Viernes, 22 de diciembre de 2006
El encantador de serpientes y lo fatal


Marta Peirano
La petite Claudine / La Insignia. Alemania, diciembre del 2006.


T? lo sabes desde el primer momento: ese ha venido a destrozarte la vida. Y vas, como si fuera gratis. Como cuando hay hielo en la carretera y no puedes frenar ni torcer y te acercas, bullet time, hasta esmorrarte en la barra de contenci?n y tu copiloto te mira y te dice, estupefacto: "?es que no lo has visto?" Desde fuera parece idiota, pero el cielo y t? sabeis que ha sido inevitable. Todos los cuentos de viejas, las caperucitas, los remedios contra encantamientos, las advertencias maternas, la escopeta paterna, los exorcismos, las bragas color carne con una rosita enmedio y la ceremonia de confirmaci?n fracasan desde hace cientos de a?os porque se resisten a registrar ese peque?o detalle de vital importancia, que eres t? la que vas. Contra el encantador de serpientes no hay amuleto que valga. Tu destino es caer.

Como ?sto no es el manual, lo vamos a decir ya claro: el encantador de serpientes nace y ya est?. No tiene equivalente entre las damas -cuyos encantos m?s relevantes se pueden adquirir con los a?os- ni tiene m?todo de aprendizaje, su habilidad no se puede adquirir ni con esfuerzo ni con dinero. El encantador de serpientes es encantador desde el d?a que viene al mundo hasta el dia que se va, incluso cuando llega antes de tiempo. Ya de sietemesino, no para en la incubadora porque todas las enfermeras lo quieren toquetear y, cuando se hace mayor, a veces se va antes de tiempo porque las hijas de sus vecinos le traen tarta borracha para que pique un poquito y se fuma porros a escondidas con la enfermera m?s guapa. El resto de su existencia la pasa como Robert Duvall en Apocalypse Now, rodeado de un campo magn?tico que repele las balas y atrae a las mujeres sin tener que mover un dedo. Parece cosa de magia pero no: es la fatalidad.

Las mujeres sabemos cu?ndo hemos conocido a uno porque acto seguido hemos perdido el ?ltimo metro, un marido o la virginidad. Llegamos a casa con estrellas en los ojos, el fuego en las tripas, mirando al iceberg que se aproxima de frente (esa madre con los ojos inyenctados en sangre, ese movil con veinticuatro llamadas perdidas) y lo ?nico que pensamos es en esa canci?n de Palace que no hemos escuchado en a?os y que de pronto tenemos que encontrar como sea para escucharla una y otra vez. Es un poco como el chiste del hombre que se mea en la cama y a quien, despu?s de pasar por todo tipo de m?dicos, un amigo le manda terapia. A los seis meses se encuentran y le dice: "Qu?, ?qu? tal de lo tuyo?" "?Genial! -le contesta feliz-. ?Ahora hasta me cago pero me da lo mismo!"

Tratar de describir al encantador de serpientes por su f?sico, su estilo o su estatura intelectual es ocioso e irrelevante: podr?a ser cualquiera, en cualquier momento, justo detr?s de t?. La pureza de su raza se mide por sus consecuencias. Aparecen cuando menos lo esperas -una comida de empresa, el cumplea?os de tu vecina, en la reuni?n de padres- y el resto es fatalidad. No todos afectan igual a todo el mundo porque eso ser?a agotador y est? en contra del instinto de conservaci?n de la especie. Yo viv? con uno que fumig? a todas mis amigas y a m? sin embargo me daba cierto repel?s. Pero, una vez el veneno te ha llegado al coraz?n, de nada sirve saltar en el primer avi?n y poner tierra de por medio, el proceso es irremediable.

Alguien me dijo hoy que, si fuera cierto, el amor nos destrozar?a. Y yo digo que la vida es mucho m?s bella cuando se puede dinamitar.


Publicado por carmenlobo @ 9:32  | Literatura
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