Mi?rcoles, 01 de marzo de 2006
"Ya la cubre.
Ya la tiene y retiene y revuelca.
Valencia cubierta de olor de azahar,
Valencia en la mano del naranjo.

Valencia blanca y blanda con peso de pecho limonar.
La naranja entre la mandarina y el lim?n.
Valencia granada, Valencia honda,
Valencia borracha de olor de azahar."


Max llega a Valencia con once a?os, en 1914. La familia, afincada en Par?s y de origen jud?o ven?a huyendo de las repercusiones de la Primera Guerra Mundial, para lo que fija su residencia en Valencia. Cursa la ense?anza secundaria en el Instituto de Valencia, donde establecer? amistades fundamentales en su trayectoria intelectual: la familia Gaos (Jos?, Vicente, Alejandro...) a la que, entre 1916 y 1921, Max visita a menudo; Manolo Zapater, quien lo iniciar?a por las tierras castellonenses del Alto Palancia; Fernando Dicenta; Juan Gil-Albert; Juan Chab?s; Leopoldo Querol; Genaro Lahuerta; Pedro de Valencia; y muy especialmente con el castellonense Jos? Medina Echavarr?a, a quien debemos dedicar tambi?n este a?o una atenci?n especial... En 1920 acab? el Bachillerato y, en contra de la voluntad de su padre (quien hubiese preferido que estudiase Derecho), Max decide ayudarle y seguir sus pasos profesionales, viajando como representante por Levante, Arag?n, Catalu?a y Almer?a.

A partir de 1922, y durante catorce a?os, recorre Catalu?a con sus mercanc?as, viviendo en Barcelona cuatro meses al a?o, donde asiste a tertulias como la de L?pez Pic?, Salvat Papasseit y la de Gasch. Empieza a escribir poes?a y teatro experimental: Momentos, El desconfiado prodigioso, Crimen, Una botella, El celoso y su enamorada, Espejo de avaricia y Narciso.

En diciembre de 1923, con la loter?a que le toc? en Murcia, viaja a Madrid por primera vez con su amigo Jos? Medina Echavarr?a, y se presenta, con la tarjeta que le dio Jules Romains, al cr?tico literario Enrique D?ez-Canedo. A principios de 1924 conoce en Par?s a Joan Mir? y empieza a contactar con los escritores de su generaci?n, amistades que mantendr? epistolarmente, y que ampliar? en una actitud clave de conexi?n con la cultura interior espa?ola, despu?s de la guerra civil: Alberti, D?maso Alonso, Vicente Aleixandre, Jorge Guill?n, Jos? Bergam?n, Francisco Ayala, Gerardo Diego, Juan Gil-Albert, Esteban Salazar Chapela, Alejandro Casona, Paulino Masip, Juan Larrea, Guillermo de Torre, Juan Chab?s, Emilio Prados, Jos? Mar?a Quiroga Pla, Vicente Gaos, Juan Rejano, Pascual Pla y Beltr?n. Desde 1925 publica regularmente (Los poemas cotidianos, 1925; Caja, 1926; etc.). Destaca su presencia en Madrid durante trece a?os, con visitas a las tertulias literarias, como la del caf? Regina donde conocer?a a Domenchina, Aza?a, Vayo, Araquist?in, Negr?n, Mara??n y Valle-Incl?n.

MAX AUB

Cr?menes ejemplares


Escritor espa?ol y ciudadano mexicano, me hice hablando un idioma extranjero -nadie nace hablando- que result? ser el m?o. Poco le debo a los dem?s, mucho a m? mismo o lo que es casi igual: todo a los dem?s. Me forjaron a fuerza de golpes, como crecen todos los hombres. Tuve algunos amigos -pocos-, la mayor?a han muerto. Me siento m?s a gusto con los j?venes que con los viejos.

Tengo tres hijas, muchos nietos: son ya otra vida, en otro tiempo. Mi mujer me ha acompa?ado siempre que pudo; cuando no, plant? cara a la vida, sin desfallecimiento.

No alto ni bajo, m?s bien feo, me gust? lo bueno, lo que me sab?a bien.

Us? lentes desde muy joven porque nunca pude ver lejos. Habl? mal y con peor acento y me dej? siempre convencer por cualquiera. Aprend? poco de los hombres, crey?ndolos parecidos a m?. Me hubiera gustado saber mucho m?s de lo que s?, tener memoria y no andar dando vueltas alrededor de m? mismo.

Al paso de los a?os se va uno quedando solo -no como dec?a aquel bobo, tan buen poeta, que se quedan muertos-. Los que se van quedando solos son los viejos, por culpa -?qu? culpa tienen ellos?- de los muertos.

Lo que m?s me ha gustado es escribir; seguramente para que se supiera c?mo soy, sin decirlo. Cre? que lo adivinar?an. Una vez m?s me equivoqu?.

Max Aub, en Hablo como hombre (1967)

En 1933, publica en la Imprenta Moderna de Valencia F?bula Verde. Escribe art?culos para el peri?dico Luz de Madrid. Realiza un viaje a la Uni?n Sovi?tica para asistir a los Festivales de Teatro con su amigo Jos? Medina Echavarr?a. En 1936 dirige El B?ho, teatro universitario de Valencia, igual que Federico Garc?a Lorca lo hizo con La Barraca. Publica obras fundamentales como Luis ?lvarez Petre?a y Yo Vivo. En 1935 escribe en Valencia J?cara del Avaro para las Misiones Pedag?gicas. En sus habituales viajes a Barcelona frecuenta el caf? Oro del Rhin acompa?ado de sus amigos Luys Santamarina y Jos? Jurado Morales, por eso junto a Valencia y Madrid, Barcelona ser? una de sus ciudades predilectas. En febrero de 1936 participa en la campa?a electoral con El agua no es del cielo y estrenando en el Teatro Principal Las dos hermanas. En septiembre se representa en el altar mayor de los Dominicos, en Valencia, una versi?n reducida del auto Pedro L?pez. Dirige en Valencia el peri?dico socialista Verdad en su primera ?poca. Es socio con el n? 3 de la Alianza de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura.

Desde diciembre del 36 hasta julio del 37 es Agregado Cultural de la Embajada de Espa?a en Par?s con el embajador Luis Araquist?in. Como subcomisionario de la Exposici?n Universal de Par?s encarg?, por orden del Gobierno Espa?ol, a Picasso el Guernica, por un importe de 150.000 francos. Organiza el II Congreso de Intelectuales Antifascistas en Valencia y Madrid. Es secretario general del Consejo Nacional de Teatro, cuyo director era Antonio Machado. Hasta finales de enero de 1939 dirige con Andr? Malraux -por encargo del gobierno espa?ol- la pel?cula Sierra de Teruel basada en la novela de aqu?l L'Espoir.

Max Aub con el poeta Le?n Felipe (Archivo Fundaci?n Max Aub)

M?s all? del olvido: Aub ?testigo? en el siglo XXI
La guerra espa?ola empez? ya en el llamado Desastre del 98 y acab? en tragedia. Max fue consciente de que no supimos aprender el ejemplo de la Primera Guerra Mundial, de que nuestro sistema pol?tico fue incapaz de afrontar las reformas necesarias para modernizar un pa?s abocado a la violencia y a la sinraz?n de las armas. Contradictoriamente, fue una Espa?a de gran esplendor cultural, la ya conocida como Edad de Plata. Vuelven a coincidir extra?amente momentos hist?ricos cr?ticos y floraci?n cultural. Y Aub se inicia en la experimentaci?n vanguardista para evolucionar hacia una po?tica y una actitud cada vez m?s comprometida, primero con la cultura republicana, despu?s con la lucha antifascista.Despu?s vendr?n a?os de exilio, campos de concentraci?n y olvido. Su biograf?a es una biograf?a de sufrimiento y entrega, como la de tantos otros espa?oles en los duros a?os de la postguerra. Su voluntad de supervivencia le ayud? a escapar de los campos de concentraci?n franceses en el norte de ?frica, adonde fue enviado mediante falsas denuncias. La dureza de aquellos a?os nos dan el tono de un autor europeo a la altura de las circunstancias, como testimonia su poemario Diario de Djelfa, aut?ntico relato de las condiciones extremas sufridas en aquellos d?as, prueba de nuevo de que la sinraz?n humana no tiene l?mites.

Y Max nos ha contemplado todos estos a?os desde el espejo sabio e irisado de sus libros. Fue consciente de que la misi?n del intelectual y del escritor del siglo XX fue mantenerse alerta desde una actitud cr?tica, sin concesiones, ser testigo de la sinraz?n y la barbarie de las armas y del exterminio para que nunca m?s vuelvan a repetirse. Su legado nos recuerda que en todo hombre existe ese fondo de violencia y ego?smo al que las circunstancias pueden convertir en partido y sistema pol?tico.
Su exilio en M?xico nos ha legado una obra literaria e intelectual copiosa, cuya significaci?n se revisar? en el pr?ximo Congreso Internacional ?MAX AUB: TESTIGO DEL SIGLO XX?, que se celebrar? en la Biblioteca Valenciana del 7 al 12 de abril, y que se complementar? con una exposici?n pl?stica y bibliogr?fica, entre otras muchas actividades que coordina el Patronato de la Fundaci?n. La celebraci?n de su centenario tiene especial significaci?n desde el sentido de la recuperaci?n de una parte fundamental de nuestro exilio cultural que, a trav?s de la Fundaci?n Max Aub, con sede en Segorbe, es ya patrimonio de todos los espa?oles.

Una de las obligaciones de una adecuada pol?tica cultural es conservar y promover la figura y la obra de aquellos autores que se convierten en arquetipos, sea por la especial riqueza de su obra, sea por la significaci?n de su vida en el contexto hist?rico valenciano y espa?ol. Ambas circunstancias se dan en nuestro caso. Aub pertenece a un grupo de intelectuales y escritores, junto a Apollinaire, Machado, Cocteau, Dos Passos, Faulkner, Gide, Malraux, Unamuno, Pirandello, Kafka...que se constituyen en s?ntomas y s?mbolos emblem?ticos de su tiempo. Pero para el autor literario, siempre es necesaria la conquista de un p?blico. Max lo tuvo siempre dif?cil, dadas las circunstancias en que se desarrollaron su vida y su obra. ?l busc? siempre ese equilibrio entre la libertad creativa y de conciencia, junto con la necesidad de encontrar lectores en el futuro inmediato, dada la imposibilidad de encontrarlos en el presente siempre incierto de un escritor trasterrado y exiliado.

Max Aub encarna el ejemplo del escritor que vive con la pluma en la mano, humano y demasiado humano hasta el compromiso final. Es un hombre y un intelectual paradigm?tico en la historia cultural espa?ola del siglo XX, cuyo nacimiento conmemoraremos este a?o recuperando su memoria para el patrimonio cultural valenciano y espa?ol, que ya es decir universal.


Publicado por carmenlobo @ 8:29  | Literatura
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