, y el jolgorio se ir? extendiendo de este a oeste para formar una ola de locura moment?nea sobre todos los meridianos del planeta. Cuando en Mosc? la gente, borracha hasta las patas, comience a cantar derramando l?grimas de vodka bajo las serpentinas, en Sidney ya estar?n durmiendo la mona, pero en Nueva York ni siquiera habr? amanecido y en California a?n ser? el d?a anterior. La ola de luz prender? durante unas horas sucesivamente el coraz?n de las ciudades, Berl?n, Par?s, Madrid, Lisboa, y se ir? apagando por detr?s. Pasar? por zonas oscuras de hambre y de guerra donde s?lo brillar?n en las tinieblas las flores de fuego de los coches bomba, y luego las promesas de amor y todos los sue?os de 2007 se ahogar?n en el Atl?ntico. Los gritos de alegr?a llenar?n toda Am?rica, naufragar?n despu?s en el Pac?fico y cuando lleguen a Hawai ser? el fin de este viaje, y mientras all? las bayaderas con collares de rosas est?n todav?a agitando las caderas, en Europa ya sonar?n los valses de Strauss del concierto de A?o Nuevo de la Filarm?nica de Viena y el Papa estar? vertiendo desde el balc?n del Vaticano una bendici?n anillada en oro, urbi et orbi, sobre la humanidad, que parece caminar ciegamente hacia el acantilado como aquella b?blica piara de cerdos.

?C?mo podr?a uno esta noche detener el tiempo? Si desde el fondo de un pestilente basurero se mira hacia lo alto, cualquiera podr? ver la constelaci?n de Ori?n a modo de guerrero con cintur?n de estrellas caminando por el cielo; si uno se sienta ante la chimenea y se queda absorto contemplando las formas infinitas que adoptan las llamas, tal vez pueda imaginar que ese fuego y el de los astros son perennes y arden lo mismo que cualquier deseo.

Publicado por carmenlobo @ 11:14  | Vincent, Manuel
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Domingo, 13 de febrero de 2011 | 15:04

La vejez nos va igualando a todos poco a poco. Solamente los artistas que seguís creando hasta que os llega la muerte escapáis a esta