Lunes, 08 de mayo de 2006
por Alejandro Dolina


Los Refutadores de Leyendas han sostenido siempre que toda la Naturaleza puede expresarse en terminos matematicos. Lo poco que queda fuera no existe.
Asi, esta comparcia racionalista se ha esforzado, utilizando cifras, vectores y logaritmos, en representar cosas tales como el tango El Entrerriano o los celos de las novias de la calle Artigas,
Cuando fracasaban, simplemente declaraban supersticion lo que no conseguian encuadrar en sus estructuras cientificas.
Existia un minucioso catalogo de cosas inexistentes que se actualizaba cada a?o.
Alli figuraban los sue?os, las esperanzas, el hombre de la bolsa, el alma, el ornitorrinco, el catorce de espadas, el Angel Gris de Flores, el gol de Ernesto Grillo a los ingleses, la generala servida y la angustia.
Otra publicacion venerada fue el desmesurado libro Un Amor asi de Grande, resultado del afan de medirlo todo. En ese trabajo no solo se otorgan valores numericos a los colores, aromas y formas, sino tambien a las sensaciones espirituales mas sutiles.
A lo largo de cien capitulos se establece la cantidad de adrenalina que produce un individuo antes de ser vacunado, el volumen que alcanzan las lagrimas de una madre a lo largo de su vida, la cantidad de cera que lleva en sus oidos el conjunto de habitantes de la ciudad de Buenos Aires (suficiente al parecer para lustrar todos los pisos del edificio de Obras Sanitarias), y
la energia que se consume en un suspiro.
Algunos datos producen indignacion en las almas sencillas: para esta gente la novela Madame Bovary consiste en una cierta mezcla de medio kilo de papel y un cuarto de litro de tinta. Los elementos quimicos que componen al hombre son descriptos puntualmente con su precio en las farmacias de la zona. De este modo se llega a la conclusion que mas barato resulta un se?or robusto que un velador.
No hace falta indicar el gran exito obtenido por esta curiosa forma de evaluar el universo. Constantemente podemos oir en la radio las declaraciones de brillantes deportistas que manifiestan hallarse en un setenta y cinco por ciento, vaya a saber de que'. Los chicos preparan tablas de posiciones en
las que dan a entender que quieren primero a su madre, despues a su padre en tercer lugar a la abuela, y en el cuarto -lejos- al tio Julian. Los boletines de calificaciones no son otra cosa que la version escolar del pensamiento de los Refutadores. Aunque la descripcion de la conducta de un alumno que no ha estudiado su leccion, se reduce a un redondo cero. Por el contrario, un estudiante talentoso y perseverante sera premiado
no con un cari?o ni con una frase estimulante, sino con un diez.
No se sabe si los Refutadores de Leyendas escribian cartas de amor, pero no seria extra?o que sus mas tiernas declaraciones consistieran en graficos representativos del progreso de sus sentimientos.
Todo este arrebato cientificista no pudo menos que causar la repugnancia de los Hombres Sensibles de Flores, que confiaban mas en las corazonadas que en la razon.
Como siempre ocurre, los excesos racionales generan desaforadas rebeliones romanticas. Pero en el barrio de Flores esa rebelion no se manifesto unicamente a traves del arte, sino que tuvo lugar - ademas- en el propio terreno cientifico.
La Sociedad de Cientificos Sentimentales nacio gracias al impulso del profesor Aurelio C. Frascarelli, quien harto de la deshumanizacion de las disciplinas cientificas resolvio ponerle un poco de sangre al frio mundo de las raices cuadradas y las cotangentes.
Este pensador delirante fundo la sociedad antedicha y edito un Manual de Ingreso que nunca se supo si era un libro de texto o una coleccion de intentos poeticos.
Las primeras innovaciones del manual son modicas. Se reducen a
la redaccion mas emotiva de los problemas de regla de tres compuesta.
Transcribimos uno de ellos:

Problema 14: Doce hombres tristes tropiezan en un a?o con ciento seis desenga?os. No se conocen entre si, pero sufren de un modo parecido. Pregunto entonces : ?Cuantos desenga?os padeceran ocho hombres tristes en seis meses?

Como se ve, lo novedoso consiste unicamente en reemplazar hortalizas por desenga?os, y en ciertas declaraciones innecesarias como el mutuo desconocimiento y la tristeza de estos hombres. Pero conforme se avanza en la lectura del Manual se encuentran cosas mas audaces. El Problema 187 es practicamente una novela corta. La descripcion psicologica
del protagonista -un comerciante poco escrupuloso- esta bastante bien lograda.
Hay personajes laterales (un cu?ado que busca un tesoro oculto)
y una divertida pintura costumbrista de un almacen de barrio. La
pregunta final ("a cuanto debera vender el kilo de arroz?") resulta insignificante al lado de otros interrogantes que no estan escritos, pero sisabiamente sugeridos por el profesor Frascarelli: Tiene sentido la vida? Hay algun proposito en el universo? Cumplimos sin saberlo con algun plan divino
o diabolico?
A partir de la mitad del libro, el autor empieza a tomar partido arbitrariamente en arduas cuestiones matematicas. Paralelamente se incorporan
juicios eticos y esteticos en la explicacion de teoremas y postulados.
Se habla entonces de paralelepipedos atorrantes, de esferas traidoras, de angulos aburridos y llega a decirse que el trapezoide es una figura que no merece ser tomada en serio.
Las cuestiones biologicas son en el Manual de Ingreso verdaderas fantasias. La vida del paramecio es un cuento de terror y Frascarelli llega a afirmar que las amebas son muy guardianas y fieles a sus amos.
La actividad de los Cientificos Sentimentales no se reducia a la difusion del Manual. En los a?os de oro del barrio de Flores, muchos maestros romanticos dieron clase en una academia privada de la calle Condarco.
Los alumnos padecian la misma locura que los profesores. Cada vez que se realizaba algun experimento en el gabinete de quimica, los jovenes salian corriendo aterrorizados, mientras gritaban "cosa de Mandinga" o "el Diablo anda suelto".
El propio Frascarelli dirigia un grupo de investigacion cuyos metodos provocaban el escandalo de los Refutadores. Creian, por ejemplo, en la busqueda de la casualidad. Este criterio podria escribirse asi: sabiendo que muchos grandes descubrimientos se realizaron casualmente, parece una buena idea disimular el verdadero proposito de la investigacion. Asi,
cuando se quiere encontrar una estrella, se busca un microbio. Los resultados no fueron muy espectaculares, si bien Frascarelli se jactaba de haber hallado un especifico que combatia el mal aliento, mientras buscaba la piedra filosofal.
En ocasiones, los cientificos so?adores acudian a la busqueda
empirica y tomaban frascos de untura blanca , para ver que ocurria. Estas experiencias se anotaban en un cuaderno que ha sobrevivido a la Sociedad y en el que se refieren mas de mil quinientas locuras , que van desde comer polvora hasta arrojarse al vacio desde diferentes alturas para establecer los da?os fisicos y morales que, mas alla de los cuatro metros , solian
traducirse en la muerte lisa y llana.

Hay que decir que aunque sus logros fueron peque?os, los propositos de la Sociedad no tenian limites. Durante a?os trataron de hacer algun milagro. Buscaron la esmeralda que cura todas las enfermedades, el elixir de la eterna juventud, el polvo de Perlimpimpim, el jarabe del amor eterno y la llave de la sabiduria. Discutieron sobre la cuadratura del circulo y la
inmortalidad del cangrejo y trataron de volver al pasado y visitar el futuro.
Todos saben que en el barrio del Angel Gris se destilaba el vino del olvido y el licor del recuerdo. Tambien se conocen perfectamente sus efectos y propiedades. Al parecer, lo que mataba era la mezcla.
Algunos mentirosos pretenden que estas maravillas fueron creadas por los Cientificos Sentimentales. Nada mas falso. El vino fue obra de los Amigos del Olvido, un club que proponia la abolicion del pasado. Y el licor es -sin duda alguna- un hallazgo de Manuel Mandeb, el poligrafo de Flores.
Tal como es facil sospechar, los cientificos romanticos fueron derrotados
por la predica incesante de los Refutadores de Leyendas.
Hoy todo el mundo rinde culto a la Ciencia Pura. Y se da una ilustre paradoja: los Refutadores no han hecho mas que reemplazar a las viejas leyendas por otras mas nuevas, mucho peores.
Los arquitectos razonables podran dudar de la existencia del alma,pero suscribiran cualquier teoria sobre el atomo , los neutrones y los protones, con la mayor alegria.
No importa si entienden estas teorias. En realidad -como dice
Sabato- el pensamiento cientifico parece tener mayor poder cuanto menos se lo comprende.

Por eso se suele decir:
-Que bien que habla este hombre...! No alcanzo a entender ni una sola de sus palabras.

Cuando un racionalista se pone supersticioso, no hay quien lo gane.
Todo parece indicar que el futuro pertenece a los Refutadores de Leyendas.
Tal vez por eso los miembros de esta entidad - la unica que queda de las que existieron en los a?os dorados- se muestran tan optimistas con respecto a lo que vendra.
Todos los adoradores del progreso nos pintan un porvenir lleno de veredas moviles que nos evitaran el esfuerzo de caminar, con maquinas invictas, con rios domados, y vehiculos cada vez mas veloces.
A las almas sencillas, la descripcion de estos espantosos mecanismos les parece algo diabolico.
Porque en este proyecto de aparatos infalibles y formidables fuentes de energia no parece existir la menor preocupacion por responder a alguna de las preguntas que el profesor Frascarelli supo insertar en su memorable problema 187.
La Sociedad Cientificos Sentimentales era una locura. Pero tal vez hace falta un poco de locura entre tanta exactitud y precision.
Seran buenos los calculos y los teoremas inexpungables, si es que se aplican a rombos, angulos y cubos. Pero empiezan a fallar cuando se trata de personas.
Y a lo mejor esto constituye la mas grande virtud del hombre, su toque divino. El ultimo de los atorrantes de Flores es mas interesante que una estrella, solamente porque su comportamiento no es previsible.
Nada de esto significa que debamos renunciar a la ciencia y su arsenal.
Que se sigan inventando licuadoras y tonicos contra el catarro. Dos mas dos son cuatro. Los Refutadores de Leyendas tienen razon. Pero nada mas que eso: razon.
A mi no me alcanza.


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Publicado por carmenlobo @ 10:49  | Dolina, Alejandro
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