lunes, 10 de abril de 2006
Juan J. Millás



Al entrar en la habitación de aquel hotel, en Barcelona, todavía estaba el fantasma del huésped anterior. No me había ocurrido nunca. Es más, siempre me he preguntado qué clase de productos de limpieza utilizan en estos establecimientos para borrar las huellas de sus clientes. Uno de mis pasatiempos favoritos consiste en buscar rastros de la persona o personas que han pasado antes que yo. Y sólo en contadas ocasiones he hallado alguno. Cuando me voy, tengo a veces la tentación de abandonar algo personal en el armario con la fantasía de que llegará, como un mensaje dentro de una botella, al huésped que ocupe la habitación detrás de mí.

Pero decía que al entrar en la habitación del hotel todavía estaba el fantasma del huésped anterior. No es que encontrara algún objeto olvidado o alguna prenda de ropa en el armario. Ha de entenderse lo que acabo de decir de un modo literal: estaba su fantasma. Mientras vaciaba mi bolsa de viaje, el fantasma daba vueltas alrededor de la cama. No lo veía, lógicamente, porque era invisible, pero su presencia era real. Hay personas con un magnetismo tan fuerte que incluso después de haberse ido permanecen durante un tiempo en el lugar que han desocupado. El fantasma me siguió al cuarto de baño. Al salir de la ducha, me pareció percibir brevemente su rostro por detrás de la lámina de vaho adherida al espejo. Era una mujer con la melena hasta el cuello y cejas frondosas.

Cuando salí pregunté al conserje, con el que tengo mucha confianza, quién me había precedido y me dijo que un hombre de unos cuarenta años, calvo y con gafas.

-¿Por qué lo dice? -preguntó.

-Porque hay un fantasma, pero pertenece a una mujer.

El hombre miró a un lado y a otro y me dijo, solicitando mi comprensión, que sí, que había un fantasma de mujer, en efecto, pero que los empleados tenían prohibido hablar de él o admitir su existencia. Lo más sorprendente de todo fue la naturalidad con la que lo reconoció. He estado más veces en ese hotel de Barcelona, pero ni me han vuelto a dar esa habitación ni he vuelto a comentar el asunto con el conserje.





Publicado por carmenlobo @ 8:01
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