Martes, 27 de junio de 2006
Domingo, 23 de Abril de 2006
Muros
Por Eduardo Galeano


El Muro de Berl?n era la noticia de cada d?a. De la ma?ana a la noche le?amos, ve?amos, escuch?bamos: el Muro de la Verg?enza, el Muro de la Infamia, la Cortina de Hierro...

Por fin, ese muro, que merec?a caer, cay?. Pero otros muros han brotado, siguen brotando, en el mundo, y aunque son mucho m?s grandes que el de Berl?n, de ellos se habla poco o nada.

Poco se habla del muro que los Estados Unidos est?n alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.

Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpet?a la ocupaci?n israel? de tierras palestinas y de aqu? a poco ser? quince veces m?s largo que el Muro de Berl?n.

Y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que desde hace veinte a?os perpet?a la ocupaci?n marroqu? del Sahara occidental. Este muro, minado de punta a punta y de punta a punta vigilado por miles de soldados, mide sesenta veces m?s que el Muro de Berl?n.

?Por qu? ser? que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos? ?Ser? por los muros de la incomunicaci?n, que los grandes medios de comunicaci?n construyen cada d?a?

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En julio del 2004, la Corte Internacional de Justicia de La Haya sentenci? que el Muro de Cisjordania violaba el derecho internacional y mand? que se demoliera. Hasta ahora, Israel no se ha enterado.

En octubre de 1975, la misma Corte hab?a dictaminado: ?No se establece la existencia de v?nculo alguno de soberan?a entre el Sahara Occidental y Marruecos?. Nos quedamos cortos si decimos que Marruecos fue sordo. Fue peor: al d?a siguiente de esta resoluci?n, desat? la invasi?n, la llamada Marcha verde, y poco despu?s se apoder? a sangre y fuego de esas vastas tierras ajenas y expuls? a la mayor?a de la poblaci?n.

Y ah? sigue.

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Mil y una resoluciones de las Naciones Unidas han confirmado el derecho a la autodeterminaci?n del pueblo saharaui.

?De qu? han servido esas resoluciones? Se iba a hacer un plebiscito, para que la poblaci?n decidiera su destino. Para asegurarse la victoria, el monarca de Marruecos llen? de marroqu?es el territorio invadido. Pero al poco tiempo, ni siquiera los marroqu?es fueron dignos de su confianza. Y el rey, que hab?a dicho s?, dijo que qui?n sabe. Y despu?s dijo no, y ahora su hijo, heredero del trono, tambi?n dice no. La negativa equivale a una confesi?n. Negando el derecho de voto, Marruecos confiesa que ha robado un pa?s.

?Lo seguiremos aceptando, como si tal cosa? ?Aceptando que en la democracia universal los s?bditos s?lo podemos ejercer el derecho de obediencia?

?De qu? han servido las mil y una resoluciones de las Naciones Unidas contra la ocupaci?n israel? de los territorios palestinos? ?Y las mil y una resoluciones contra el bloqueo de Cuba?

El viejo proverbio ense?a:

?La hipocres?a es el impuesto que el vicio paga a la virtud.

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El patriotismo es, hoy por hoy, un privilegio de las naciones dominantes. Cuando lo practican las naciones dominadas, el patriotismo se hace sospechoso de populismo o terrorismo, o simplemente no merece la menor atenci?n.

Los patriotas saharauis, que desde hace treinta a?os luchan por recuperar su lugar en el mundo, han logrado el reconocimiento diplom?tico de ochenta y dos pa?ses. Entre ellos, mi pa?s, el Uruguay, que recientemente se ha sumado a la gran mayor?a de los pa?ses latinoamericanos y africanos.

Pero Europa, no. Ning?n pa?s europeo ha reconocido a la Rep?blica Saharaui. Espa?a, tampoco. Este es un grave caso de irresponsabilidad, o quiz? de amnesia, o al menos de desamor. Hasta hace treinta a?os el Sahara era colonia de Espa?a, y Espa?a ten?a el deber legal y moral de amparar su independencia.

?Qu? dej? all? el dominio imperial? Al cabo de un siglo, ?a cu?ntos universitarios form?? En total, tres: un m?dico, un abogado y un perito mercantil. Eso dej?. Y dej? una traici?n. Espa?a sirvi? en bandeja esa tierra y esas gentes para que fueran devoradas por el reino de Marruecos. Desde entonces, el Sahara es la ?ltima colonia del Africa. Le han usurpado la independencia.

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?Por qu? ser? que los ojos se niegan a ver lo que rompe los ojos?

?Ser? porque los saharauis han sido una moneda de cambio, ofrecida por empresas y pa?ses que compran a Marruecos lo que Marruecos vende aunque no sea suyo?

Hace un par de a?os, Javier Corcuera entrevist?, en un hospital de Bagdad, a una v?ctima de los bombardeos contra Irak. Una bomba le hab?a destrozado un brazo. Y ella, que ten?a ocho a?os de edad y hab?a sufrido once operaciones, dijo:

?Ojal? no tuvi?ramos petr?leo.

Quiz?s el pueblo del Sahara es culpable porque en sus largas costas reside el mayor tesoro pesquero del oc?ano Atl?ntico y porque bajo las inmensidades de arena, que tan vac?as parecen, yace la mayor reserva mundial de fosfatos y quiz? tambi?n hay petr?leo, gas y uranio.

En el Cor?n podr?a estar, aunque no est?, esta profec?a:

?Las riquezas naturales ser?n la maldici?n de las gentes.

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Los campamentos de refugiados, al sur de Argelia, est?n en el m?s desierto de los desiertos. Es una vast?sima nada, rodeada de nada, donde s?lo crecen las piedras. Y sin embargo, en esas arideces, y en las zonas liberadas, que no son mucho mejores, los saharauis han sido capaces de crear la sociedad m?s abierta, y la menos machista, de todo el mundo musulm?n.

Este milagro de los saharauis, que son muy pobres y muy pocos, no s?lo se explica por su porfiada voluntad de ser libres, que eso s? que sobra en esos lugares donde todo falta: tambi?n se explica, en gran medida, por la solidaridad internacional.

Y la mayor parte de la ayuda proviene de los pueblos de Espa?a. Su energ?a solidaria, memoria y fuente de dignidad, es mucho m?s poderosa que los vaivenes de los gobiernos y los mezquinos c?lculos de las empresas.

Digo solidaridad, no caridad. La caridad humilla. No se equivoca el proverbio africano que dice:

?La mano que recibe est? siempre debajo de la mano que da.

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Los saharauis esperan. Est?n condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua nostalgia. Los campamentos de refugiados llevan los nombres de sus ciudades secuestradas, sus perdidos lugares de encuentro, sus querencias: El Aai?n, Smara...

Ellos se llaman hijos de las nubes, porque desde siempre persiguen la lluvia.

Desde hace m?s de treinta a?os persiguen, tambi?n, la justicia, que en el mundo de nuestro tiempo parece m?s esquiva que el agua en el desierto.

Publicado por carmenlobo @ 11:36  | Galeano, Eduardo
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