Martes, 06 de junio de 2006

Sobre la importancia de la mirada

Hay que luchar por los sue?os, pero cuando los caminos se muestran imposibles, es mejor guardar fuerzas para intentar otras v?as


Al principio, Theo Wierema era tan s?lo una persona insistente. Durante cinco a?os envi? religiosamente a mi oficina de Barcelona una invitaci?n a una conferencia en La Haya, Holanda.
Durante cinco a?os, mi oficina le respondi? invariablemente que la agenda estaba completa. En realidad, la agenda no est? siempre completa. Sin embargo, un escritor no tiene por qu? saber hablar bien en p?blico y, adem?s, todo lo que tengo que decir est? en mis libros y mis columnas, por lo que siempre procuro evitar las conferencias.

Theo se enter? de que yo iba a grabar un programa para un canal de televisi?n en Holanda. Cuando baj? para ir a la grabaci?n, ?l me estaba esperando en la recepci?n del hotel. Se present? y me pidi? que lo dejara acompa?arme, diciendo: ?No es que sea una persona incapaz de aceptar un ?no? por respuesta. Pero se me ocurre que quiz? he estado actuando de forma equivocada.
Hay que luchar por los sue?os, pero tambi?n hay que saber que cuando algunos caminos se muestran imposibles, es mejor guardar fuerzas para intentar otras v?as. Pod?a simplemente decir ?no? (he dicho y o?do varias veces esta palabra), pero decid? probar con algo m?s diplom?tico: poner condiciones imposibles de cumplir.
Dije que dar?a la conferencia gratis, pero que la entrada para el p?blico no pod?a costar m?s de dos euros, y que en la sala ten?a que haber como m?ximo 200 personas. Theo acept?.

?Va a gastar m?s de lo que va a ganar ?le advert?. Seg?n mis cuentas, s?lo el billete de avi?n y el hotel cuestan el triple de lo que recibir? si consigue llenar la sala. Aparte de eso, est?n los costes de promoci?n, el alquiler del local?
Theo me interrumpi?, diciendo que nada de eso ten?a importancia: estaba actuando de acuerdo con las exigencias de su profesi?n.
?Organizo eventos porque necesito seguir creyendo que el ser humano est? en la b?squeda de un mundo mejor. Tengo que hacer mi aportaci?n para que eso sea posible.
?Cu?l era su profesi?n?
?Vendo iglesias.
Y continu?, para mi espanto:

?Trabajo para el Vaticano, que me ha encargado seleccionar compradores, ya que en Holanda hay m?s iglesias que fieles. Y como ya hemos tenido p?simas experiencias, viendo c?mo lugares sagrados se convert?an en salas de fiestas, edificios de apartamentos, tiendas de moda, e incluso en sex-shops, se ha cambiado el sistema de venta. El proyecto debe ser aprobado por la comunidad, y el comprador tiene que decir qu? piensa hacer con el inmueble: por lo general, s?lo aceptamos las propuestas que incluyen un centro cultural, una instituci?n ben?fica o un museo.
Y se preguntar?, ?qu? tiene eso que ver con su conferencia y con las otras que estoy intentando organizar? Pues que la gente ha dejado de encontrarse. Y cuando no se encuentra, no puede crecer.
Mir?ndome fijamente, concluy?:

?Encuentros. ?se fue precisamente mi error con usted. En lugar de enviarle un correo electr?nico, deber?a haberme mostrado desde el primer momento como un ser de carne y hueso. Cuando en una ocasi?n no recib? respuesta de cierto pol?tico, fui a llamar a su puerta. ?l me dijo: si desea usted algo de m?, antes tiene que ense?arme sus ojos. Desde entonces no he dejado de hacerlo y s?lo he cosechado buenos resultados. Podemos tener todos los medios de comunicaci?n del mundo, pero nada, absolutamente nada, podr? sustituir a la mirada del ser humano.
Por supuesto, acab? aceptando la propuesta.

P. D. Sabiendo que mi mujer, artista pl?stica, siempre quiso crear un centro cultural, cuando fui a La Haya para la conferencia, ped? ver algunas de las iglesias en venta. Pregunt? el precio de una que llegaba a albergar todos los domingos a 500 parroquianos: costaba ?un euro!, aunque los gastos de mantenimiento pod?an alcanzar niveles prohibitivos.


Tags: Sobre la importancia de l, importancia de la mirada, Paulo Coelho, leyenda personal

Publicado por carmenlobo @ 12:17  | Literatura
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios