Martes, 26 de diciembre de 2006
?Qui?n teme al abominable hombre de las nueve?
Carmen Posadas



Como sudaca que soy, una de las cosas que m?s me llamaron la atenci?n al llegar a Espa?a fueron sus horarios. Por ejemplo, a las cinco de la tarde, cuando en la mayor?a de los pa?ses terminaba la jornada laboral, aqu? reci?n comenzaba la actividad vespertina. Adem?s, como para mi desgracia ahora tengo problemas para conciliar el sue?o, el hecho de que aqu? las salidas nocturnas acaben como m?nimo a las dos de la madrugada me ha granjeado una merecida fama de rollazo, puesto que me gusta quedar tempran?simo. En dos palabras: si fuera t?o, seguro que me llamaban el abominable hombre de las nueve. ?sa es la raz?n por la que (y s? que al decirlo voy en contra del sentir de la mayor?a de las personas) soy ferviente partidaria de la racionalizaci?n de los horarios.

Cuando Espa?a estaba jugando los Mundiales de F?tbol en Alemania, recuerdo la befa de los comentaristas deportivos sobre las costumbres horarias europeas: ?Nuestros pobres muchachos ?dec?an ellos compadecidos? han tenido que meterse entre pecho y espalda un platazo de espaguetis a la inaudita hora de las doce del medio d?a; as? no hay quien rinda luego?. Bueno, tal vez las doce del medio d?a sea ?una hora inaudita?, pero m?s inaudito me parece a m?, por ejemplo, que las discotecas no empiecen a animarse hasta las dos de la madrugada. Seg?n he podido enterarme leyendo una interesante entrevista a Ignacio Buqueras, que preside una comisi?n para armonizar nuestros horarios con los europeos, antes de 1930 los horarios espa?oles no difer?an de los de aqu?llos: se almorzaba entre las doce y la una y se cenaba de siete a ocho de la tarde. El cambio vino con la guerra civil y las razones ?a?n no muy estudiadas? quiz? puedan estar en las dificultades de la posguerra y, sobre todo, en el pluriempleo.

Pero es curioso que ahora, cuando Espa?a es uno de los pa?ses m?s pr?speros del mundo, los espa?oles sigan siendo los que cumplan alrededor de doscientas horas m?s de trabajo al a?o. Muchas de ellas no remuneradas, porque existe una ley t?cita que impide que uno se marche antes que el jefe, y si el jefe se queda hasta las nueve? La precariedad laboral hace que nadie se atreva a reivindicar sus derechos. Ni los empleados ni el jefe. Porque ?ste est? haciendo buena letra para complacer a sus superiores; sus superiores por su parte alargan la jornada para dar buen ejemplo, y as? resulta que de cinco a nueve todo el mundo trabaja gratis. Hay que decir, adem?s, que, a pesar de que en Espa?a se trabajen m?s horas, nuestra productividad es baja y en la Uni?n Europea somos los terceros por la cola, superados s?lo por Grecia y Portugal. En otras palabras, se da m?s valor a la presencia que a la eficacia.

Hay situaciones en la vida que, por estrafalarias, injustas e irracionales que sean, nadie parece cuestionar. Por eso me interesa mucho qu? piensa hacer el Gobierno con la proyectada Ley de Igualdad y Conciliaci?n Familiar. Es evidente que unos horarios m?s racionales redundar?an en beneficio de todos y, en especial, de la familia. Se habla mucho de los llamados \''ni?os del llav?n\'', esos a los que sus padres proporcionan una llave de casa para que puedan subir, hacerse la merienda y luego apoltronarse ante la tele o la PlayStation. Se habla de la falta de comunicaci?n y de padres ?y sobre todo madres? con complejo de culpabilidad por estar ausentes.

Se habla mucho, pero nadie piensa que ser?a relativamente sencillo mejorar todo esto. Como ya les he comentado alguna vez, yo no me considero feminista al uso. Es m?s, me molesta mucho ese tonto discursito de ?nosotras somos las m?s guays?, pero pienso, en cambio, que posiblemente seamos las mujeres las que m?s podr?amos ayudar a cambiar unos h?bitos que no por extendidos dejan de ser absurdos. Se espera que este mes se alcance un m?ximo hist?rico en empleo femenino: ocho millones de mujeres, casi el doble que en 1994. Para nosotras, compaginar la vida laboral con la familiar es a?n m?s importante que para ellos. Por eso conf?o en que sea nuestra voz la que se alce y acabe con una situaci?n que, realmente, no beneficia a nadie.





Publicado por carmenlobo @ 10:51  | ART
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