S?bado, 15 de julio de 2006
El negro no entiende

Rosa Montero
365 palabras de denuncia

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequ?vocamente germana adquiere su bandeja con el men? en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y est? comiendo de su bandeja.

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no est? acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quiz? no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ?sta barata para el elevado est?ndar de vida de nuestros ricos pa?ses. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonre?rle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuaci?n, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y comparti?ndola con exquisita generosidad y cortes?a con el chico negro. Y as?, ?l se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de m?ltiples sonrisas educadas, t?midas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella.

Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un caf?. Y entonces descubre, en la mesa vecina detr?s de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta...

Dedico esta historia deliciosa, que adem?s es aut?ntica, a todos aquellos espa?oles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Ser? mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo rid?culo que la pobre alemana, que cre?a ser el colmo de la civilizaci?n mientras el africano, ?l s? inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: /Pero qu? chiflados est?n los europeos/.


Publicado por carmenlobo @ 10:46
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