El mirón
Teresa Viejo
Junio 2006
Con el transcurso de los días aquel océano se hacía más inmenso, menos penetrable y nada finito. Aquel mar cuyas aguas servían de aprendizaje ahora les comía la moral. No perder de vista el horizonte, por poco ocio del que se disponga, invita a la especulación y al aburrimiento, de modo que un pequeño grupo de marineros encargados de la intendencia del Marqués de la Ensenada agotaron todos los recursos de entretenimiento en cubierta. Los juegos convencionales fueron devorándose con la ansiedad que despierta no tener otras necesidades saciadas y así pasó, que se juntaron el hambre con las ganas de comer.
En una travesía entre Brasil y el puerto de Rota, en Cádiz, sujetos de la tripulación de un buque de la Armada mataron sus horas muertas emulando a Nacho Vidal. Podrían haberse quedado con el gusto y no habernos enterado los demás de no ser porque el instinto voyeur condujo a un tórrido mirón a grabar las proezas de sus compañeros para después colgarlas en Internet. Auténtica factura de cine X para una pieza titulada Desmadre en el Marquesita en la que una marinero practica varias felaciones simultáneas al tiempo que es penetrada por otro miembro de la tropa sin perder de vista el uniforme, que eso siempre excita más.
Los detalles del episodio –suspensión de empleo y sueldo de los implicados; denuncia de la mujer, casada con un oficial que no aparece en el vídeo y seguro que ignoraba la existencia de éste; alcohol y desconocimiento de la grabación como atenuante–quedan como anécdota cuando se comprende la verdadera esencia del episodio: el placer morboso de observar, disfrutar, animar, incentivar, incluso manipular y dirigir, sin ser visto. Ver sin tocar. Con o sin conocimiento de sus protagonistas, un porcentaje nada desdeñable de las relaciones sexuales quedan inmortalizadas para la historia. ¿Quién no tiene una foto íntima? ¿Quién no guarda un fetiche de aquel amor desbaratado que ahora sólo provoca vergüenza?
El hijo de un conocido empresario español de altos vuelos se jacta de atesorar grabaciones con las numerosas modelos y aspirantes a estrellas mediáticas que pasan por su catre gracias a un silente mecanismo que esconde en su dormitorio. Hasta el momento ellas permanecen en la inopia. Donde estaban las pacientes de un reputado cirujano que guardaba sus deslices con tales señoras antes y después del reto que. Motivos similares dirigieron el morbo de uno de los más prestigiosos y afamados arquitectos portugueses a guardar en el salón videos de orgías con sus amantes, en su mayoría mujeres de la alta sociedad lisboeta. En la década de los 90 algunas de esas cintas vieron la luz pública y se desencadenó un escándalo sin precedentes. Todas padecían una doble ignorancia: la del objetivo y la de no ser las únicas.
En estos casos el placer del encuentro sexual se magnifica en la memoria y el regusto erótico crece durante la observación de la refriega. El cine porno casero ancla su éxito en la naturalidad de quienes no sólo no fingen sino que disfrutan más pensando que un ojo anónimo les contemplará muy pronto. Pero la no connivencia y la falta de beneplácito de quienes participan en el juego frustra el lúdico objetivo y trasmuta los tiempos. El sexo conjugado en presente, gracias al ardor inmediato, deviene en un sexo premeditado con toda la alevosía de quien es capaz de anticiparse al futuro. Todo indica que eso fue lo que sucedió en el petrolero: mientras unos vivían el aquí y el ahora, otro se instalaba en lo venidero. Mantener la calma es una cualidad preciada en cada observador que pretenda perfeccionar el arte del voyeurismo. La impaciencia y la crítica en la maestría ajena le alejan de su verdadera tarea: ser pasivo mientras otros son muy activos.