Lunes, 06 de febrero de 2006
Ella empez? a mirarme en R?os Rosas.
J.J. Mill?s

Me met? en la l?nea 1 del metro porque creo que es la m?s larga y te da tiempo a todo. Estaba dispuesto a contar el n?mero de los que entraban y sal?an en cada estaci?n para ver si pod?a relacionar una cantidad con otra y descubr?a alg?n secreto num?rico semejante a los de las pir?mides de Egipto. Trabajo para una revista de temas esot?ricos y al director le encanta que le vayas con historias de ?stas. Al final me di cuenta de que era imposible llevar la contabilidad, incluso si te concentras en un solo vag?n, y escrib? un rollo, que tambi?n gust? mucho, sobre la gente que parece que va a entrar, pero al final se queda fuera, y la que parece que va a salir, pero al final se queda dentro.

Afirm? que el fen?meno ocurr?a sobre todo en Bilbao y el caso es que recibimos en la redacci?n un mont?n de cartas d?ndonos la raz?n. Gente que viv?a en esa zona nos contaba que ten?a que coger el metro, o bajarse de ?l, en la parada anterior, o en la posterior, porque hab?a una fuerza magn?tica que les imped?a hacerlo en esa parada. A veces, con estas cosas, aciertas sin querer. La cuesti?n es que desde entonces yo mismo me quedo como paralizado siempre que paso por Bilbao, donde, por otra parte, est? la redacci?n de la revista.

Pero a lo que iba es que una vez que renunci? a contar a los que entraban y sal?an, me concentr? en una chica de pelo corto que iba junto a la puerta y que no dejaba de mirarme desde R?os Rosas. Pens? que a lo mejor me conoc?a de la revista esot?rica, porque dan mis art?culos con una foto, aunque a veces se equivocan y meten la de un imb?cil que tiene un apellido parecido al m?o y que est? especializado en apariciones marianas. El caso es que me acerqu? un poco y comenc? a mirarla yo tambi?n, aunque procurando que mi mirada no resultara tan impertinente como la suya.

Entonces, de s?bito, me di cuenta de que la chica respiraba. Ya s? que todo el mundo respira, no es eso, lo que quiero decir es que vi su respiraci?n, como si la hubieran coloreado para distinguirla del resto de la atm?sfera. O sea, que ve?a el caudal de aire que entraba por sus narices, porque aspiraba por las narices, y luego lo ve?a salir por la boca un poco desgastado por el uso que las c?lulas o las bacterias hab?an hecho de ?l dentro de su cuerpo. Era fascinante y un poco enloquecedor en el mejor sentido, porque si le ves a alguien el aliento de ese modo es como si le vieras el alma y, claro, cuando le ves el alma a alguien te enamoras, aunque sepas que te va a hacer da?o.

En esto, advert? que tambi?n mi respiraci?n se diferenciaba del resto del aire y que ella pod?a verla como yo la suya. Entend? por qu? hab?a empezado a mirarme con esa intensidad en R?os Rosas. Entonces, aunque est?bamos como a medio metro de distancia y hab?a una cabeza oscilante entre los dos, nuestras respiraciones empezaron a jugar, quiero decir que se encontraban a medio camino y luego iban de su boca a la m?a ejecutando formas que nos hund?an en el delirio y nadie m?s que ella y yo nos d?bamos cuenta, y era como hacer el amor, como follar quiero decir en medio de todo el mundo. Y el ruido del tren era en realidad un aullido de placer, pero s?lo ella y yo lo sab?amos.

Desde entonces, coincid?amos sin hablar todos los d?as en la estaci?n de Plaza de Castilla y nos hac?amos la l?nea 1 entera sin parar de follar, con perd?n, ya digo, con nuestros alientos. Lo que pasa es que un d?a ella se baj? en Bilbao indic?ndome que la siguiera con la mirada. Pero como yo no puedo apearme en Bilbao por esa cosa paranormal que dec?a antes, me qued? dentro y ella se ha debido imaginar que me he cansado porque no he vuelto a verla en esta l?nea.



Tags: Juan jose Millas

Publicado por carmenlobo @ 7:20  | Millas, Juan Jose
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