Viernes, 30 de diciembre de 2005
Capitalismo

Sistema econ?mico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producci?n y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados. Aunque tiene sus or?genes en la antig?edad, el desarrollo del capitalismo es un fen?meno europeo; fue evolucionando en distintas etapas, hasta considerarse establecido en la segunda mitad del siglo XIX. Desde Europa, y en concreto desde Inglaterra, el sistema capitalista se fue extendiendo a todo el mundo, siendo el sistema socioecon?mico casi exclusivo en el ?mbito mundial hasta el estallido de la I Guerra Mundial, tras la cual se estableci? un nuevo sistema socioecon?mico, el comunismo, que se convirti? en el opuesto al capitalista.

El t?rmino kapitalism fue acu?ado a mediados del siglo XIX por el economista alem?n Karl Marx. Otras expresiones sin?nimas de capitalismo son sistema de libre empresa y econom?a de mercado, que se utilizan para referirse a aquellos sistemas socioecon?micos no comunistas. Algunas veces se utiliza el t?rmino econom?a mixta para describir el sistema capitalista con intervenci?n del sector p?blico que predomina en casi todas las econom?as de los pa?ses industrializados.

Se puede decir que, de existir un fundador del sistema capitalista, ?ste es el fil?sofo escoc?s Adam Smith, que fue el primero en describir los principios econ?micos b?sicos que definen al capitalismo. En su obra cl?sica Investigaci?n sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), Smith intent? demostrar que era posible buscar la ganancia personal de forma que no s?lo se pudiera alcanzar el objetivo individual sino tambi?n la mejora de la sociedad. Los intereses sociales radican en lograr el m?ximo nivel de producci?n de los bienes que la gente desea poseer. Con una frase que se ha hecho famosa, Smith dec?a que la combinaci?n del inter?s personal, la propiedad y la competencia entre vendedores en el mercado llevar?a a los productores, "gracias a una mano invisible", a alcanzar un objetivo que no hab?an buscado de manera consciente: el bienestar de la sociedad.



Caracter?sticas del capitalismo

A lo largo de su historia, pero sobre todo durante su auge en la segunda mitad del siglo XIX, el capitalismo tuvo una serie de caracter?sticas b?sicas. En primer lugar, los medios de producci?n ?tierra y capital? son de propiedad privada. En este contexto el capital se refiere a los edificios, la maquinaria y otras herramientas utilizadas para producir bienes y servicios destinados al consumo. En segundo lugar, la actividad econ?mica aparece organizada y coordinada por la interacci?n entre compradores y vendedores (o productores) que se produce en los mercados. En tercer lugar, tanto los propietarios de la tierra y el capital como los trabajadores, son libres y buscan maximizar su bienestar, por lo que intentan sacar el mayor partido posible de sus recursos y del trabajo que utilizan para producir; los consumidores pueden gastar como y cuando quieran sus ingresos para obtener la mayor satisfacci?n posible. Este principio, que se denomina soberan?a del consumidor, refleja que, en un sistema capitalista, los productores se ver?n obligados, debido a la competencia, a utilizar sus recursos de forma que puedan satisfacer la demanda de los consumidores; el inter?s personal y la b?squeda de beneficios les lleva a seguir esta estrategia. En cuarto lugar, bajo el sistema capitalista el control del sector privado por parte del sector p?blico debe ser m?nimo; se considera que si existe competencia, la actividad econ?mica se controlar? a s? misma; la actividad del gobierno s?lo es necesaria para gestionar la defensa nacional, hacer respetar la propiedad privada y garantizar el cumplimiento de los contratos. Esta visi?n decimon?nica del papel del Estado en el sistema capitalista ha cambiado mucho durante el siglo XX.



Or?genes

Tanto los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilizaci?n, pero el capitalismo como sistema econ?mico no apareci? hasta el siglo XIII en Europa sustituyendo al feudalismo. Seg?n Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a "realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras". Este impulso natural hacia el comercio y el intercambio fue acentuado y fomentado por las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las grandes traves?as y expediciones de los siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio, sobre todo tras el descubrimiento del Nuevo Mundo y la entrada en Europa de ingentes cantidades de metales preciosos provenientes de aquellas tierras. El orden econ?mico resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo objetivo principal consist?a en intercambiar bienes y no en producirlos. La importancia de la producci?n no se hizo patente hasta la Revoluci?n industrial que tuvo lugar en el siglo XIX.

Sin embargo, ya antes del inicio de la industrializaci?n hab?a aparecido una de las figuras m?s caracter?sticas del capitalismo, el empresario, que es, seg?n Schumpeter, el individuo que asume riesgos econ?micos. Un elemento clave del capitalismo es la iniciaci?n de una actividad con el fin de obtener beneficios en el futuro; puesto que ?ste es desconocido, tanto la posibilidad de obtener ganancias como el riesgo de incurrir en p?rdidas son dos resultados posibles, por lo que el papel del empresario consiste en asumir el riesgo de tener p?rdidas.

El camino hacia el capitalismo a partir del siglo XIII fue allanado gracias a la filosof?a del renacimiento y de la Reforma. Estos movimientos cambiaron de forma dr?stica la sociedad, facilitando la aparici?n de los modernos Estados nacionales que proporcionaron las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo del capitalismo. Este crecimiento fue posible gracias a la acumulaci?n del excedente econ?mico que generaba el empresario privado y a la reinversi?n de este excedente para generar mayor crecimiento.

Mercantilismo

Desde el siglo XV hasta el siglo XVIII, cuando aparecieron los modernos Estados nacionales, el capitalismo no s?lo ten?a una faceta comercial, sino que tambi?n dio lugar a una nueva forma de comerciar, denominada mercantilismo. Esta l?nea de pensamiento econ?mico, este nuevo capitalismo, alcanz? su m?ximo desarrollo en Inglaterra y Francia.

El sistema mercantilista se basaba en la propiedad privada y en la utilizaci?n de los mercados como forma de organizar la actividad econ?mica. A diferencia del capitalismo de Adam Smith, el objetivo fundamental del mercantilismo consist?a en maximizar el inter?s del Estado soberano, y no el de los propietarios de los recursos econ?micos fortaleciendo as? la estructura del naciente Estado nacional. Con este fin, el gobierno ejerc?a un control de la producci?n, del comercio y del consumo.

La principal caracter?stica del mercantilismo era la preocupaci?n por acumular riqueza nacional, materializ?ndose ?sta en las reservas de oro y plata que tuviera un Estado. Dado que los pa?ses no ten?an grandes reservas naturales de estos metales preciosos, la ?nica forma de acumularlos era a trav?s del comercio. Esto supon?a favorecer una balanza comercial positiva o, lo que es lo mismo, que las exportaciones superaran en volumen y valor a las importaciones, ya que los pagos internacionales se realizaban con oro y plata. Los Estados mercantilistas intentaban mantener salarios bajos para desincentivar las importaciones, fomentar las exportaciones y aumentar la entrada de oro.

M?s tarde, algunos te?ricos de la econom?a como David Hume comprendieron que la riqueza de una naci?n no se asentaba en la cantidad de metales preciosos que tuviese almacenada, sino en su capacidad productiva. Se dieron cuenta que la entrada de oro y plata elevar?a el nivel de actividad econ?mica, lo que permitir?a a los Estados aumentar su recaudaci?n impositiva, pero tambi?n supondr?a un aumento del dinero en circulaci?n, y por tanto mayor inflaci?n, lo que reducir?a su capacidad exportadora y har?a m?s baratas las importaciones por lo que, al final del proceso, saldr?an metales preciosos del pa?s.

Sin embargo, pocos gobiernos mercantilistas comprendieron la importancia de este mecanismo.

Inicios del capitalismo moderno

Dos acontecimientos propiciaron la aparici?n del capitalismo moderno; los dos se produjeron durante la segunda mitad del siglo XVIII. El primero fue la aparici?n en Francia de los fisi?cratas desde mediados de este siglo; el segundo fue la publicaci?n de las ideas de Adam Smith sobre la teor?a y pr?ctica del mercantilismo.

Los fisi?cratas

El t?rmino fisiocracia se aplica a una escuela de pensamiento econ?mico que suger?a que en econom?a exist?a un orden natural que no requiere la intervenci?n del Estado para mejorar las condiciones de vida de las personas. La figura m?s destacada de la fisiocracia fue el economista franc?s Fran?ois Quesnay, que defini? los principios b?sicos de esta escuela de pensamiento en Le Tableau ?conomique (1758), un diagrama en el que explicaba los flujos de dinero y de bienes que constituyen el n?cleo b?sico de una econom?a. Simplificando, los fisi?cratas pensaban que estos flujos eran circulares y se retroalimentaban. Sin embargo la idea m?s importante de los fisi?cratas era su divisi?n de la sociedad en tres clases: una clase productiva formada por los agricultores, los pescadores y los mineros, que constitu?an el 50% de la poblaci?n; la clase propietaria, o clase est?ril, formada por los terratenientes, que representaban la cuarta parte, y los artesanos, que constitu?an el resto.

La importancia del Tableau de Quesnay radicaba en su idea de que s?lo la clase agr?cola era capaz de producir un excedente econ?mico, o producto neto. El Estado pod?a utilizar este excedente para aumentar el flujo de bienes y de dinero o pod?a cobrar impuestos para financiar sus gastos. El resto de las actividades, como las manufacturas, eran consideradas est?riles porque no creaban riqueza sino que s?lo transformaban los productos de la clase productiva. (El confucionismo ortodoxo chino ten?a principios parecidos a estas ideas). Este principio fisiocr?tico era contrario a las ideas mercantilistas. Si la industria no crea riqueza, es in?til que el Estado intente aumentar la riqueza de la sociedad dirigiendo y regulando la actividad econ?mica.

La doctrina de Adam Smith
Las ideas de Adam Smith no s?lo fueron un tratado sistem?tico de econom?a; fueron un ataque frontal a la doctrina mercantilista. Al igual que los fisi?cratas, Smith intentaba demostrar la existencia de un orden econ?mico natural, que funcionar?a con m?s eficacia cuanto menos interviniese el Estado. Sin embargo, a diferencia de aqu?llos, Smith no pensaba que la industria no fuera productiva, o que el sector agr?cola era el ?nico capaz de crear un excedente econ?mico; por el contrario, consideraba que la divisi?n del trabajo y la ampliaci?n de los mercados abr?an posibilidades ilimitadas para que la sociedad aumentara su riqueza y su bienestar mediante la producci?n especializada y el comercio entre las naciones.

As? pues, tanto los fisi?cratas como Smith ayudaron a extender las ideas de que los poderes econ?micos de los Estados deb?an ser reducidos y de que exist?a un orden natural aplicable a la econom?a. Sin embargo fue Smith m?s que los fisi?cratas, quien abri? el camino de la industrializaci?n y de la aparici?n del capitalismo moderno en el siglo XIX.

La industrializaci?n

Las ideas de Smith y de los fisi?cratas crearon la base ideol?gica e intelectual que favoreci? el inicio de la Revoluci?n industrial, t?rmino que sintetiza las transformaciones econ?micas y sociales que se produjeron durante el siglo XIX. Se considera que el origen de estos cambios se produjo a finales del siglo XVIII en Gran Breta?a.

La caracter?stica fundamental del proceso de industrializaci?n fue la introducci?n de la mec?nica y de las m?quinas de vapor para reemplazar la tracci?n animal y humana en la producci?n de bienes y servicios; esta mecanizaci?n del proceso productivo supuso una serie de cambios fundamentales: el proceso de producci?n se fue especializando y concentrando en grandes centros denominados f?bricas; los artesanos y las peque?as tiendas del siglo XVIII no desaparecieron pero fueron relegados como actividades marginales; surgi? una nueva clase trabajadora que no era propietaria de los medios de producci?n por lo que ofrec?an trabajo a cambio de un salario monetario; la aplicaci?n de m?quinas de vapor al proceso productivo provoc? un espectacular aumento de la producci?n con menos costes. La consecuencia ?ltima fue el aumento del nivel de vida en todos los pa?ses en los que se produjo este proceso a lo largo del siglo XIX.

El desarrollo del capitalismo industrial tuvo importantes costes sociales. Al principio, la industrializaci?n se caracteriz? por las inhumanas condiciones de trabajo de la clase trabajadora. La explotaci?n infantil, las jornadas laborales de 16 y 18 horas, y la insalubridad y peligrosidad de las f?bricas eran circunstancias comunes. Estas condiciones llevaron a que surgieran numerosos cr?ticos del sistema que defend?an distintos sistemas de propiedad comunitaria o socializado; son los llamados socialistas ut?picos. Sin embargo, el primero en desarrollar una teor?a coherente fue Karl Marx, que pas? la mayor parte de su vida en Inglaterra, pa?s precursor del proceso de industrializaci?n, y autor de Das Kapital (El capital, 3 vol?menes, 1867-1894). La obra de Marx, base intelectual de los sistemas comunistas que predominaron en la antigua Uni?n Sovi?tica, atacaba el principio fundamental del capitalismo: la propiedad privada de los medios de producci?n. Marx pensaba que la tierra y el capital deb?an pertenecer a la comunidad y que los productos del sistema deb?an distribuirse en funci?n de las distintas necesidades.

Con el capitalismo aparecieron los ciclos econ?micos: periodos de expansi?n y prosperidad seguidos de recesiones y depresiones econ?micas que se caracterizan por la discriminaci?n de la actividad productiva y el aumento del desempleo. Los economistas cl?sicos que siguieron las ideas de Adam Smith no pod?an explicar estos altibajos de la actividad econ?mica y consideraban que era el precio inevitable que hab?a que pagar por el progreso que permit?a el desarrollo capitalista. Las cr?ticas marxistas y las frecuentes depresiones econ?micas que se suced?an en los principales pa?ses capitalistas ayudaron a la creaci?n de movimientos sindicales que luchaban para lograr aumentos salariales, disminuci?n de la jornada laboral y mejores condiciones laborales.

A finales del siglo XIX, sobre todo en Estados Unidos, empezaron a aparecer grandes corporaciones de responsabilidad limitada que ten?an un enorme poder financiero. La tendencia hacia el control corporativo del proceso productivo llev? a la creaci?n de acuerdos entre empresas, monopolios o trusts que permit?an el control de toda una industria. Las restricciones al comercio que supon?an estas asociaciones entre grandes corporaciones provoc? la aparici?n, por primera vez en Estados Unidos, y m?s tarde en todos los dem?s pa?ses capitalistas, de una legislaci?n antitrusts, que intentaba impedir la formaci?n de trusts que formalizaran monopolios e impidieran la competencia en las industrias y en el comercio. Las leyes antitrusts no consiguieron restablecer la competencia perfecta caracterizada por muchos peque?os productores con la que so?aba Adam Smith, pero impidi? la creaci?n de grandes monopolios que limitaran el libre comercio.

A pesar de estas dificultades iniciales, el capitalismo sigui? creciendo y prosperando casi sin restricciones a lo largo del siglo XIX. Logr? hacerlo as? porque demostr? una enorme capacidad para crear riqueza y para mejorar el nivel de vida de casi toda la poblaci?n. A finales del siglo XIX, el capitalismo era el principal sistema socioecon?mico mundial.

El capitalismo en el siglo XX

Durante casi todo el siglo XX, el capitalismo ha tenido que hacer frente a numerosas guerras, revoluciones y depresiones econ?micas. La I Guerra Mundial provoc? el estallido de la revoluci?n en Rusia. La guerra tambi?n foment? el nacionalsocialismo en Alemania, una perversa combinaci?n de capitalismo y socialismo de Estado, reunidos en un r?gimen cuya violencia y ansias de expansi?n provocaron un segundo conflicto b?lico a escala mundial. A finales de la II Guerra Mundial, los sistemas econ?micos comunistas se extendieron por China y por toda Europa oriental. Sin embargo, al finalizar la Guerra fr?a, a finales de la d?cada de 1980, los pa?ses del bloque sovi?tico empezaron a adoptar sistemas de libre mercado, aunque con resultados ambiguos. China es el ?nico gran pa?s que sigue teniendo un r?gimen marxista, aunque se empezaron a desarrollar medidas de liberalizaci?n y a abrir algunos mercados a la competencia exterior. Muchos pa?ses en v?as de desarrollo, con tendencias marxistas cuando lograron su independencia, se tornan ahora hacia sistemas econ?micos m?s o menos capitalistas, en b?squeda de soluciones para sus problemas econ?micos.

En las democracias industrializadas de Europa y Estados Unidos, la mayor prueba que tuvo que superar el capitalismo se produjo a partir de la d?cada de 1930. La Gran Depresi?n fue, sin duda, la m?s dura crisis a la que se enfrent? el capitalismo desde sus inicios en el siglo XVIII. Sin embargo, y a pesar de las predicciones de Marx, los pa?ses capitalistas no se vieron envueltos en grandes revoluciones. Por el contrario, al superar el desaf?o que represent? esta crisis, el sistema capitalista mostr? una enorme capacidad de adaptaci?n y de supervivencia. No obstante, a partir de ella, los gobiernos democr?ticos empezaron a intervenir en sus econom?as para mitigar los inconvenientes y las injusticias que crea el capitalismo.

As?, en Estados Unidos el New Deal de Franklin D. Roosevelt reestructur? el sistema financiero para evitar que se repitiesen los movimientos especulativos que provocaron el crack de Wall Street en 1929. Se emprendieron acciones para fomentar la negociaci?n colectiva y crear movimientos sociales de trabajadores que dificultaran la concentraci?n del poder econ?mico en unas pocas grandes corporaciones industriales. El desarrollo del Estado del bienestar se consigui? gracias al sistema de la Seguridad Social y a la creaci?n del seguro de desempleo, que pretend?an proteger a las personas de las ineficiencias econ?micas inherentes al sistema capitalista.

El acontecimiento m?s importante de la historia reciente del capitalismo fue la publicaci?n de la obra de John Maynard Keynes, La teor?a general del empleo, el inter?s y el dinero (1936). Al igual que las ideas de Adam Smith en el siglo XVIII, el pensamiento de Keynes modific? en lo m?s profundo las ideas capitalistas, cre?ndose una nueva escuela de pensamiento econ?mico denominada keynesianismo.

Keynes demostr? que un gobierno puede utilizar su poder econ?mico, su capacidad de gasto, sus impuestos y el control de la oferta monetaria para paliar, e incluso en ocasiones eliminar, el mayor inconveniente del capitalismo: los ciclos de expansi?n y depresi?n. Seg?n Keynes, durante una depresi?n econ?mica el gobierno debe aumentar el gasto p?blico, aun a costa de incurrir en d?ficits presupuestarios, para compensar la ca?da del gasto privado. En una etapa de expansi?n econ?mica, la reacci?n debe ser la contraria si la expansi?n est? provocando movimientos especulativos e inflacionistas.

Previsiones de futuro

Durante los 25 a?os posteriores a la II Guerra Mundial, la combinaci?n de las ideas keynesianas con el capitalismo generaron una enorme expansi?n econ?mica. Todos los pa?ses capitalistas, tambi?n aqu?llos que perdieron la guerra, lograron un crecimiento constante, con bajas tasas de inflaci?n y crecientes niveles de vida. Sin embargo a principios de la d?cada de 1960 la inflaci?n y el desempleo empezaron a crecer en todas las econom?as capitalistas, en las que las f?rmulas keynesianas hab?an dejado de funcionar. La menor oferta de energ?a y los crecientes costos de la misma (en especial del petr?leo) fueron las principales causas de este cambio. Aparecieron nuevas demandas, como por ejemplo la exigencia de limitar la contaminaci?n medioambiental, fomentar la igualdad de oportunidades y salarial para las mujeres y las minor?as, y la exigencia de indemnizaciones por da?os causados por productos en mal estado o por accidentes laborales. Al mismo tiempo el gasto en materia social de los gobiernos segu?a creciendo, as? como la mayor intervenci?n de ?stos en la econom?a.

Es necesario enmarcar esta situaci?n en la perspectiva hist?rica del capitalismo, destacando su enorme versatilidad y flexibilidad. Los acontecimientos ocurridos en este siglo, sobre todo desde la Gran Depresi?n, muestran que el capitalismo de econom?a mixta o del Estado del bienestar ha logrado afianzarse en la econom?a, consiguiendo evitar que las grandes recesiones econ?micas puedan prolongarse y crear una crisis tan grave como la de la d?cada de 1930. Esto ya es un gran logro y se ha podido alcanzar sin limitar las libertades personales ni las libertades pol?ticas que caracterizan a una democracia.

La inflaci?n de la d?cada de 1970 se redujo a principios de la d?cada de 1980, gracias a dos hechos importantes. En primer lugar, las pol?ticas monetarias y fiscales restrictivas de 1981-1982 provocaron una fuerte recesi?n en Estados Unidos, Europa Occidental y el Sureste Asi?tico. El desempleo aument?, pero la inflaci?n se redujo. En segundo lugar, los precios de la energ?a cayeron al reducirse el consumo mundial de petr?leo. Mediada la d?cada, casi todos las econom?as occidentales se hab?an recuperado de la recesi?n. La reacci?n ante el keynesianismo se tradujo en un giro hacia pol?ticas monetaristas con privatizaciones y otras medidas tendentes a reducir el tama?o del sector p?blico.

Las crisis burs?tiles de 1987 marcaron el principio de un periodo de inestabilidad financiera. El crecimiento econ?mico se ralentiz? y muchos pa?ses en los que la deuda p?blica, la de las empresas y la de los individuos hab?an alcanzado niveles sin precedente, entraron en una profunda crisis con grandes tasas de desempleo a principios de la d?cada de 1990. La recuperaci?n empez? a mitad de esta d?cada, aunque los niveles de desempleo siguen siendo elevados, pero se mantiene una pol?tica de cautela a la vista de los excesos de la d?cada anterior.

El principal objetivo de los pa?ses capitalistas consiste en garantizar un alto nivel de empleo al tiempo que se pretende mantener la estabilidad de los precios. Es, sin duda, un objetivo muy ambicioso pero, a la vista de la flexibilidad del sistema capitalista, no s?lo resulta razonable sino, tambi?n, asequible.





Liberalismo

Doctrinario econ?mico, pol?tico y hasta filos?fico que aboga como premisa principal por el desarrollo de la libertad personal individual y, a partir de ?sta, por el progreso de la sociedad. Hoy en d?a se considera que el objetivo pol?tico del neoliberalismo es la democracia, pero en el pasado muchos liberales consideraban este sistema de gobierno como algo poco saludable por alentar la participaci?n de las masas en la vida pol?tica. A pesar de ello, el liberalismo acab? por confundirse con los movimientos que pretend?an transformar el orden social existente mediante la profundizaci?n de la democracia. Debe distinguirse pues entre el liberalismo que propugna el cambio social de forma gradual y flexible, y el radicalismo, que considera el cambio social como algo fundamental que debe realizarse a trav?s de distintos principios de autoridad.

El desarrollo del liberalismo en un pa?s concreto, desde una perspectiva general, se halla condicionado por el tipo de gobierno con que cuente ese pa?s. Por ejemplo, en los pa?ses en que los estamentos pol?ticos y religiosos est?n disociados, el liberalismo implica, en s?ntesis, cambios pol?ticos y econ?micos. En los pa?ses confesionales o en los que la Iglesia goza de gran influencia sobre el Estado, el liberalismo ha estado hist?ricamente unido al anticlericalismo. En pol?tica interior, los liberales se oponen a las restricciones que impiden a los individuos ascender socialmente, a las limitaciones a la libertad de expresi?n o de opini?n que establece la censura y a la autoridad del Estado ejercida con arbitrariedad e impunidad sobre el individuo. En pol?tica internacional los liberales se oponen al predominio de intereses militares en los asuntos exteriores, as? como a la explotaci?n colonial de los pueblos ind?genas, por lo que han intentado implantar una pol?tica cosmopolita de cooperaci?n internacional. En cuanto a la econom?a, los liberales han luchado contra los monopolios y las pol?ticas de Estado que han intentado someter la econom?a a su control. Respecto a la religi?n, el liberalismo se ha opuesto tradicionalmente a la interferencia de la Iglesia en los asuntos p?blicos y a los intentos de grupos religiosos para influir sobre la opini?n p?blica.

A veces se hace una distinci?n entre el llamado liberalismo negativo y el liberalismo positivo. Entre los siglos XVII y XIX, los liberales lucharon en primera l?nea contra la opresi?n, la injusticia y los abusos de poder, al tiempo que defend?an la necesidad de que las personas ejercieran su libertad de forma pr?ctica, concreta y material. Hacia mediados del siglo XIX, muchos liberales desarrollaron un programa m?s pragm?tico que abogaba por una actividad constructiva del Estado en el campo social, manteniendo la defensa de los intereses individuales. Los seguidores actuales del liberalismo m?s antiguo rechazan este cambio de actitud y acusan al liberalismo pragm?tico de autoritarismo camuflado. Los defensores de este tipo de liberalismo argumentan que la Iglesia y el Estado no son los ?nicos obst?culos en el camino hacia la libertad, y que la pobreza tambi?n puede limitar las opciones en la vida de una persona, por lo que aqu?lla debe ser controlada por la autoridad real.

Humanismo

Despu?s de la edad media, el liberalismo se expres? quiz? por primera vez en Europa bajo la forma del humanismo, que reorientaba el pensamiento del siglo XV para el que el mundo (y el orden social), emanaba de la voluntad divina. En su lugar, se tomaron en consideraci?n las condiciones y potencialidad de los seres humanos. El humanismo se desarroll? a?n m?s con la invenci?n de la imprenta que increment? el acceso de las personas al conocimiento de los cl?sicos griegos y romanos. La publicaci?n de versiones en lenguas vern?culas de la Biblia favoreci? la elecci?n religiosa individual. Durante el renacimiento el humanismo se impregn? de los principios que reg?an las artes y la especulaci?n filos?fica y cient?fica. Durante la Reforma protestante, en algunos pa?ses de Europa, el humanismo luch? con intensidad contra los abusos de la Iglesia oficial.

Seg?n avanzaba el proceso de transformaci?n social, los objetivos y preocupaciones del liberalismo evolucionaron. Pervivi?, sin embargo, una filosof?a social humanista que buscaba el desarrollo de las oportunidades de los seres humanos, y as? tambi?n las alternativas sociales, pol?ticas y econ?micas para la expresi?n personal a trav?s de la eliminaci?n de los obst?culos a la libertad individual.

El liberalismo moderno

En el siglo XVII, durante la Guerra Civil inglesa, algunos miembros del Parlamento empezaron a debatir ideas liberales como la ampliaci?n del sufragio, el sistema legislativo, las responsabilidades del gobierno y la libertad de pensamiento y opini?n. Las pol?micas de la ?poca engendraron uno de los cl?sicos de las doctrinas liberales: Areopagitica (1644), un tratado del poeta y prosista John Milton en el que ?ste defend?a la libertad de pensamiento y de expresi?n. Uno de los mayores oponentes al pensamiento liberal, el fil?sofo Thomas Hobbes, contribuy? sin embargo al desarrollo del liberalismo a pesar de que apoyaba una intervenci?n absoluta y sin restricciones del Estado en los asuntos de la vida p?blica. Hobbes pensaba que la verdadera prueba para los gobernantes deb?a ser por su efectividad y no por su apoyo doctrinal a la religi?n o a la tradici?n. Su pragm?tico punto de vista sobre el gobierno, que defend?a la igualdad de los ciudadanos, allan? el camino hacia la cr?tica libre al poder y hacia el derecho a la revoluci?n, conceptos que el propio Hobbes repudiaba con virulencia.

John Locke

Uno de los primeros y m?s influyentes pensadores liberales fue el fil?sofo ingl?s John Locke. En sus escritos pol?ticos defend?a la soberan?a popular, el derecho a la rebeli?n contra la tiran?a y la tolerancia hacia las minor?as religiosas. Seg?n el pensamiento de Locke y de sus seguidores, el Estado no existe para la salvaci?n espiritual de los seres humanos sino para servir a los ciudadanos y garantizar sus vidas, su libertad y sus propiedades bajo una constituci?n.

Gran parte de las ideas de Locke se ven reflejadas en la obra del pensador pol?tico y escritor ingl?s Thomas Paine, seg?n el cual la autoridad de una generaci?n no puede transmitirse a sus herederos, que si bien el Estado puede ser necesario eso no lo hace menos malo, y que la ?nica religi?n que se puede pedir a las personas libres es la creencia en un orden divino. Thomas Jefferson tambi?n se adhiri? a las ideas de Locke en la Declaraci?n de Independencia y en otros discursos en defensa de la revoluci?n, en los que atacaba al gobierno paternalista y defend?a la libre expresi?n de las ideas.

En Francia la filosof?a de Locke fue rescatada y enriquecida por la Ilustraci?n francesa y de forma m?s destacable por el escritor y fil?sofo Voltaire, el cual insist?a en que el Estado era superior a la Iglesia y ped?a la tolerancia para todas las religiones, la abolici?n de la censura, un castigo m?s humano hacia los criminales y una organizaci?n pol?tica s?lida que se guiara s?lo por leyes dirigidas contra las fuerzas opuestas al progreso social y a las libertades individuales. Para Voltaire, al igual que para el fil?sofo y dramaturgo franc?s Denis Diderot, el Estado es un mecanismo para la creaci?n de felicidad y un instrumento activo dise?ado para controlar a una nobleza y una Iglesia muy poderosas. Ambos consideraban ambas instituciones como las dedicadas con mayor intemperancia al mantenimiento de las antiguas formas de poder. En Espa?a y Latinoam?rica, a comienzos del siglo XIX se generaliz? entre los pensadores y pol?ticos ilustrados una poderosa corriente de opini?n liberal. La propia palabra ?liberal? aplicada a cuestiones pol?ticas y de partido se utiliz? por vez primera en las sesiones de las Cortes de C?diz y sirvi? para caracterizar a uno de los grupos all? presentes. Entre los primeros y m?s destacados pensadores y pol?ticos liberales espa?oles se hallaban el jurista Agust?n de Arg?elles, el conde de Toreno y ?lvaro Fl?rez Estrada, entre otros. En Latinoam?rica, las nuevas ideas de los ilustrados de los siglos XVII y XIX ejercieron notable influencia y tanto los escritores franceses, como los ingleses y los padres de la independencia en Estados Unidos, adem?s de los liberales espa?oles, fueron conocidos, estudiados y le?dos con gran fruici?n, generando una profunda influencia en su proceso de emancipaci?n e independencia respecto de Espa?a.

El utilitarismo

En Gran Breta?a el liberalismo fue elaborado por la escuela utilitarista, principalmente por el jurista Jeremy Bentham y por su disc?pulo, el economista John Stuart Mill. Los utilitaristas reduc?an todas las experiencias humanas a placer y dolor, y sosten?an que la ?nica funci?n del Estado consist?a en incrementar el bienestar y reducir el sufrimiento pues si bien las leyes son un mal, son necesarias para evitar males mayores. El liberalismo utilitarista tuvo un efecto ben?fico en la reforma del c?digo penal brit?nico. Bentham demostr? que el duro c?digo del siglo XVIII era antiecon?mico y que la indulgencia no s?lo era inteligente sino tambi?n digna. Mill defendi? el derecho del individuo a actuar en plena libertad, aunque sea en su propio detrimento. Su obra Sobre la libertad (1859) es una de las reivindicaciones m?s elocuentes y ricas de la libertad de expresi?n.

El liberalismo en transici?n


A mediados del siglo XIX, el desarrollo del constitucionalismo, la extensi?n del sufragio, la tolerancia frente a actitudes pol?ticas diferentes, la disminuci?n de la arbitrariedad gubernativa y las pol?ticas tendentes a promover la felicidad hicieron que el pensamiento liberal ganara poderosos defensores en todo el mundo. A pesar de su tendencia cr?tica hacia Estados Unidos, para muchos viajeros europeos era un modelo de liberalismo por el respeto a la pluralidad cultural, su ?nfasis en la igualdad de todos los ciudadanos y por su amplio sentido del sufragio. A pesar de todo, en ese momento el liberalismo lleg? a una crisis respecto a la democracia y al desarrollo econ?mico. Esta crisis ser?a importante para su posterior desarrollo. Por un lado, algunos dem?cratas como el escritor y fil?sofo franc?s Jean-Jacques Rousseau no eran liberales. Rousseau se opon?a a la red de grupos privados voluntaristas que muchos liberales consideraban esenciales para el movimiento. Por otro lado, la mayor parte de los primeros liberales no eran dem?cratas. Ni Locke ni Voltaire creyeron en el sufragio universal y la mayor parte de los liberales del siglo XIX tem?an la participaci?n de las masas en la pol?tica pues opinaban que las llamadas clases m?s desfavorecidas no estaban interesadas en los valores fundamentales del liberalismo, es decir que eran indiferentes a la libertad y hostiles a la expresi?n del pluralismo social. Muchos liberales se ocuparon de preservar los valores individuales que se identificaban con una ordenaci?n pol?tica y social aristocr?tica. Su lugar como cr?ticos de la sociedad y como reformadores pronto ser?a retomada por grupos m?s radicales como los socialistas.

Econom?a

La crisis respecto al poder econ?mico era a?n m?s profunda. Una parte de la filosof?a liberal era el modo de entender la econom?a de los llamados economistas cl?sicos como los brit?nicos Adam Smith y David Ricardo. En econom?a los liberales se opon?an a las restricciones sobre el mercado y apoyaban la libertad de las empresas privadas. Pensadores como el estadista John Bright se opusieron a legislaciones que fijaban un m?ximo a las horas de trabajo bas?ndose en que reduc?an la libertad y en que la sociedad, y sobre todo la econom?a, se desarrollar?a m?s cuanto menos regulada estuviera. Al desarrollarse el capitalismo industrial durante el siglo XIX, el liberalismo econ?mico sigui? caracterizado por una actitud negativa hacia la autoridad estatal. Las clases trabajadoras consideraban que estas ideas proteg?an los intereses de los grupos econ?micos m?s poderosos, en especial de los fabricantes, y que favorec?an una pol?tica de indiferencia e incluso de brutalidad hacia las clases trabajadoras. Estas clases, que hab?an empezado a tener conciencia pol?tica y un poder organizado, se orientaron hacia posturas pol?ticas que se preocupaban m?s de sus necesidades, en especial, hacia los partidos socialistas.

El resultado de esta crisis en el pensamiento econ?mico y social fue la aparici?n del liberalismo pragm?tico. Como se ha dicho, algunos liberales modernos, como el economista anglo-austriaco Friedrich August von Hayek, consideran la actitud de los liberales pragm?ticos como una traici?n hacia los ideales liberales. Otros, como los fil?sofos brit?nicos Thomas Hill Green y Bernard Bosanquet conocidos como los idealistas de Oxford, desarrollaron el llamado liberalismo org?nico, en el que defend?an la intervenci?n activa del estado como algo positivo para promover la realizaci?n individual, que se conseguir?a evitando los monopolios econ?micos, acabando con la pobreza y protegiendo a las personas en la incapacidad por enfermedad, desempleo o vejez. Tambi?n llegaron a identificar el liberalismo con la extensi?n de la democracia.

A pesar de la transformaci?n en la filosof?a liberal a partir de la segunda mitad del siglo XIX, todos los liberales modernos est?n de acuerdo en que su objetivo com?n es el aumento de las oportunidades de cada individuo para poder llegar a realizar todo su potencial humano.





Socialismo

T?rmino que, desde principios del siglo XIX, designa aquellas teor?as y acciones pol?ticas que defienden un sistema econ?mico y pol?tico basado en la socializaci?n de los sistemas de producci?n y en el control estatal (parcial o completo) de los sectores econ?micos, lo que se opon?a frontalmente a los principios del capitalismo. Aunque el objetivo final de los socialistas era establecer una sociedad comunista o sin clases, se han centrado cada vez m?s en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo. A medida que el movimiento evolucion? y creci?, el concepto de socialismo fue adquiriendo diversos significados en funci?n del lugar y la ?poca donde arraigara.

Si bien sus inicios se remontan a la ?poca de la Revoluci?n Francesa y los discursos de Fran?ois N?el Babeuf, el t?rmino comenz? a ser utilizado de forma habitual en la primera mitad del siglo XIX por los intelectuales radicales, que se consideraban los verdaderos herederos de la Ilustraci?n tras comprobar los efectos sociales que trajo consigo la Revoluci?n Industrial. Entre sus primeros te?ricos se encontraban el arist?crata franc?s conde de Saint-Simon, Charles Fourier y el empresario brit?nico y doctrinario ut?pico Robert Owen. Como otros pensadores, se opon?an al capitalismo por razones ?ticas y pr?cticas. Seg?n ellos, el capitalismo constitu?a una injusticia: explotaba a los trabajadores, los degradaba, transform?ndolos en m?quinas o bestias, y permit?a a los ricos incrementar sus rentas y fortunas a?n m?s mientras los trabajadores se hund?an en la miseria. Manten?an tambi?n que el capitalismo era un sistema ineficaz e irracional para desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, que atravesaba crisis c?clicas causadas por periodos de superproducci?n o escasez de consumo, no proporcionaba trabajo a toda la poblaci?n (con lo que permit?a que los recursos humanos no fueran aprovechados o quedaran infrautilizados) y generaba lujos, en vez de satisfacer necesidades. El socialismo supon?a una reacci?n al extremado valor que el liberalismo conced?a a los logros individuales y a los derechos privados, a expensas del bienestar colectivo.

Sin embargo, era tambi?n un descendiente directo de los ideales del liberalismo pol?tico y econ?mico. Los socialistas compart?an con los liberales el compromiso con la idea de progreso y la abolici?n de los privilegios aristocr?ticos aunque, a diferencia de ellos, denunciaban al liberalismo por considerarlo una fachada tras la que la avaricia capitalista pod?a florecer sin obst?culos.

El socialismo cient?fico

Gracias a Karl Marx y a Friedrich Engels, el socialismo adquiri? un soporte te?rico y pr?ctico a partir de una concepci?n materialista de la historia. El marxismo sosten?a que el capitalismo era el resultado de un proceso hist?rico caracterizado por un conflicto continuo entre clases sociales opuestas. Al crear una gran clase de trabajadores sin propiedades, el proletariado, el capitalismo estaba sembrando las semillas de su propia muerte, y, con el tiempo, acabar?a siendo sustituido por una sociedad comunista.

En 1864 se fund? en Londres la Primera Internacional, asociaci?n que pretend?a establecer la uni?n de todos los obreros del mundo y se fijaba como ?ltimo fin la conquista del poder pol?tico por el proletariado. Sin embargo, las diferencias surgidas entre Marx y Bakunin (defensor del anarquismo y contrario a la centralizaci?n jer?rquica que Marx propugnaba) provocaron su ruptura. Las teor?as marxistas fueron adoptadas por mayor?a; as?, a finales del siglo XIX, el marxismo se hab?a convertido en la ideolog?a de casi todos los partidos que defend?an la emancipaci?n de la clase trabajadora, con la ?nica excepci?n del movimiento laborista de los pa?ses anglosajones, donde nunca logr? establecerse, y de diversas organizaciones anarquistas que arraigaron en Espa?a e Italia, desde donde se extendieron, a trav?s de sus emigrantes principalmente, hacia Sudam?rica. Tambi?n aparecieron partidos socialistas que fueron ampliando su capa social (en 1879 fue fundado el Partido Socialista Obrero Espa?ol). La transformaci?n que experiment? el socialismo al pasar de una doctrina compartida por un reducido n?mero de intelectuales y activistas, a la ideolog?a de los partidos de masas de las clases trabajadoras coincidi? con la industrializaci?n europea y la formaci?n de un gran proletariado.

Los socialistas o socialdem?cratas (por aquel entonces, los dos t?rminos eran sin?nimos) eran miembros de partidos centralizados o de base nacional organizados de forma precaria bajo el estandarte de la Segunda Internacional Socialista que defend?an una forma de marxismo popularizada por Engels, August Bebel y Karl Kautsky. De acuerdo con Marx, los socialistas sosten?an que las relaciones capitalistas ir?an eliminando a los peque?os productores hasta que s?lo quedasen dos clases antag?nicas enfrentadas, los capitalistas y los obreros. Con el tiempo, una grave crisis econ?mica dejar?a paso al socialismo y a la propiedad colectiva de los medios de producci?n. Mientras tanto, los partidos socialistas, aliados con los sindicatos, luchar?an por conseguir un programa m?nimo de reivindicaciones laborales. Esto qued? plasmado en el manifiesto de la Segunda Internacional Socialista y en el programa del m?s importante partido socialista de la ?poca, el Partido Socialdem?crata Alem?n (SPD, fundado en 1875). Dicho programa, aprobado en Erfurt en 1890 y redactado por Karl Kautsky y Eduard Bernstein, proporcionaba un resumen de las teor?as marxistas de cambio hist?rico y explotaci?n econ?mica, indicaba el objetivo final (el comunismo), y establec?a una lista de exigencias m?nimas que podr?an aplicarse dentro del sistema capitalista. Estas exigencias inclu?an importantes reformas pol?ticas, como el sufragio universal y la igualdad de derechos de la mujer, un sistema de protecci?n social (seguridad social, pensiones y asistencia m?dica universal), la regulaci?n del mercado de trabajo con el fin de introducir la jornada de ocho horas reclamada de forma tradicional por anarquistas y sindicalistas y la plena legalizaci?n y reconocimiento de las asociaciones y sindicatos de trabajadores.

Los socialistas cre?an que todas sus demandas pod?an realizarse en los pa?ses democr?ticos de forma pac?fica, que la violencia revolucionaria pod?a quiz?s ser necesaria cuando prevaleciese el despotismo (como en el caso de Rusia) y descartaban su participaci?n en los gobiernos burgueses. La mayor?a pensaba que su misi?n era ir fortaleciendo el movimiento hasta que el futuro derrumbamiento del capitalismo permitiera el establecimiento del socialismo. Algunos ?como por ejemplo Rosa Luxemburg? impacientes por esta actitud contemporizadora, abogaron por el recurso de la huelga general de las masas como arma revolucionaria si la situaci?n as? lo requer?a.

El SPD proporcion? a los dem?s partidos socialistas el principal modelo organizativo e ideol?gico, aunque su influencia fue menor en la Europa meridional. En Gran Breta?a los poderosos sindicatos intentaron que los liberales asumieran sus demandas antes que formar un partido obrero independiente. Hubo, pues, que esperar hasta 1900 para que se creara el Partido Laborista, que no adopt? un programa socialista dirigido hacia la propiedad colectiva hasta 1918.

Bolcheviques y socialdem?cratas

La I Guerra Mundial y la Revoluci?n Rusa provocaron la ruptura de la Segunda Internacional entre los partidarios del bolchevismo de Lenin y los socialdem?cratas reformistas, que hab?an respaldado en su mayor?a a los gobiernos nacionales durante la guerra a pesar de las proclamaciones pacifistas de la Internacional. Los primeros fueron conocidos como comunistas y los segundos siguieron siendo, durante todo el periodo de entreguerras, la corriente dominante del movimiento socialista europeo, contando con el apoyo del electorado en general bajo una serie de nombres: Partido Laborista en Gran Breta?a, Pa?ses Bajos y Noruega, Partido Socialdem?crata en Suecia y Alemania, Partido Socialista en Francia e Italia, Partido Socialista Obrero en Espa?a, y Partido Obrero en B?lgica. En estos a?os, en el seno de estos partidos socialistas se produjo la escisi?n de grupos proclives al comunismo leninista, apareciendo as? los partidos comunistas en diferentes pa?ses como Francia, Italia o Espa?a (el Partido Comunista de Espa?a fue fundado en 1921). En la Uni?n Sovi?tica y, m?s tarde, en los pa?ses comunistas surgidos despu?s de 1945, el t?rmino socialista hac?a referencia a una fase de transici?n entre el capitalismo y el comunismo, la etapa correspondiente a la dictadura del proletariado marxista. En los dem?s pa?ses, los socialistas aceptaron todas las normas b?sicas de la democracia liberal: elecciones libres, derechos fundamentales y libertades p?blicas, pluralismo pol?tico y soberan?a del Parlamento. La rivalidad existente entre socialistas y comunistas s?lo se interrumpi? de forma transitoria como ocurri? a mediados de la d?cada de 1930, para unir sus fuerzas contra el fascismo en la pol?tica denominada de ?Frente Popular?.

Los socialistas pudieron formar gobiernos durante el periodo de entreguerras, por lo general en coalici?n o apoyados por otros partidos. De este modo pudieron permanecer en el poder, aunque de forma intermitente, en Gran Breta?a y Alemania durante la d?cada de 1920 y en B?lgica, Francia y Espa?a durante la d?cada de 1930 (en estos dos ?ltimos pa?ses bajo la f?rmula de Frente Popular). En Suecia, donde los socialdem?cratas han tenido m?s ?xito que en ninguna otra parte, gobernaron sin interrupci?n desde 1932 hasta 1976.

Despu?s de 1945, los partidos socialistas se convirtieron, en la mayor parte de Europa occidental, en la principal alternativa frente a los partidos conservadores y democristianos, siendo Suiza y la Rep?blica de Irlanda las principales excepciones. Aun manteniendo su antiguo compromiso con el socialismo como ?estado final?, es decir, una sociedad en la que se anularan las diferencias sociales, desarrollaron un concepto de socialismo ?como proceso? ?propuesta que hab?a sido anticipada por el revisionista alem?n Eduard Bernstein a finales del siglo XIX.

En la pr?ctica, esto significaba que, mientras sus seguidores m?s comprometidos se aferraban a la idea de un objetivo final, los partidos socialistas, por esta ?poca a menudo en el poder, se concentraban en reformas socioecon?micas factibles dentro del sistema capitalista. Aunque variaban seg?n los pa?ses, las reformas socialistas inclu?an, en primer lugar, la introducci?n de un sistema de protecci?n social (conocido como Estado de bienestar) que, en la formulaci?n tomada del reformista liberal brit?nico William Beveridge, protegiera a todos los ciudadanos "desde la cuna hasta la tumba", y en segundo lugar, la consecuci?n del pleno empleo mediante t?cnicas de gesti?n macroecon?mica desarrolladas por otro liberal, John Maynard Keynes.

En Gran Breta?a estas reformas fueron llevadas a cabo por los primeros gobiernos laboristas de la posguerra. En el resto de Europa los socialistas alcanzaron algunos de sus objetivos, ya fuera en el seno de una coalici?n gubernamental con otros partidos (como fue el caso de B?lgica y Pa?ses Bajos, y, en la d?cada de 1970 en Alemania) o ejerciendo una presi?n efectiva sobre los gobiernos no socialistas.

Socialismo y servicios p?blicos

Fue sobre todo despu?s de 1945 cuando se relacion? el socialismo con la gesti?n de la econom?a por parte del Estado y con la expansi?n del sector p?blico a trav?s de las nacionalizaciones. Aunque los activistas socialistas conceb?an la propiedad estatal como un primer paso hacia la abolici?n del capitalismo, las nacionalizaciones ten?an por lo general objetivos m?s pr?cticos, como rescatar empresas capitalistas d?biles o ineficaces, proteger el empleo, mejorar las condiciones de trabajo o controlar las empresas de servicio p?blico. A pesar de que las nacionalizaciones han sido relacionadas a menudo con los partidos socialistas fueron con frecuencia los gobiernos de partidos no socialistas los que recurr?an a ellas, como ocurri? en Francia (1945-1947), Austria (1945-1947) e Italia (1945-1947 y en la d?cada de 1960). Por el contrario, un partido socialista triunfante como el Partido Socialdem?crata Sueco, en el poder desde 1932 hasta 1976, entre 1982 y 1991 y de nuevo desde 1994, no recurri? a la propiedad estatal y opt? en cambio por controlar el mercado del trabajo y mantener el pleno empleo, a la vez que creaba un sistema de ?salarios justos? conocido con el nombre de ?pol?tica solidaria de salarios?. Los socialdem?cratas alemanes, que formaron varios gobiernos de coalici?n entre 1966 y 1982, se centraron en el desarrollo econ?mico y experimentaron con formas de democracia industrial.

En el aspecto internacional, la mayor?a de los partidos socialistas se alinearon junto a Occidente durante la Guerra fr?a, aunque importantes minor?as dentro de cada partido intentaran hallar una v?a intermedia entre la democracia capitalista y el comunismo sovi?tico, denunciaron la pol?tica exterior estadounidense y expresaron su solidaridad con los pa?ses en v?as de desarrollo.

En lo sustancial, el socialismo ha seguido estando limitado a Europa occidental o a pa?ses cuya poblaci?n es o ha sido de origen europeo, como Australia, Nueva Zelanda, Israel o varios pa?ses latinoamericanos. La principal excepci?n la constituyen los Estados Unidos, donde nunca ha existido un partido socialista importante, algo que ha dejado a menudo perplejos a los te?ricos socialistas, que se equivocaron al creer que la industrializaci?n conlleva siempre el advenimiento del socialismo. En el resto del mundo se consider? al socialismo como una variante del comunismo, de ah? las frecuentes referencias que se hacen al socialismo africano y al socialismo ?rabe. En Latinoam?rica existen partidos socialistas importantes en Chile, Ecuador, Venezuela y Uruguay; en otros pa?ses forman frentes pol?ticos con otras organizaciones. El partido socialista m?s antiguo de Latinoam?rica es el argentino, fundado en 1896 por socialistas alemanes e italianos. En Brasil el Partido Socialista se fund? en 1916. En Chile los movimientos socialistas se transformaron en partido pol?tico en 1915. El primer diputado socialista del Uruguay fue elegido en 1911. En Puerto Rico, Santiago Iglesias, hermano de Pablo Iglesias, dirigente socialista espa?ol, fue elegido diputado en 1917. En Cuba, el Partido Socialista fue fundado en 1910. En M?xico muchos socialistas est?n incluidos en el oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI), as? como en partidos de la oposici?n de izquierdas. En general, y bajo la denominaci?n socialista, obrerista, trabalhista (Brasil), los movimientos socialistas tienen gran importancia en toda la Am?rica de habla hispana. En Asia, m?s que una doctrina de claro cu?o anticapitalista, el socialismo era s?lo una ideolog?a que defend?a la modernizaci?n por parte del Estado, liberado de cualquier presi?n colonial o imperialista. Aunque s?lo en contadas ocasiones desembocaron en la formaci?n de partidos independientes basados en el modelo occidental europeo, las ideas socialistas tuvieron una gran influencia en los movimientos independentistas anticoloniales, en especial sobre el Congreso Nacional Indio de la India, el Congreso Nacional Africano de Sur?frica y sobre algunos reg?menes poscoloniales, como fue el caso de Zambia, Tanzania y Zimbabwe.

Las tesis revisionistas

Hacia el final de la d?cada de 1950, los partidos socialistas de Europa occidental empezaron a descartar el marxismo, aceptaron la econom?a mixta, relajaron sus v?nculos con los sindicatos y abandonaron la idea de un sector nacionalizado en continua expansi?n. El notable desarrollo econ?mico desde postulados capitalistas durante las d?cadas de 1950 y 1960 puso fin a la creencia que manten?a que la clase trabajadora ser?a cada vez m?s pobre o que la econom?a sufrir?a un colapso que favorecer?a la revoluci?n social. Ya que un sector considerable de la clase trabajadora segu?a votando a partidos de centro y de derecha, los partidos socialistas intentaron de forma paulatina captar votantes entre la clase media y abandonaron los s?mbolos y la ret?rica del pasado. Este revisionismo de finales de la d?cada de 1950 proclamaba que los nuevos objetivos del socialismo eran ante todo la redistribuci?n de la riqueza de acuerdo con los principios de igualdad y justicia social. Los socialdem?cratas alemanes dejaron constancia de estos principios en el Congreso de Bad Godesberg de 1959, principios que hab?an sido popularizados en Gran Breta?a por Anthony Crosland (El futuro del socialismo, 1956). Los socialdem?cratas cre?an que un crecimiento econ?mico continuado servir?a de apoyo a un floreciente sector p?blico, asegurar?a el pleno empleo y financiar?a un incipiente Estado de bienestar. Estos supuestos eran a menudo compartidos por los partidos conservadores o democristianos y se ajustaban de una forma tan estrecha al desarrollo real de las sociedades europeas que el periodo comprendido entre 1945 y 1973 ha recibido a veces el nombre de ?era del consenso socialdem?crata?. Coincid?a, de modo ostensible, con la edad de oro del fordismo, supuesta modalidad pura del capitalismo.

El fuerte incremento sufrido por los precios del petr?leo en 1973 fue el desencadenante de la crisis econ?mica que puso fin a esta hipot?tica edad de oro. Durante el final de la d?cada de 1970 se pens? que, en general, para restaurar el crecimiento econ?mico, patronos y gobiernos tendr?an que alcanzar alg?n tipo de entendimiento con los sindicatos. En estas circunstancias, los partidos socialistas obtuvieron el poder en Portugal, Espa?a, Grecia y Francia, pa?ses en los que nunca o rara vez hab?an gobernado, y que en los tres primeros casos se produjeron despu?s del fin de sistemas dictatoriales.

El creciente desempleo, sin embargo, debilit? a los sindicatos y, al hacer aumentar la pobreza y los problemas con ella asociados, hizo que la protecci?n social del sistema del bienestar fuera mucho m?s costosa de lo que lo hab?a sido en los d?as del pleno empleo. Mantener los niveles de bienestar con una tasa elevada de desempleo exig?a un alto nivel de impuestos, medida que no goz? del favor de los ciudadanos. Los partidos conservadores se distanciaron del consenso pol?tico, aduciendo que era necesario "hacer retroceder al Estado", reducir el gasto p?blico y privatizar las compa??as estatales. Acusados de estatistas, burocr?ticos y derrochadores, los socialistas fueron poni?ndose cada vez m?s a la defensiva. Hacia 1980 el proletariado industrial se hab?a convertido en minoritario en toda Europa, y las nuevas tecnolog?as agravaban la divisi?n existente en sus filas. Los incrementos de la productividad ya no supon?an la creaci?n de nuevos empleos. Por el contrario, estas nuevas tecnolog?as hac?an posible un mayor volumen de producci?n en detrimento del empleo, mientras que los sectores en proceso de expansi?n eran incapaces de absorber a los trabajadores despedidos por culpa de las reconversiones industriales. La prosperidad de la que gozaban los trabajadores cualificados en las empresas de ?xito contrastaba con el n?mero creciente de trabajadores temporales y no cualificados, muchos de los cuales eran inmigrantes o mujeres, empleados a tiempo parcial. Considerar, pues, a la clase obrera como una clase universal que prefiguraba un futuro poscapitalista parec?a algo cada vez m?s anacr?nico. La creciente interdependencia econ?mica que se extendi? con gran rapidez durante las d?cadas de 1970 y 1980 supon?a que las pol?ticas macroecon?micas tradicionales del keynesianismo ya no eran efectivas y que la reflaci?n interna (en cuanto pol?tica que activa instrumentos monetarios y fiscales destinados a frenar el desempleo) originaba problemas con la balanza de pagos, as? como medidas inflacionarias, tal y como descubrieron, a sus expensas, los gobiernos socialistas brit?nico y franc?s en las d?cadas de 1970 y 1980.

Aunque supuso la transformaci?n de muchos de los antiguos partidos comunistas en partidos socialistas, el derrumbamiento del comunismo en la Uni?n Sovi?tica y en la Europa central y oriental no constituy? un consuelo para la izquierda europea occidental. La crisis de las econom?as planificadas comunistas fue interpretada en t?rminos generales como una prueba m?s de que las decisiones espont?neas de millones de consumidores individuales, gracias a los mecanismos del libre mercado, distribu?an mejor los recursos de lo que pudiera hacerlo cualquier forma de mediaci?n estatal. Las ideolog?as neoliberales ganaban, en consecuencia, terreno en multitud de pa?ses.

El Estado de bienestar

Seg?n se acercaba a su fin el siglo, el socialismo ?tal y como se hallaba representado por los partidos socialistas? no s?lo hab?a perdido su perspectiva anticapitalista original sino que tambi?n empezaba a aceptar, aunque con dolor por su parte, que el capitalismo no pod?a ser controlado de un modo suficiente, y mucho menos abolido.

Debido a su inmovilidad actual, definir el concepto de socialismo al final del siglo XX presenta numerosos problemas. La mayor?a de los partidos socialistas ha llevado a cabo un proceso de renovaci?n program?tica cuyos contornos no son a?n muy claros. Es posible, sin embargo, catalogar algunas de las caracter?sticas definitorias del socialismo europeo seg?n se prepara para hacer cara a los retos del pr?ximo milenio: 1) reconocer que la regulaci?n estatal de las actividades capitalistas debe ir pareja al desarrollo correspondiente de las formas de regulaci?n supranacionales (la Uni?n Europea, que cont? en un principio con la oposici?n mayoritaria de los socialistas, es considerada como terreno controlador de las nuevas econom?as interdependientes); 2) crear un ?espacio social? europeo que sirva de precursor a un Estado de bienestar europeo armonizado; 3) reforzar el poder del consumidor y del ciudadano para compensar el poder de las grandes empresas y del sector p?blico; 4) mejorar el puesto de la mujer en la sociedad para superar la imagen y pr?cticas del socialismo tradicional, en exceso centradas en el hombre, y enriquecer su antiguo compromiso a favor de la igualdad entre los sexos; 5) descubrir una estrategia destinada a asegurar el crecimiento econ?mico y a aumentar el empleo sin da?ar el medio ambiente; y 6) organizar un orden mundial orientado a reducir el desequilibrio existente entre las naciones capitalistas desarrolladas y los pa?ses en v?as de desarrollo.

Esta relaci?n no pretende en absoluto ser exhaustiva. Sin embargo, subraya algunos elementos de continuidad con el socialismo tradicional: una visi?n pesimista de lo que la econom?a podr?a lograr si se le permitiera seguir creciendo sin restricciones, y el optimismo en lo que se refiere a la posibilidad de que una sociedad organizada en el orden pol?tico pudiera progresar de forma consciente hacia un estado de cosas que podr?a aliviar el sufrimiento humano.




Publicado por carmenlobo @ 8:18
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