Jueves, 19 de enero de 2006

Alfonso Aguil?
www.hacerfamilia.es



El oc?ano todo un abismo
En las primeras d?cadas del siglo XIX, los pueblos y pa?ses se aproximan con m?s rapidez que antes en milenios. La llegada del ferrocarril, del buque a vapor y, poco despu?s, del tel?grafo, suponen un cambio gigante en el ritmo y la medida de la velocidad con que se mueven las personas o las noticias.

A ese avance imparable se opone, sin embargo, un gran obst?culo. Mientras las palabras se propagan al instante de un extremo a otro de Europa, e incluso de Asia, gracias a los aisladores de porcelana colocados en los postes telegr?ficos, es imposible transmitir a trav?s del mar. Y aunque en 1851 se logra unir Inglaterra con el resto de Europa mediante un cable submarino, la posibilidad de hacer lo mismo cruzando todo el Atl?ntico parece a todos una utop?a irrealizable. Cualquier comunicaci?n entre Europa y Am?rica supone al menos dos o tres semanas de navegaci?n.

En aquellos a?os primeros de la electricidad, casi todos los factores permanecen a?n ignorados: nadie ha medido la profundidad del mar, se desconoce la geolog?a de sus fondos, no se sabe si un cable a semejante profundidad lograr? soportar las tremendas presiones abisales, no existen barcos capaces de transportar la carga que suponen los casi cuatro mil kil?metros de cable, y adem?s, nadie asegura que una se?al el?ctrica pueda mantenerse a lo largo de una distancia semejante. Todos consideran la idea como un imposible.

?xito aparente a la tercera
Pero, como escribi? Stefan Zweig relatando este episodio memorable, para que se realice un milagro, o algo milagroso, siempre ha sido preciso como primera condici?n que alguien tenga fe en ese milagro. En 1854, un joven empresario de 35 a?os llamado Cyrus W. Field, lleno de entusiasmo, se propone unir los dos continentes mediante un cable submarino, y con una energ?a dispuesta a vencer cualquier obst?culo pone manos a la obra.

Field busca el enorme capital necesario, acondiciona los buques, pone en marcha la fabricaci?n del cable y hace una primera tentativa en agosto de 1857, que fracasa por una fortuita rotura del hilo met?lico: un insignificante error t?cnico malogra el trabajo de a?os. Al verano siguiente vuelve a intentarlo, pero esta vez ser? una enorme tempestad quien frustre de nuevo el proyecto, pues diez d?as de tremendo temporal dejan da?ados tanto uno de los buques como algunas de las grandes bobinas que llevaba en sus bodegas, con lo que no hay suficiente cable para cubrir la distancia requerida. El tercer viaje, que se realiza un mes despu?s, tiene que superar fuertes presiones de la mayor?a de los inversores, que consideran mejor vender el cable que queda y renunciar a un proyecto que ven cada vez m?s arriesgado. Pero la traves?a termina con un ?xito espectacular, pues se logra enlazar el cable sin contratiempos y Field es recibido en Am?rica en medio de grandes festejos y celebraciones.

La voluntad humana
Sin embargo, a los pocos d?as el tel?grafo deja de funcionar. El descomunal entusiasmo, la ola apasionada del j?bilo, se convierte de repente en otra de maliciosa amargura e inculpaci?n contra Field, que tiene que esconderse como un criminal de quienes ayer eran sus amigos y admiradores.

Por espacio de seis a?os el cable permanece olvidado en el mar, y el proyecto m?s audaz del siglo XIX vuelve a convertirse en una leyenda. Nadie piensa en reanudar la obra lograda a medias. Parece que la terrible derrota hab?a paralizado todas las fuerzas y ahogado todo entusiasmo. Sin embargo, en 1865 el proyecto se relanza de nuevo. Aun cuando fracasa la primera tentativa, y dos d?as antes de llegar a la meta el cable se rompe y el oc?ano se traga otra vez 600.000 libras esterlinas, al verano siguiente, el 27 de julio de 1866, el proyecto es coronado por el ?xito definitivo.

Este episodio es una prueba m?s de c?mo el valor ingenuo de un hombre sin experiencia puede encerrar un gran impulso creador, precisamente en las ocasiones en que todos los entendidos titubean. La nueva fuerza milagrosa de la ?poca, la electricidad, se mezcl? con el elemento din?mico m?s fuerte de la naturaleza: la voluntad humana.


Publicado por carmenlobo @ 8:17
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