miércoles, 22 de marzo de 2006

JOSEP MARIA ESPINÀS


Cuando escribo estas líneas, se está produciendo una revuelta de estudiantes en Francia. No sé cómo habrá terminado, si es que ha terminado. Pero sí sé cómo ha empezado. Mejor dicho: por qué. Porque el primer ministro Villepin propone una reforma laboral que afecta al llamado primer contrato juvenil. De acuerdo con esta reforma, los jóvenes trabajadores podrían ver rescindidos sus contratos durante los dos primeros años de vigencia sin justificación alguna del despido.

Los estudiantes, agrupados en sindicatos, se manifiestan masivamente, según parece, en varias ciudades francesas, reclamando que no se implante este derecho de despido libre. La famosa Sorbona ha cerrado. El bulevar de Saint-Michel y, en general, el Barrio Latino han sido ocupados por los manifestantes. Y yo me digo que esa universidad, ese bulevar y ese barrio me suenan mucho de otra manifestación de estudiantes. Claro, como que fueron el escenario más conocido de los famosos hechos de Mayo del 68.

Los estudiantes reclamaban entonces "la imaginación al poder", que estuviese prohibido prohibir, que se descubriera la playa que había bajo los adoquines de las calles. Mayo del 68 fue muy rico en metáforas. Y la generación del 68 entró en la historia del siglo pasado como un vendaval de aire renovador, su espíritu se propagó por varios países y en Catalunya todavía puede decirse de alguien que es un típico representante de aquel 68 que quería desmitificar muchas cosas y acabó mitificando otras.
Y ahora resulta que una nueva generación de estudiantes franceses sale a la calle, y se enfrenta con la policía y ataca a un Gobierno porque una reforma laboral puede que haga inseguro su primer puesto de trabajo. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Y los estudiantes, claro. Se han acabado las metáforas líricamente revolucionarias. Lo que importa es tener trabajo. Y seguro. Los estudiantes saben ahora que sin trabajo es bastante difícil ser realmente libre. Son la primera generación del siglo XXI.

Las protestas acorralan a Villepin

Cientos de miles de franceses vuelven a rechazar en las calles la reforma laboral
El Gobierno francés se resiste a retirar el CPE

La contestación social a su reforma laboral ha colocado a Dominique de Villepin en un callejón sin salida. La jornada de movilización de ayer reunió a entre 500.000 y 1.500.000 manifestantes en todo el país, lo que ha reforzado la reclamación de los sindicatos de que el contrato para los jóvenes sea retirado.

Los sindicatos amenazan con huelga general si el Gobierno mantiene su contrato para jóvenes
ROBERT PRATTA / REUTERS
Un joven protesta en Lyon contra el contrato para jóvenes del Gobierno Villepin

LLUÍS URÍA - 19/03/2006
Corresponsal. PARÍS

Si el Gobierno francés esperaba un milagro, éste no se produjo. La jornada de protesta convocada para ayer por los sindicatos, organizaciones estudiantiles y partidos de izquierda contra la reforma laboral impulsada por Dominique de Villepin movilizó a cientos de miles de franceses, que expresaron en la calle su rechazo al nuevo contrato de primer empleo (CPE), destinado a los jóvenes menores de 26 años. Entre 503.000 y 1.500.000 personas se sumaron - según las cifras divergentes del Ministerio del Interior y de los organizadores- a las manifestaciones celebradas en unas 160 ciudades de todo el país, que superaron de nuevo el eco de las últimas convocatorias y demostraron así que el movimiento contra el Gobierno, lejos de perder fuelle, crece en amplitud y potencia.

La manifestación más numerosa fue la que recorrió ayer tarde las calles de París, que reunió a entre 80.000 y 350.000 personas, según las fuentes. También hubo marchas nutridas en Marsella (130.000), Burdeos (60.000), Toulouse (45.000) o Rennes (35.000), según datos sindicales. Grupos de jóvenes encapuchados provocaron incidentes al término de las manifestaciones de París, Rennes, Lille y Marsella. En la capital francesa, los violentos acosaron a los antidisturbios en la plaza de la Nación lanzando proyectiles, quemando un coche y rompiendo escaparates. La policía los dispersó con gases lacrimógenos y practicó 28 detenciones. Cinco agentes y 11 manifestantes resultaron heridos.

Los disturbios, sin embargo, no empañaron una protesta que fue pacífica y muy amplia. No eran sólo jóvenes estudiantes y bregados sindicalistas los que ayer ocuparon las calles.

Había personas de todas las edades, familias enteras, sobre todo de clase media, la misma clase media que votó masivamente contra la Constitución europea en el referéndum del 29 de mayo del 2005. Lo cual da una idea de la dimensión de la contestación que el proyecto de Villepin ha despertado y de la magnitud del problema que el primer ministro - cada vez más impopular- tiene ante sí.

Un sondeo del instituto de opinión IFOP que publica hoy el Journal du Dimanche constata una caída en picado del nivel de confianza de los franceses en Dominique de Villepin: según la encuesta, un 61% de los ciudadanos se muestra descontento con la gestión del primer ministro, frente a un 54% el pasado mes de febrero. Paralelamente, otros sondeos recientes indican que una gran mayoría de la población (un 70%) está contra el CPE y considera que el Gobierno debería retirarlo.

Las organizaciones sindicales y estudiantiles, reforzadas por el éxito de la jornada de protesta de ayer, se encastillaron aún más si cabe en su exigencia de que el Gobierno retire o suspenda el CPE - aprobado ya por el parlamento- como condición previa e innegociable para abrir un proceso de diálogo. Si no, amenazan con acrecentar las movilizaciones e incluso convocar una huelga general.

"La situación es explosiva; el primer ministro sólo tiene una solución: retirar el CPE y negociar", afirmó el líder del sindicato CFDT, François Chérèque. Mientras Bruno Julliard, presidente del principal sindicato estudiantil, Unef, decía: "O el Gobierno entra en razón y retira el CPE desde hoy o será obligado a havcerlo la semana que viene". Por su parte, el primer secretario del Partido Socialista, François Hollande, pidió a Villepin que suspenda hasta las elecciones del 2007 el polémico contrato.

Villepin tiene cada vez más difícil salir del callejón en que está metido. Decidido a aprobar el CPE contra viento y marea, aun en contra de la opinión de algunos miembros de su Gabinete, el primer ministro obvió la concertación previa con los sindicatos y aceleró al máximo la tramitación parlamentaria del proyecto. Ahora, sus ofertas de diálogo a los interlocutores sociales para negociar "mejoras" en el CPE, pero sin retirarlo, han sido reiteradamente rechazadas. Ayer lo fueron de nuevo y con más fuerza. Pese a ello, los primeros mensajes lanzados desde el Gobierno tras las manifestaciones no indicaban cambio alguno.

El portavoz del Gabinete y ministro del Presupuesto, Jean-François Copé, insistió en que el CPE es un instrumento positivo para combatir el paro juvenil y reiteró la disposición del Gobierno a negociar, pero sin retitrarlo. No está claro, sin embargo, que Villepin pueda mantener mucho tiempo este inmovilismo, sobre todo después de los reiterados llamamientos del presidente de la República, Jacques Chirac, a iniciar al diálogo de forma urgente.

Los rectores de universidad reunidos el viernes por la noche con el primer ministro en el palacio de Matignon creyeron ver en su actitud que estaba dispuesto a hacer "un gesto significativo", en palabras de uno de los asistentes a la reunión, Yannick Vallée. Los rectores pidieron a Villepin la suspensión del CPE, para recobrar la normalidad en las universidades, dos tercios de las cuales están bloqueadas o en huelga. La Sorbona sigue cerrada y rodeada por la policía.

Publicado por carmenlobo @ 8:03
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios