jueves, 29 de diciembre de 2005

Carlos Alberto Montaner
En su nuevo libro "La libertad y sus enemigos" (Sudamericana), el ensayista cubano Carlos Alberto Montaner explica las causas del subdesarrollo latinoamericano y dice quiénes son los responsables de nuestro fracaso

La Nación de Buenos Aires
Junio 5, 2005


¿Por qué América latina es la porción más pobre, convulsa y subdesarrollada de Occidente? Si hay algo que siempre resulta incómodo es encontrar responsables. ¿Hay culpables directos de nuestro fracaso relativo? Una posible, aunque parcial respuesta, es la siguiente: las elites, los grupos que orientan y dirigen cada estamento de la sociedad, quienes actúan desde cierta estructura de valores o desde ciertos presupuestos intelectuales que no son los más adecuados para propiciar la prosperidad colectiva. No hay, pues, un culpable. Grosso modo, los responsables son la mayor parte de quienes ocupan las posiciones de liderazgo en las instituciones y estructuras sociales. Ellos, hijos de una cierta historia, con su visión limitada, sus creencias equivocadas y con su conducta impropia alimentan un clima que propende a perpetuar la pobreza.

Los políticos

[...] La escandalosa corrupción latinoamericana se expresa de por lo menos tres maneras nefastas: la clásica, que consiste en cobrar comisiones y sobornos por cada obra que se asigna o cada regla que se viola en beneficio de alguien. La indirecta, que es la corrupción que se permite para beneficiar a un aliado circunstancial. [...] Y la tercera corrupción, la más costosa: el clientelismo. La utilización frívola de los dineros públicos para comprar a grandes grupos de electores con prebendas y privilegios injustificables. [...]

No sería justo, sin embargo, cargar las tintas sobre los políticos. [...] La verdad es que una parte sustancial de los latinoamericanos alimenta o tolera un tipo de relación en el que la lealtad personal se expresa en la entrega de privilegios y en el peso relativamente escaso que se les concede a los méritos personales. El establecimiento de verdaderas "meritocracias", lamentablemente, forma parte de la retórica política y no del comportamiento real. Más aún: en una cultura como la latinoamericana, en la que el ámbito fundamental de la lealtad es el círculo de los amigos y de la familia, porque se desconfía profundamente del sector público y, en la que la noción del bien común suele ser muy débil, es predecible que los políticos más exitosos sean aquellos que establecen una forma de recompensa para sus allegados y simpatizantes.

Los militares

Si los políticos corruptos son y han sido responsables de numerosos males de América latina, algo similar puede decirse de los militares. En nuestros días, mientras en el mundo democrático desarrollado se presume que el papel de los militares es proteger a las naciones de los peligros exteriores, en América latina estos cuerpos de ejército se han autoasignado la tarea de salvar la patria de los desmanes de los civiles, imponer por la fuerza alguna versión cuartelera de la justicia social o, simplemente, mantener el orden público ocupando la casa de gobierno, actitudes que, de facto, los han convertido en verdaderas "tropas de ocupación" en sus propios países. [...]

La idea básica, siempre desmentida por la práctica, era que en naciones como las latinoamericanas, en donde las instituciones eran débiles y los hábitos desordenados, sólo las fuerzas armadas tenían el tamaño, la tradición y la disciplina para llevar a cabo la tarea de crear grandes empresas modernas capaces de competir en el complejo mundo industrial del siglo XX.

Esa injerencia de las élites militares en la gestión económica de América latina ha sido nefasta para el desarrollo de la región. Primero, porque también y, en gran medida, fueron presa de la corrupción pero, sobre todo, porque distorsionaron el mercado con empresas protegidas, tendientes al gigantismo y a la obesidad de las plantillas, convirtiéndose, cada una de ellas, en un coto privado dedicado a darles empleo a los simpatizantes del aparato militar, lo que significó una enorme pérdida de recursos para toda la sociedad. Al mismo tiempo, esas empresas, a salvo de la competencia en nombre de una supuesta importancia estratégica que las convertía en otra expresión del patriotismo, generalmente evolucionaban hacia la ineficiencia y el atraso. [...]

Los empresarios

Una de las mayores ironías políticas de América latina es la frecuente acusación contra el "capitalismo salvaje", al que se le atribuye la miseria de ese 50 por ciento de latinoamericanos penosamente pobres que subsisten en casuchas de piso de tierra y techo de latón. La verdadera tragedia en América latina es que hay pocos capitales y una buena parte de esos recursos no está en manos de verdaderos empresarios dados al riesgo y a la innovación, sino en las de cautos especuladores que prefieren invertir su dinero en bienes raíces, a la espera de que el crecimiento vegetativo de la nación revalorice sus propiedades. Estos no son, realmente, modernos capitalistas, sino meros terratenientes, que parecen sacados de épocas feudales.

Pero aun peor que ese tipo de pasivo inversionista en bienes inmuebles es el empresario "mercantilista", ese que busca su beneficio en la relación con el poder político y no en la competencia y el mercado. Este tipo de empresario, naturalmente, para poder obtener privilegios que lo enriquezcan, tiene que repartir una parte de sus beneficios con los políticos que hacen las reglas, creándose con esta práctica un círculo vicioso en todos los sentidos de la palabra y de la metáfora. [...]

Se dirá, no sin razón, que esas prácticas nocivas no son exclusivas de los latinoamericanos, pero lo grave es la frecuencia y la intensidad con que eso sucede en América latina y -sobre todo- la indiferencia y la impunidad con que ocurre. [...]

Los curas

Es doloroso tener que incluir a los sacerdotes entre las élites que provocan la miseria de las muchedumbres en América latina, pero no queda otro remedio. Es doloroso, primero, porque no son todos los sacerdotes, sino sólo quienes mantienen una prédica constante contra la economía de mercado, y quienes justifican la antidemocrática vulneración del Estado de Derecho. Y, segundo, porque aun los sacerdotes que adoptan estas actitudes lo hacen imbuidos de las mejores intenciones. Lo hacen convencidos de que defienden una forma de justicia social, cuando, en realidad, están condenando a los pobres a no poder superar jamás la miseria en que viven. [...]

Lo que los obispos y los llamados "teólogos de la liberación" llaman "neoliberalismo salvaje" no es otra cosa que un conjunto de medidas de ajuste con que se intenta paliar la crisis económica de la región: disminución del gasto público, recorte de la plantilla oficial, privatización de las empresas estatales, equilibrio presupuestario y control riguroso de la emisión de moneda. [...]

Al margen de esta incomprensión de lo que es un marco macroeconómico saludable, hay un daño aun más devastador que estos religiosos les infligen a los pobres: el anatema contra el espíritu de lucro, la condena de la competencia y de lo que ellos llaman el "consumismo". Se apiadan de la pobreza que estas personas sufren, pero de una manera confusa les dicen que poseer bienes es pecaminoso y les advierten que hay algo censurable en la psicología y en la conducta de quienes se esfuerzan denodadamente por triunfar en el mundo económico. Es decir, predican las actitudes exactamente contrarias a la psicología del éxito. [...]

Los intelectuales

[...] Si los intelectuales se convierten, como es frecuente en América latina, en los tenaces heraldos de una atemorizante alborada revolucionaria, ¿cómo sorprendernos de que los ahorros emigren a otras latitudes o de que nuestras sociedades vivan en un permanente sobresalto, convencidas de la provisionalidad del sistema económico y político en que vivimos?

Y lo que numerosos intelectuales anuncian desde los periódicos, los libros y revistas, la radio y la televisión, se repite en la mayor parte de los centros universitarios de América latina. La universidad latinoamericana, la pública y muchas privadas, con algunas excepciones, es una especie de arcaico depósito de viejas ideas marxistas sobre la sociedad y la economía. En ellas se continúa insistiendo en el carácter dañino de las inversiones multinacionales, en los destrozos causados por la globalización y en la intrínseca perversidad de un modelo económico que deja la asignación de recursos a las demoníacas fuerzas del mercado. Mensaje que explica la estrecha relación que existe entre las lecciones que los jóvenes universitarios recibieron en las universidades y su vinculación con grupos subversivos. [...]

Las izquierdas

Por último, otras dos élites latinoamericanas han sido un permanente obstáculo para el desarrollo económico de la región: los sindicalistas enemigos del mercado y de la propiedad privada y esa categoría latinoamericana tan especial constituida por los llamados "revolucionarios".

Claro que hay un sindicalismo sensato, encaminado a defender los legítimos intereses y derechos de los trabajadores pero, desgraciadamente, no es éste el que parece prevalecer en el panorama laboral de América latina. Los sindicalistas que consiguen arrastrar a las masas son los que se oponen a la privatización de los bienes del Estado, aunque se trate de empresas que llevan décadas perdiendo millones de dólares y aunque los servicios que deban prestar sean terriblemente defectuosos o sencillamente inexistentes. O son esos maestros que llevan a cabo huelgas salvajes porque se niegan a que la sociedad, que les paga sus salarios, les mida sus conocimientos en pruebas estandarizadas. O son esas aristocracias sindicales, frecuentemente corruptas, que administran y saquean las cajas de jubilaciones de sus asociados o los sistemas de salud por ellas administrados.

Los revolucionarios

[...] ¿Cuánto les han costado a las naciones latinoamericanas las acciones de esta indómita tribu de revolucionarios? La suma es incalculable, pero deben de ser una de las mayores causas del subdesarrollo de la región, no sólo por la destrucción directa de las riquezas existentes, sino por haber impedido la creación de nuevas riquezas e interrumpido ese largo y frágil ciclo de ahorro, inversión, obtención de beneficios y nuevas inversiones en que inevitablemente descansa la prosperidad de los pueblos.

Seguramente, con las elites mencionadas no concluye la lista de quienes mantienen a los latinoamericanos en la miseria, pero no hay duda de que se han ganado a pulso su participación en esta triste nómina. Ojalá que identificarlas, denunciar su comportamiento y rebatir sus falaces argumentos contribuya a mejorar la situación de los desposeídos en ese continente. [...]

Publicado por carmenlobo @ 8:18
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios