Martes, 07 de febrero de 2006


El particularismo ling??stico rioplatense.
El plebeyismo idiom?tico en Argentina.
Lunfardos y cocoliches


Por Juan Ram?n Lodares

El 24 de febrero de 1946, Juan Domingo Per?n obtuvo un rotundo triunfo en las urnas. El 56 por ciento de los electores vot? su candidatura presidencial. En los m?tines, Per?n no trataba a los adversarios pol?ticos de tontos y desgraciados, que hubiera sido lo razonable, sino de pastenacas y chantapufis, o sea, lo mismo dicho en alguna de esas jergas porte?as tan comunes entonces.

Los opositores pol?ticos eran unos contreras y quienes apoyaban al peronismo, los grasas. F?rmulas de indudable ?xito que entonces te pod?an llevar a la Casa Rosada. Los peronistas ve?an en ellas la expresi?n popular, desgarrada y arrogante de un l?der al estilo de los viejos caudillos criollos. A poco de ganar las elecciones, en la paredes de Buenos Aires aparec?an pintadas como "Le ganamo a lo dotore". Los doctores eran, como puede suponerse, gente poco peronista y poco amiga de la grasa.

En s? misma, la oratoria peronista no era nueva. Segu?a una tradici?n muy antigua y muy arraigada en el Plata, una especie de plebeyismo ling??stico que consist?a en ganarse la voluntad de las masas procurando hablar como hablaban ellas. Hab?a algo de artificio en el procedimiento, pero era ?til. El peronismo debi? su ?xito propagand?stico a estos particulares usos (en la parte que le corresponde). Igual que en la campa?a presidencial de Eisenhower, en 1952, se ganaban las presidenciales con el lema "I like Ike", en la Argentina de los a?os cuarenta, un chantapufi o una tratativa (negociaci?n) bien puestos le ven?an muy bien al pol?tico populista.

En esto, no hab?an cambiado mucho las costumbres argentinas t?picas del siglo XIX. Sarmiento describe as? el pa?s: "Hab?a, antes de 1810, en la Rep?blica Argentina dos sociedades distintas, rivales e incompatibles, dos civilizaciones diversas: una, espa?ola, europea, culta, y la otra b?rbara, americana, casi ind?gena; y la revoluci?n de las ciudades s?lo iba a servir de causa, de m?vil, para que estas dos maneras distintas de ser de un pueblo se pusiesen en presencia una de otra, se acometiesen y, despu?s de largos a?os de luchas, la una absorbiese a la otra". La primera sociedad sol?a integrar el partido unitario y la segunda, el federal. El unitario se distingu?a por sus modales finos, su comportamiento ceremonioso, sus ademanes pomposamente cultos y su lenguaje altisonante y lleno de expresiones librescas. Para los unitarios, los federales eran unos gauchos o jiferos, o sea, unos b?rbaros. Para los federales, los unitarios eran unos cajetillas, o sea, unos afeminados. El pol?tico federal Juan Manuel Rosas advirti? que pod?a atraerse las simpat?as de la gente del pueblo, y ejercer su influencia sobre ella, precisamente hablando como un gaucho. Yas? lo hizo. El escritor Lucio V. Mansilla recuerda que aquellos a?os el lenguaje se pervirti? y circulaban "vocablos nuevos, ?speros, acres, no usados". Curiosamente, a pesar de su gusto confesado por las clases populares, el desprecio de los federales por los ind?genas era absoluto.Los consideraban salvajes. No se tomaron el trabajo de asimilarlos y, por la v?a militar, los fueron eliminando o provocaron su huida hacia otras zonas. De modo que el problema ling??stico que el indigenismo hubiera podido crear a la nueva rep?blica -buena parte del cual se lo hab?an planteado los misioneros espa?oles de anta?o- desapareci? por tan expeditivo y violento m?todo.

El plebeyismo idiom?tico reapareci? en los a?os presi denciales de Nicol?s Avellaneda, en 1880, cuando se produjo la revoluci?n de Carlos Tejedor. En .la llamada "resistencia" de Buenos Aires, el fervor localista fue tan grande que en los cuarteles, seg?n Ernesto Quesada, testigo de los hechos, "convivi? la juventud patricia con el compadraje y la chusma, tropa y oficialidad fraterniz?bamos y se establec?a, como v?nculo democr?tico com?n, el de un t?rmino medio equidistante en indumentaria y lenguaje". Seg?n el propio Quesada, la circunstancia ayud? a que en el habla diaria se imitara el rasgo popular, haci?ndolo deliberadamente cal? y descuidado, pues hab?a que demostrar que se era parte del pueblo y se exageraban los rasgos ling??sticos atribuidos a eso, al pueblo. Entonces se cantaban coplas como ?sta:

El castellano me esgunfia,
no me cabe otro batir
que cantar la copla en lunfa
porque es mi forma ? sentir.
Esgunfiar viene del italiano sgonfiare, "desinflar, desanimar", y la lunfa es el lunfardo, una jerga que apareci? en los barrios bajos bonaerenses y cuyas expresiones son una mezcla complicada de italianismos, galicismos, anglicismos y lusismos, todo revuelto, y que se difundi? por conventillos (casas de vecindad) , piringundines (verbenas) y ambientes del hampa. Las letras de los tangos se nutren de ella. En el barrio bonaerense de la Boca, como consecuencia del gran n?mero de inmigrantes que entraron en Argentina desde 1857 -unos quince mil al a?o hasta 1946- se gest? otra jerga italohispana, el cocoliche. Ha tenido menos fama que el lunfardo, porque para este ?ltimo, dado el anhelo que sent?an algunos argentinos por diferenciarse ling??sticamente, no ha faltado quienes lo defin?an como "el genuino lenguaje porte?o", consideraci?n evidentemente exagerada.

De aquellos d?as data el desaire que Juan Mar?a Guti?rrez le hizo a la Real Academia. En 1879, los ilusos acad?micos cre?an que le hac?an un honor nombr?ndolo miembro correspondiente de la docta casa. Guti?rrez destap? su argentinismo contest?ndoles que pod?an esperar sentados, porque no aceptaba tama?o honor. Es m?s, ?qu? pod?a ofrecer ?l, un bonaerense, a una academia espa?ola? Para Guti?rrez, el habla de Buenos Aires estaba en constante efervescencia gracias a la aportaci?n de los dialectos italianos, del catal?n, del gallego, del gal?s, del franc?s y del ingl?s --se conoce que all? no se hablaba nada llegado, por ejemplo, de La Mancha- y todas esas voces "cosmopolitizaban", con palabro de Guti?rrez, la tonada bonaerense. Era in?til pretender fijar tales corrientes seg?n moldes acad?micos; por lo menos ?l no se sent?a con ?nimos. Su amigo Juan Bautista Alberdi daba entonces la siguiente recomendaci?n: igual que Dante (observen: otro italiano) en su d?a llev? la lengua hablada en Florencia a los inmortales versos de la Divina comedia, los escritores porte?os deb?an reflejar en su prosa el castellano modificado que se hablaba en Buenos Aires, en vez de tener la vista puesta en los diccionarios que ven?an de Madrid. Otros autores, como Rafael Obligado o Alberto del Solar, no pensaban as? y defend?an el valor de una lengua com?n, sin casticismos que la interrumpieran.

El caso es que pol?micas de este tenor se han prolongado hasta mediados del siglo xx. El d?a que a don Am?rico Castro se le ocurri? escribir un libro poniendo el grito en el cielo sobre lo particulares y descuidados que eran los argentinos al hablar, y previendo que de seguir as? se iban a apartar de la corriente hisp?nica general -est?bamos en 1941-Jorge Luis Borges le contest?, en un art?culo titulado "Las alarmas del doctor Am?rico Castro", lo siguiente: "En cada una de sus p?ginas abunda en supersticiones convencionales [...]. A la err?nea y m?nima erudici?n, el doctor Castro a?ade el infatigable ejercicio de la zalamer?a, de la prosa rimada y del terrorismo".

Pero Castro no estaba entonces tan descaminado: que se sepa, la ?nica voz que en las altas instancias idiom?ticas ha defendido alguna vez el "derecho a la incorrecci?n" predicaba, no por casualidad, desde la Academia Argentina en 1943. Las altas instancias porte?as no dejaban de ser sorprendentes: un locutor de radio, cuyo m?rito dicen que era la verborrea, lleg? a alto cargo del Ministerio de Educaci?n. Una vez all?, segu?a hablando como si estuviera delante de los micr?fonos con finezas como utensillo (en vez de utensilio), ?ccido (en vez de ?cido), dejenmel?n (en vez de d?jenmelo), sientens?n (en vez de si?ntense) y cumplea?o, rompecabeza, " es usted un h?roe, se?orita", etc., etc.; visto lo visto, el acad?mico Luis Alfonso habl? sobre la conveniencia de estudiar el idioma para quienes ten?an responsabilidades en cargos p?blicos, a lo que el aludido contest?: "No es urgente hacerlo. Total, el idioma no va a desaparecer por dejar de estudiarlo".

El desgarro idiom?tico argentino, junto a la man?a de una lengua nacional apartada de la norma com?n espa?ola, cedieron, y con ello, el ?ltimo frente de unas guerras idiom?ticas que se hab?an iniciado en los albores de la independencia americana. Hecho el balance, resulta que Argentina no s?lo ha dado extraordinarios escritores antiguos y modernos, -incluso en pleno fervor separatista dio figuras como Domingo Faustino Sarmiento o Estanislao del Campo- sino que desde mediados del siglo xx se iba a convertir en un foco editorial importante cuyas publicaciones se han distribuido por todo el mundo hisp?nico. Se ha explicado la raz?n del particular desapego al idioma apelando al genio de los argentinos, a cierta soberbia heredada de los espa?oles, a una afirmaci?n de su plenitud vital; se han querido ver razones humanas en la notable inmigraci?n que recibi? la zona, procedente de los m?s diversos pa?ses europeos, y que propici? la mezcla de lenguas muy distintas; se han querido ver razones hist?ricas en el hecho de que el Virreinato del Plata fuera el ?ltimo constituido y, por tanto, el de menor apego a Espa?a. Habr? un poco de todo. Lo cierto es que, todav?a en los a?os cuarenta, el nacionalismo argentino segu?a blandiendo la bandera de la lengua, con cierto ?xito en algunos sectores de la opini?n p?blica y en instituciones como la escuela, donde los ni?os debat?an si Argentina ten?a, o deber?a tener, lengua propia y c?mo denominarla. Era el ?ltimo resto ideol?gico de unas guerras idiom?ticas iniciadas en los a?os de Bol?var y San Mart?n. Amado Alonso le dedic? un trabajo cl?sico al caso.

Juan Ram?n Lodares es profesor de Lengua Espa?ola de la Universidad Aut?noma de Madrid y autor de varios libros, de uno de los cuales, "Gente de Cervantes. Historia humana del idioma espanol", nos autoriz? a extraer este texto. En esta obra, publicada por la Editorial Taurus, Lodares explica c?mo la lengua romance surgida hace mil a?os en el norte de la Pen?nsula Ib?rica llega al siglo XXI convertida en uno de los grandes idiomas internacionales.


Publicado por carmenlobo @ 7:23
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