Mi?rcoles, 25 de enero de 2006

Eduardo Galeano


Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me hab?a despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un ni?o del lugar, enclenque, haraposo, se acerc? a pedirme que le regalara una lapicera. No pod?a darle la lapicera que ten?a, por que la estaba usando en no s? que aburridas anotaciones, pero le ofrec? dibujarle un cerdito en la mano.

S?bitamente, se corri? la voz. De buenas a primeras me encontr? rodeado de un enjambre de ni?os que exig?an, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y fr?o, pieles de cuero quemado: hab?a quien quer?a un c?ndor y qui?n una serpiente, otros prefer?an loritos o lechuzas y no faltaba los que ped?an un fantasma o un drag?n.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostr? un reloj dibujado con tinta negra en su mu?eca:

-Me lo mand? un t?o m?o, que vive en Lima -dijo

-Y anda bien -le pregunt?

-Atrasa un poco -reconoci?.


Publicado por carmenlobo @ 7:58  | Galeano, Eduardo
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