Jueves, 17 de noviembre de 2005

Por Eduardo Galeano
de El libro de los abrazos


Un hombre del pueblo de Negu?, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta, cont?. Dijo que hab?a contemplado, desde all? arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.- El mundo es eso - revel?-. un mont?n de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las dem?s. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.
Sue?an las pulgas con comprarse un perro y sue?an los nadies con salir de pobres, que alg?n m?gico d?a llueva de pronto la buena suerte, que llueva a c?ntaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni ma?ana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el a?o cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los due?os de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesan?a.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino n?mero.
Que no figuran en la historia universal, sino en la cr?nica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata


No nos da risa el amor cuando llega a lo m?s hondo de su viaje, a lo m?s alto de su vuelo: en lo m?s hondo, en lo m?s alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces del dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pens?ndolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegr?a que duele. Peque?a Muerte, llaman en Francia a la culminaci?n del abrazo, que rompi?ndonos nos junta y perdi?ndonos nos encuentra y acab?ndonos nos empieza. Peque?a Muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si mat?ndonos nos nace.


Publicado por carmenlobo @ 0:17  | Galeano, Eduardo
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