Domingo, 05 de marzo de 2006
Publicado en Vidrios espejados, Buenos Aires, Letra Buena, 1998

A los amigos sobrevivientes de la poes?a

Todo empez? cuando una chica interrumpi? mi clase leyendo un poema de un tal Mario Benedetti. Lo recuerdo como hoy porque la trova estaba escrita en un papel de carpeta de secundario, con tinta birome y faltas sobresalientes de ortograf?a. No te salves, dec?a, no te quedes inm?vil, al borde del camino, dec?a, no congeles el j?bilo, no quieras con desgano, no te salves ahora ni nunca, dec?a todo eso. Cuando pregunt? qui?n era el poeta, uno s?lo del aula supo contestar, aunque la mayor?a hab?a le?do poemas del autor.

El episodio me pareci? real maravilloso. J?venes con muy pocas lecturas, algunos entre el alfabeto y el precipicio, lo hab?an recitado sin conocer siquiera el nombre del poeta. Lo que ocurre en la vida acad?mica es exactamente lo contrario, primero se sabe todo o casi todo del autor y luego se lo lee.

?Pero he aqu? otro camino! Una delgada hebra en las condiciones del colonialismo avanzado. Empec? a creer que alg?n loco hab?a escrito poemas de Benedetti como en una cadena, tirando tres bajo las puertas, o poni?ndolos en las carpetas de los pibes: Copi? tres veces este poema y entregalo exigiendo lo mismo al receptor, de lo contrario a tu madre le pasar? una desgracia, y tu casa se incend... Algo de esto deb?a ocurrir, porque en estos tiempos de cultura de fotocopia los pibes ni siquiera llevaban estos versos fotocopiados. Los poemas circulan manuscritos; se leen, se disfrutan, se sienten a contramano, a contrapelo, a contrahaz de la cultura oficial, de los grandes textos ilustrados, de las aburridas p?ginas literarias, de todo.

Chicos que jam?s leyeron otra cosa que la secci?n deportiva de los diarios o la revista del video, conociendo eso que si te dejas caer los p?rpados, y si te sacas los labios, y te duermes sin sue?os, y te piensas sin sangre, y te quedas inm?vil, y te salvas, entonces no te quedes conmigo, ?genial! Llevan la hoja manuscrita por un tal Benedetti a la pizzer?a y lo leen, y discuten un poco si el autor es Duran Duran, un hippy, Silo, un astronauta descorazonado, un m?dico enfermo de sida, un pastor evangelista, un indio amaz?nico, un escritor de aforismos, un locutor de radio o un tenista envejecido.

Se acerc? un pibe y me cont? un cuento de un tal Mario B., que ?l no cre?a nada porque no le interesaba saber de qui?n se trataba. En un Congreso de ling??stica, de fil?logos y semi?logos, despu?s de la ovaci?n de la sesi?n plenaria se levanta una hermosa taqu?grafa ante la que los congresistas fascinados dicen a su paso: ?qu? sintagma! ?Qu? polisemia! ?Qu? significante! ?Qu? diacron?a! ?Qu? morfema! Pero ella inmutable, s?lo sonr?e cuando al llegar a la puerta el joven ordenanza le murmura casi en el o?do: ?Cosita linda?.

Ahora s?, creo que Mario Benedetti es el m?s famoso de los poetas subterr?neos. Es casi Homero. Su obra circula libre, desaforadamente sus citas sin corpus, sin libros, sin fotocopias. Circula porque s?, manuscrita, porque forma parte de los sentimientos m?s elementales y profundos de los chicos. Pero es posible tambi?n que otros que no se animen a escribir lo hagan, porque sentir sienten a lo loco, y luego lo firmen Benedetti. Ahora estoy casi seguro que anda mucho de todos nosotros en esas hojas de carpeta; acentos frescos, nuevas comas, puntos incorporados, palabras que faltan, otras reci?n agregadas. Una gran memoria oral soplada desde la caligraf?a primorosa. No te salves, no te salves, mi hija tambi?n lleva el manuscrito pero ya sin firma del autor. No hace falta, es de todos. Es la funci?n ?ltima y visceral de la poes?a. No te salves, porque todos sentimos eso, no hace falta una autor?a. Estoy pensando en efecto que Mario Benedetti no existe. Nunca existi?. Como Homero. Fue creado por los sentimientos de estos chicos, y lograron meter dentro de ese nombre lo mejor de ellos mismos y lloran/r?en por ellos mismos a modo de un mote imaginario, fant?stico, latinoamericanamente c?smico.

Por eso es que no van a librer?as a buscar un autor llamado Benedetti, y cuando ven un libro de tal, lo miran con desconfianza. Los libreros se desesperan, cada vez se lee m?s y se compra menos. Benedetti son ellos. Somos nosotros. La poes?a nos une en el desconcierto del anonimato, mientras volamos a la luna sobre una estrella fugaz que en vez de bajar, sube.

Lo m?s curioso, es que a alguien se le ocurri? ponerle al apellido dos te, para hacerlo m?s cre?ble. Pero no lograron enga?arnos.

Un poeta sin escritura, como en los tiempos heroicos donde la masa general de los hombres carec?a de alfabeto. Un retorno espiralado. Necesidad de decir lo humanamente sentido entre los muros de la ignorancia prehist?rica.

Vi un manuscrito, donde entre los versos, no te pienses sin sue?os, no te pienses sin sangre, no te juzgues sin tiempo, una chica hab?a apoyado los labios,y al marcar con el rouge el dise?o exacto de su boca, absorb?a desde el papel de carpeta todas las sangres, todos los sue?os y todos los tiempos.




Publicado por carmenlobo @ 8:39  | Cultura
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