Martes, 02 de enero de 2007

Medardo Fraile
de Cuentos de verdad
(Espa?a, 1925)




" Entraron aprisa en el caf? y se sentaron. La impaciencia les encend?a los ojos al dejar el paquete sobre la mesa. Ella, apenas sentada, comenz? a abrirlo, mirando con amor, alternativamente, la cinta roja sobre el papel y el rostro de ?l con ligero orgullo protector y expectante.
-?Qu? van a tomar?
-Caf? con leche. ?Y t??
-Lo mismo.
En la mesa apareci? con pastas de color azul marino, como el traje de los d?as se?alados, el ?lbum de las chocolatinas. Era un gran d?a.

Hab?an hablado de ?l como se habla de cuando llegar? un ni?o. Aquel ?lbum representaba el tes?n del novio en su ni?ez, que hab?a reunido una estampita tras otra hasta cubrir todas las ventanillas sin paisaje de aquel libro dif?cil.
Sus compa?eros de colegio -?l lo recordaba- hab?an dejado en el ?lbum huecos de desamor y desidia. Y el ?lbum, ahora flamante sobre la mesa, mostraba la solicitud en el tiempo de un hombre cuidadoso, fiel toda su vida a sus m?s inocentes alegr?as, al objeto de su ilusi?n m?s nimia. Para la novia, aquel ?lbum implicaba tes?n y constancia.

Ten?an sobre la mesa el caf? con leche del amor humilde, pero ten?an tambi?n dentro del libro las maravillas todas del Universo, y se pusieron a deshojarlas con lentitud amorosa, como si en ello les fuera su felicidad, el s? o el no.
-No: hoy "Las Mariposas", no -dec?a ella con tremendo gozo-. Hemos visto ya "Los Grandes Inventos".
Cada hoja les aproximaba, d?a tras d?a, un poco m?s. El d?a de "Las Mariposas", ella balance? sus pesta?as en el aire hacia un hombre joven que estaba enfrente sentado, y ?l-el novio&- tuvo celos. Pero ella ni hab?a mirado siquiera a aquel hombre: quer?a simplemente mariposear con sus finas pesta?as. El d?a de "Las Aves Dom?sticas" proyectaron un canario naranja transparent?ndose en el hogar que tendr?an, en la ventana con sol: "Mejor, blanco", insinuaba ?l. "No, tiene que ser naranja", dec?a resuelta ella, entornando los ojos como si le da?ara el agridulce color del p?jaro. En "Las Aves Ex?ticas" pusieron sobre el pelo de ella, suave, un sombrerito atrevido de vistosas plumas en una tarde con risa en el mundo, y champa?a y "confetti". En "Flores para Regalo" ?l la obsequi? con doce tulipanes para que no olvidara alguna cosa. Al llegar a "Animales Prehist?ricos", tuvo ella miedo y se acercaron m?s. ?l quiso continuar m?s d?as viendo "Los Animales Prehist?ricos", pero ella se neg? y entr? en la hoja rutilante de"Las Piedras Preciosas". Ante "Las Piedras Preciosas" ?l anduvo receloso por sentimiento at?vico. Ve?a en los ojos de ella cierta cortesana desfachatez, ciertas desmesuradas pretensiones, que le tuvieron en desaz?n toda la tarde y que interpuso entre ellos una pastosa frialdad anfibia. En "Las Algas" enredaron sus dedos, manos, brazos, miradas y palabras. Con "La Evoluci?n del Autom?vil" lo pasaron bien, dieron saltos y frenazos bamboleantes sobre sus sillas. Con "Las Fieras" se identific? ella de tal forma, que los ojos se le llenaron de instinto y ?l se encontr? como un domador tr?gico que de un instante a otro pod?a perecer. Con "La Fauna del Mar" cruzaron una y otra vez por los ojos de ?l y de ella los peces cari?osos, perezosos, suaves, del amor, y estuvieron pasando toda la tarde mansa, humildemente. Al llegar a "Las Frutas", ella, con un rubor, pos? su mano sobre las manzanas para que ?l no tuviera ning?n pensamiento avanzado, para que no pensara como Ad?n.

Terminaron el ?lbum, y estaban tostados y palpitantes como despu?s de un largo viaje. Era como si volvieran con los mismos recuerdos de una luna de miel respetuosa. Ella esper? todos los d?as -sobre todo el ?ltimo- a que ?l dijera: "El ?lbum para ti, te lo regalo." Pero no lo hizo. Llenar aquel libro de cromos hab?a sido la gracia de su ni?ez, le hab?a proporcionado entrada de honor en todas las visitas. Y cogi? su ?lbum y se lo guard?. Ella, de haberlo tenido, le habr?a devuelto su regalo en palabras llenas de entendimiento y colores, en experiencia del mundo, en primores de planta y honduras de mar. Pero as? las tardes fueron enfri?ndose, se aburr?an y hac?an tos de las palabras rotas. Y un d?a ella -que se hab?a enamorado de aquel ?lbum- le dijo adi?s a ?l. Y ?l tendr? que sacarlo de nuevo en su vida, cuando llegue la hora, sin atreverse a regalarlo nunca. "



Publicado por carmenlobo @ 10:21  | Literatura
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