Viernes, 20 de octubre de 2006

Mar?a Elena Walsh


"No hay preguntas indiscretas.
Indiscretas son las respuestas."
Oscar Wilde



Clar?n, jueves 5 de abril de 1979

Vivimos consumiendo preceptos y productos sin cuestionarlos, por temor a la indiscreci?n de las respuestas y porque es m?s seguro acatar rutinas que incurrir en singularidades. Un ejercicio de esclarecimiento podr?a empezar con estas discret?simas preguntas:
?Educamos a nuestras ni?as para que en el d?a de ma?ana (si lo hay) sean ociosas princesas del jet-set? ?Las educamos para Heidis de almibarados bosques? ?Las educamos para futuras cortesanas? ?Las educamos para enanas mentales y superfluas "se?oras gordas"?
As? parece, por lo menos en buena parte de la bendita clase media argentina, dada la aberrante insistencia con que se estimula el narcisismo y la coqueter?a de nuestras ni?as y se les escamotea su participaci?n en la realidad.


La nena suele gozar de una envidiable amnesia para repetir la tabla del cuatro junto con una no menos envidiable memoria para detallar el ?ltimo cap?tulo del idilio de tal vedette con tal campe?n o el menor frunce del pen?ltimo modelo de Carolina de M?naco cuando sali? a cazar mariposas en Taormina con su digno esposo.
Consentimos y aprobamos que sea mani?tica consumidora de chafalon?a, vestimenta, basura impresa y todo lo que, en fin, represente moda y no verdad. Consentimos que acuda al espejito m?s neur?ticamente que la madrastra de Blancanieves, que sea experta en cosm?tica, teleteatros y publicidad, que exija chatarra importada o que calce imposibles zuecos para denuedo de traumat?logos.
Formamos una personalidad melindrosa cortando de ra?z ?porque todo empieza desde el nacimiento? la sensibilidad o el inter?s que podr?a sentir por la variada riqueza del universo.


?Es el instinto femenino ?dicen algunos psic?logos de calesita. Eso me recuerda una an?cdota. El director de una compa??a grabadora estaba un d?a ocupado en comprobar cu?ntas veces se pasaba determinado disco por la radio.
??Qu? bien, qu? ?xito, c?mo gusta, c?mo lo difunden a cada rato! ?aplaudi? entusiasmado. Y despu?s agreg? ?: Claro que hay que ver la cantidad de plata que invertimos en la difusi?n radial de este tema...


Nosotros tambi?n programamos a nuestras ni?as como a ese eterno infante que es el p?blico. Les insuflamos man?as e intereses adultos, les subvencionamos la trivialidad y luego atribuimos el resultado a su constituci?n biol?gica.
Las jugueter?as, en vidrieras separadas, ofrecen distintos juguetes para ni?as y para varones. En Estados Unidos, no hace muchos a?os los lugares p?blicos estaban igualmente divididos "para gente de color" y "para blancos". ?Dividir para reinar!
A las nenas s?lo se les ofrece ?o se les impone? jugueter?a dom?stica: ajuares, lavarropas, cocinas, aspiradoras, accesorios de belleza o peluquer?a.


Si con esto se trata de reforzar las inclinaciones dom?sticas que trae desde la cuna, ?por qu? no orientarla tambi?n hacia la carpinter?a o la plomer?a? ?Acaso no son actividades hogare?as indispensables? S?, lo son, pero remuneradas. He aqu? una respuesta indiscreta.
Los juguetes para varones sortean la monoton?a y ofrecen toda la gama de posibilidades humanas y extraterrestres: granjas, tren el?ctrico, robots, microscopio, telescopio, equipos de qu?mica y electr?nica, autos, juegos de ingenio y todo lo que, en fin, estimula las facultades mentales.


?A la nena no le gustan los animales de granja ni los trenes? ?No sue?a con manejar un coche? ?No siente curiosidad por el microcosmos o el espacio? ?C?mo la va a sentir si es cosa de la otra vidriera, la de Gran Jefe Toro Sentado Blanco!
?Es que el ejercicio de la raz?n y la imaginaci?n pueden llevarla a la larga a desistir de ser una criatura dependiente y limitada, mano de obra gratuita y personaje ornamental? La respuesta es sumamente indiscreta.


En la casa y la escuela destinamos a la nena a reiterar las m?s obvias y desabridas manualidades, a remedar las tareas maternas... y a practicar la maledicencia a prop?sito de indumentaria vecinal.
La nena vive rodeada de dudosos arquetipos y la forzamos a emularlos, compr?ndole la diadema de la Mujer Maravilla o el manto de cualquier otra maravilla femenil. No falta t?o que ponga en sus manos un ejemplar de "C?mo ser bella y coqueta", otro espejito m?s o la cent?sima mu?eca.


Salvo raras excepciones como Reportajes Supers?nicos de Syria Poletti, cuya hero?na es una peque?a periodista, el papel impreso que suele frecuentar la nena ?incluido el libro de lectura? le muestra a mujeres que, en la m?s alta cima del intelecto, son maestras. Las dem?s, aparte de consabidas hadas y brujas, son siempre domadas princesas o abotargadas amas de casas.


La nena sabe, por las revistas que devora como una leona, que en este mundo no hay mujeres dedicadas a las m?s diversas tareas, por necesidad o por ganas. Lo que es m?s grave y contradictorio, le ense?an a soslayar el hecho de que su propia madre trabaja afuera o estudia, como si ?ste no fuera modelo apropiado dada su excentricidad. Jam?s vio ?y si lo vio moj? el dedo y pas? la p?gina? que hay mujeres obreras, pilotos, juezas o estadistas. Es tan avaro el espacio que los medios les dedican, ocupados como est?n en la promoci?n de Miss Tal o la siempre recordable Cristina Onassis.
Educar para el ocio, la servidumbre y la trivialidad, ?no significa corromper la sagrada potencia del ser humano?.


Por suerte, esta criatura vestida de rosa (no faltar? quien diga, confundiendo otra vez causas con efectos, que las nenas nacen de rosa y los varones de celeste, cuando este negocio de los colores distintivos fue invento de una partera italiana, all? por 1919), esta criatura, digo, es fuerte y rebelde, dotada de una capacidad de supervivencia extraordinaria. La nena, en muchos casos, renegar? de la manipulaci?n y decidir? ser una persona. Pero ?qui?n puede medir la dificultad de la contramarcha y la energ?a desperdiciada en librarse de tanta tilinguer?a adulta?


Mientras modelan a la peque?a odalisca remilgada, el tiempo pasa y llega la hora de la pubertad. Entonces los adultos se alarman porque la nena asusta con precoces aspavientos sexuales y emprende calamitosamente los estudios secundarios. Termin? los primarios como pudo, entre espejitos, telenovelas, chismograf?a y exhibicionismo fomentados y aprobados, pero al trasponer la pubertad se le reprocha todo esto y empieza a hacerse acreedora al desprecio que la banalidad inspira a quienes mejor la imponen y m?s caro la venden.


Los mayores ponen el grito en el cielo porque la nena no da se?ales de ir a transformarse en una Alfonsina Storni. Ah? empieza a tallar el prestigio de la cultura ?desmesurado porque se trata de otra forma del culto al exitismo individual? y florece una tard?a sospecha de que la nena no fue educada razonablemente. Cuando las papas queman, esos pobres padres de clase media argentina comprenden por fin que no son Grace y Rainiero y que la tierra que pisan no es Disneylandia.
En ese preciso momento aparece tambi?n el espantajo de la TV, esa culpable de todo. ?Y qui?n deleg? en ella las tareas de institutriz? La mediocridad de la TV no hace sino colaborar en la fabricaci?n en serie de ciudadanas despistadas.


No se trata de reavivar severidades conventuales ni se trata de desvalorizar el trabajo dom?stico ni inquietudes que, mejor orientadas, podr?an ser simplemente est?ticas. No se trata tampoco de mudarse de vidriera para suponer, por ejemplo, que el automovilismo es m?s meritorio que el arte culinario, o la cursiler?a m?s despreciable que el matonismo.


Toda criatura humana debe aprender a bastarse y cooperar en el trabajo hogare?o y a cuidar, si quiere, su apariencia. Lo grave consiste en convencer a la criatura femenina de que el mundo termina all?.
Se trata de comprender que la ni?a no tiene opci?n, que es inducida compulsivamente a la frivolidad y la dependencia, que por tradici?n se le practica un lavado de cerebro que le impide elegir otra conducta y alimentar otros intereses.


La frivolidad no es un defecto truculento que merezca anatemas al estilo cu?quero o musulm?n. Lo truculento consiste en hacerle creer a alguien que ?se es su ?nico destino, incompatible con el uso de la inteligencia. Lo grave consiste en confundir un espont?neo juego imitativo de la madre con una fatalidad excluyente de otras funciones.


A la nena no se le permite formar su personalidad libremente: se la dan toda hecha, y aprendices de j?baros le reducen el cerebro para luego convencerla de que naci? reducida. La instigan a practicar un desenfrenado culto a las apariencias y a desde?ar su propia y diversa riqueza humana. La recortan y pegan para luego culparla porque es una figurita. La educan, en fin, para peque?a cortesana de un mundo en liquidaci?n.
?No es eso corrupci?n de menores?




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Publicado por carmenlobo @ 10:03  | ART
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