Jueves, 07 de septiembre de 2006



Para hacer honor a la verdad, debo reconocer que Martín
estuvo enamorado de ella desde el jardín de infantes.


Ese amor fue creciendo junto con él.
Así como el guardapolvo, año a año, le quedaba chico,
a veces el corazón también le resultaba pequeño
para guardar tan gigante secreto.
Pero también, para hacer honor a la verdad,
debo reconocer que Érica jamás le dio bolilla.
Más todavía... creo que lo ignoraba.
Así pasó primer grado, segundo y tercero.
Ella en la ignorancia total.
Él en total enamoramiento.
Luego en cuarto, en quinto y en sexto.
Ella sin darse por enterada.
Él casi sin poder disimularlo.
La señorita Nidia fue la culpable aquel día.
Bueno, chicos... voy a formar los grupos
o parejas de trabajo para que investiguen los temas nuevos.
Para que no haya peleas, lo vamos a hacer por orden alfabético...
Álvarez y Bustos. Castro y Ceballos. Coria y Cuaratto...
Y así fue nombrado de a dos.
Martín sintió que el piso del aula teñía las baldosas movedizas.
Que el pizarrón era un péndulo negro de un reloj de pared sin tiempo.
Que su corazón era una locomotora que descarrilaba cerca de sus orejas.
``Le toca con ella´´.
Cuando tocó el timbre y salieron al recreo...
``Ella´´ (la que nunca le había dado bolilla y siempre lo había ignorado)
se acercó y le dijo que lo esperaba en su casa para trabajar.
El viernes a la salida del cole, ya que tenían bastante material
sobre el tema que les había tocado.
El viernes, Martín se miró más de cincuenta veces en el espejo.
Se puso como dos litros y medio de perfume.
Se cambió veinte veces de ropa.
Cerró bajo doble llave su tierno y dulce secreto de amor.
Y partió.
Llegó a la casa de Erica. Se desarmó en saludos.
Después se perdió entre libros, diccionarios, atlas, enciclopedias y mapas.
Trataba por todos los medios de disimular su timidez.
Se sentía avergonzado y perdido como Tarzán en el área peatonal.
Con un rojo constante que le subía desde el alma
y le incendiaba los cachetes, buscaba en los índices.
Marcaba los temas. Seleccionaba.
Ella, con la tranquilidad y seguridad que le daba el ser dueña de casa,
leía en voz alta. Sacaba las ideas principales. Datos importantes.
Cada uno anotaba en sus cuadernos.
Él la miraba y volaba.
Lo que ella decía se transformaba en mágica música que lo envolvía.
Ella dictaba y su boca era un campanario que dejaba volar miles de pájaros.
A pesar de su embobamiento pudo terminar con todo.
Se despidió muy amablemente de la mamá
y después de llevarse por delante un sillón,
pisarle la cola al perro y tropezar en la alfombrita de la entrada,
se despidió de Erica.
Ese fin de semana fue largo para Martín.
Pero el lunes llegó.
Y llegó el momento en que la señorita Nidia dijo:
Bueno, chicos... espero que hayan estudiado
porque van a pasar a exponer sobre los temas investigados.
Pasó primero el Colorado Giménez. El Ratón Domínguez.
La Anteojito García. Después la Petisa Vivas y la Flaca Bernasconi.
Hasta que le tocó el turno a Martín.
Pasó muy seguro.
Se paró regla en mano frente a un mapa
donde en grandes letras negras decía América.
Y comenzó...
América forma una enorme masa continental
que se extiende desde los cincuenta grados de longitud Oeste, hasta la latitud...
Y fue allí donde vio nuevamente el nombre... América.
Todo su cerebro se nubló.
Ya no podía pensar.
América... recién se había dado cuenta... también allí estaba ella.
AM... de amor y Erica.
Mientras sacaba estas hermosas conclusiones,
su lección se había borrado del mapa y de su lengua.
Estaba mudo. Ausente.
La señorita Nidia, al verlo así, quiso ayudarlo, porque era un buen alumno.
Vamos, Martín... ¿Qué pasa? Yo te guío...¿Cómo es América?
El con su idea fija, respondió:
Es linda, dulce, buena compañera...
¿Cómo? No te entiendo... ¿Cuáles son sus medidas?
Bien... no sé... tal vez mide un metro treinta o cuarenta...
Pero Martín... pensa en lo que estás diciendo....
Habla de su orografía o su hidrografía.
Su cabello suelto parece una catarata.
Cuando se ríe, su cara es un valle repleto de sol con música de ríos.
Martín tendré que hacerte preguntas precisas,
porque si no te voy a tener que ponerte un uno.
Donde están el Aconcagua y el lago Titicaca.
Al escuchar estas palabras que siempre le causo risa
Martín sintió que aterrizaba justo para escuchar que la señorita
Nidia desconociendo la geografía y la historia de su amor secreto.
Le decía...
Sentate y estudia... por favor.
Es una vergüenza que un chico como vos se la tire de pícaro,
es una lastima que vayas a cambiar ...
sinceramente querido no se que es lo que te a pasado
te voy a tener que ponerte un no satisfactorio... lo lamento mucho.
Se sintió morir se tomo el pulso para asesorarse que no estaba muerto de vergüenza
de bochorno de angustia de ridículo
cuando caminaba así su casa la cara larga casi le iba pegando en las rodillas
iba muy triste no por la nota sino por el temor de haber sido descubierto su secretos
de pronto sintió que como un ángel le agitara sus alas muy cerquita Era Erica
había corrido para alcanzarlo.
Martín... Hay Martín querido que no te sientas tan mal.
No se que es lo que te paso
pero te comprendo el tema lo sabias tanto como yo...
Y la verdad que esta oportunidad de estudiar juntos me enseño que sos un chico bárbaro
y la verdad que me gustaría ser tu amiga.
Dándole un beso en la mejilla... Erica se fue...
Martín siguió caminando estaba helado aunque
sentía que la primavera entibiaba su secreto
y una mariposa de luz le nacía en la cara...


Publicado por carmenlobo @ 13:19  | Literatura
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