jueves, 23 de febrero de 2006
JUAN JOSÉ MILLÁS

Mucha gente asegura que el feminismo carece a estas alturas de sentido, pero lo cierto es que, según el Foro Económico Mundial, la brecha que separa a los hombres de las mujeres continúa siendo estremecedora. España tiene el dudoso honor de ser uno de los países desarrollados con mayor desigualdad entre sexos. En lo que llevamos de año, por cierto, han muerto ya 22 mujeres a manos de sus maridos. Pese a la cifra, espectacular, este parámetro no ha sido utilizado en el estudio citado más arriba. Deberían haberlo tenido en cuenta, sobre todo porque durante ese tiempo ningún marido ha muerto a manos de su esposa. El otro día escuché una noticia increíble en el telediario: una resolución del Parlamento kuwaití permitirá de ahora en adelante votar a las mujeres. Quiere decirse que, pese los esfuerzas de Bush por democratizar la zona, aún no votaban. Por un momento creí que me había trasladado al siglo XIX.

El Foro Económico Mundial advierte, entre sus conclusiones, que «los países que no capitalizan todo el potencial de la mitad de sus sociedades están desaprovechando sus recursos humanos y poniendo en peligro su potencial competitivo». Ninguna alusión, como ven, a la falta de competitividad moral entre las sociedades más atrasadas y más adelantadas. Si se nos insta a luchar por la igualdad es para mejorar el producto interior bruto, no para resolver una injusticia. Si a usted o a mí nos hubieran encargado el discurso de clausura, nos habríamos perdido en consideraciones morales y filosóficas que habrían dormido al personal. Por eso quieren suprimir las humanidades de los planes de estudios, para que la gente tenga claro de una vez por qué es bueno que las mujeres y los hombres seamos iguales: para que produzcamos y consumamos más.

Usted y yo es que tenemos un defecto de origen que nos impide contemplar el mundo en términos exclusivamente económicos. Hacemos algunas cosas por gusto, sin pensar en la repercusión que tienen en la balanza de pagos. A ver si llamo al Foro Económico Mundial y me da una receta para ver las cosas como Dios manda. Quiero que mi vida tenga sentido.



Publicado por carmenlobo @ 8:38
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