Lunes, 07 de noviembre de 2005
Por Alejandro Dolina

El poeta Jorge Allen tuvo su primera novia a la edad de doce a?os.
Guarden las personas mayores sus sonrisas condescendientes. Porque en la vida de un hombre hay pocas cosas mas serias que su amor inaugural.
Por cierto, los mercaderes, los Refutadores de Leyendas y los aplicadores de inyecciones parecen opinar en forma diferente y resaltan en sus discursos la importancia del automovil, la higiene, las tarjetas de credito y las comunicaciones instantaneas. El pensamiento de estas gentes no debe
preocuparnos. Despues de todo han venido al mundo con propositos tan diferentes de los nuestros, que casi es imposible que nos molesten.
Ocupemonos de la novia de Allen. Su nombre se ha perdido para
nosotros, no lejos de Patricia o Pamela. Fue tal vez morocha y linda.

El poeta ni?o la quiso con gravedad y temor. No tenia entonces el cinico aplomo que da el demasiado trato con las mujeres. Tampoco tenia - ni tuvo nunca- la audacia guaranga de los papanatas.
Las manifestaciones visibles de aquel romance fueron modestas.
Allen creia recordar una mano tierna sobre su menton, una blanca vecindad frente a un libro de lectura y una frase, tan solo una: "Me gustas vos."
En algun recreo perdio su amor y mas tarde su rastro.
Despues de una triste fiestita de fin de curso, ya no volvio a verla ni a tener noticias de ella.
Sin embargo siguio queriendola a lo largo de sus a?os. Jorge Allen se hizo hombre y vivio formidables gestas amororsas. Pero jamas dejo de llorar por la morocha ausente.

La noche en que cumplia treinta y tres a?os, el poeta supo que habia llegado el momento de ir a buscarla.
Aqui conviene decir que la aventura de la Primera Novia es un mito qeu aparece en muchisismos relatos del barrio de Flores. Los racionalistas y los psicologos tejen previsibles metaforas y alegorias resobadas. De ellas surge un estado de incredulidad que no es el mas recomendable para emocionarse por un amor perdido.
A falta de mejor ocurrencia, Allen merodeo la antigua casa de la muchacha, en un barrio donde nadie la recordaba. Despues consulto la guia
telefonica y los padrones electorales. Miro fijamente a las mujeres de su edad y tambien a las ni?as de doce a?os. Pero no sucedio nada.
Entonces pidio socorro a sus amigos, los Hombres Sensibles de Flores.
Por suerte, estos espiritus tan proclives al macaneo metafisico tenian una nocion sonante y contante de la ayuda.
Jamas alcanzaron a comprender a quienes sostienen que escuchar
las ajenas lamentaciones es ya un servicio abnegado.
Nada de apoyos morales ni palabras de aliento. Llegado el caso, los muchachos del Angel Gris actuaban directamente sobre la circunstancia adversa: convencian a mujeres tercas, amenazaban a los tramposos, revocaban injusticias, luchaban contra el mal, detenian el tiempo, abolian la muerte.
Asi, ahorrandose inutiles consejos, con el mayor entusiasmo
buscaron junto al poeta a la Primera Novia.
El caso no era facil. Allen no poseia ningun dato prometedor. Y para colmo anuncio un hecho inquietante:

- Ella fue mi primera novia, pero no estoy seguro de haber sido su primer novio.

- Esto complica las cosas- dijo Manuel Mandeb , el poligrafo-. Las mujeres recuerdan al primer novio, pero dificilmente al tercero o al quinto.

El musico Ives Castagnino declaro que para una mujer de verdad, todos los novios son el primero, especialmente cuando tienen caracter fuerte. Resueltas las objeciones leguleyas, los amigos resolvieron visitar a Celia, la vieja bruja de la calle Gavilan. En realidad, Allen debio ser llevado a la rastra, pues era hombre temeroso de los hechizos.

- Usted tiene una gran pena- grito la adivina apenas lo vio.
- Ya lo se se?ora... digame algo que yo no sepa....
- Tendra grandes dificultades en el futuro....
- Tambien lo se....
- Le espera una gran desgracia....
- Como a todos, se?ora....
- Tal vez viaje....
- O tal vez no....
- Una mujer lo espera....
- Ahi me va gustando... Donde esta esa mujer?
- Lejos, muy lejos... En el patio de un colegio. Un patio de baldosas
grises.
- Siga... con eso no me alcanza.
- Veo un hombre que canta lo que otros le mandan cantar. Ese hombre
sabe algo....Veo tambien una casa humilde con pilares rosados.
- Que mas?
- Nada mas... Cuanto mas yo le diga, menos podra usted encontrarla.
Vayase. Pero antes pague.

Los meses que siguieron fueron infructuosos. Algunas mujeres de la barriada se enteraron de la busqueda y fingieron ser la Primera Novia para seducir al poeta. En ocasiones Mandeb, Castagnino y el ruso Salzman simularon ser Allen para abusar de las novias falsas.
Los viejos compa?eros del colegio no tardaron en presentarse a reclamar ecovaciones. Uno de ellos hizo hizo una revelacion brutal.

- La chica se llamaba Gomez. Fue mi Primera Novia
- Mentira! - grito Allen.
- Por que no? Pudo haber sido la Primera Novia de muchos.

Entre todos lo echaron a patadas.

Una tarde se presento una rubia estupenda de ojos enormes y
esforzados breteles. Resulto ser el segundo amor del poeta. Algunas semanas despues aparecio la sexta novia y luego la cuarta. Se supo entonces que Jorge Allen solia ocultar su pasado amoroso a todas las mujeres, de modo que cada una de ellas creia iniciar la serie.

A fines de ese a?o, Manuel Mandeb concibio con astucia la idea de organizar una fiesta de ex-alumnos de la escuela del poeta.
Hablaron con las autoridades, cursaron invitaciones, publicaron gacetillas en las revistas y en los diarios, pegaron carteles y compraron masas y canapes.
La reunion no estuvo mal. Hubo discursos, lagrimas, brindis y algun reencuentro emocionante. Pero la chica de apellido Gomez no concurrio.
Sin embargo, los Hombres Sensibles- que estaban alli en calidad de colados- no perdieron el tiempo y trataron de obtener datos entre los presentes.
El poeta converso con Ines, compa?era de banco de la morocha ausente.

- Gomez, claro -dijo la chica- . Estaba loca por Ferrari.
Allen no pudo soportarlo.
- Estaba loca por mi.
- No, no... Bueno, eran cosas de chicos.

Cosas de chicos. Nada menos. Amores sin calculo, rencores sin
piedad, traiciones sin remordimiento.
El petiso Caceres declaro haberla visto una vez en Paso del Rey. Y
alguien se la habia cruzado en el tren que iba a Moreno.
Nada mas.
Los muchachos del Angel Gris fueron olvidando el asunto. Pero Allen
no se resignaba. Inutilmente busco en sus cajones algun papel subrepticio,
alguna anotacion reveladora. Encontro la foto oficial de sexto grado.
Se descubrio a si mismo con una sonrisa de zonzo. La morochita estaba
lejos en los arrabales de la imagen, ajena a cualquier drama.

-Ay, si supieras que te he llorado....! Si supieras que me gustaria
mostrarte mi hombria... Si supieras que lo que aprendi desde aquel tiempo...

Una noche de verano, el poeta se aburria con Manuel Mandeb en una
churrasqueria de Caseros. Un payador mediocre complacia los pedidos
de la gente.

- Al de la mesa del fondo le canto sinceramente....

De pronto Allen tuvo una inspiracion.

- Ese hombre canta lo que otros le mandan cantar.
- Es el destino de los payadores de churrasqueria.
- Celia, la adivina, dijo que un hombre asi conocia a mi novia....

Mandeb copo la banca.

- Acerquese, amigo.

El payador se sento en la mesa y acepto una cerveza. Despues de
algunos vagos comentarios artisticos, el poligrafo fue al asunto.

- Se me hace que usted conoce a una amiga nuestra. Se apellida
Gomez, y creo que vivia por Paso del Rey.
- Yo soy Gomez - dijo el cantor- . Y por esos barrios tengo una
prima.

Despues pulso la guitarra, se levanto y abandonando la mesa se largo
con una decima.

-Aca este amable se?or
conoce una prima mia
que segun creo vivia
en la calle Tronador.
Vaya mi canto mejor
con toda mi alma de artista
tal vez mi verso resista
pa' saludar a esta gente
y a mi prima, la del puente
sobre el Rio Reconquista.

Durante los siguientes dias los Hombres Sensibles de Flores recorrieron
Paso del Rey en las vecindades del rio Reconquista, buscando la calle
Tronador y una casa humilde con pilares rosados. Una tarde fueron atacados
por unos lugare?os levantiscos y dos noches despues cayeron presos por
sospechosos. Para facilitarse la investigacion decian vender sabanas.
Salzman y Mandeb levantaron docenas de pedidos.
Finalmente , la tarde que Jorge Allen cumplia treinta y cuatro
anios, el poeta y Mandeb descubrieron la casa.

- Es aqui. Aqui estan los pilares rosados

Mandeb era un hombre demasiado agudo como para tener esperanzas.

- No me parece, Vamonos.

Pero Allen toco el timbre. Su amigo permanecio cerca del cordon de
la vereda.

- Aqui no es, rajemos.

Nuevo timbrazo. Al rato salio una mujer gorda, morochita, vencida,
avejentada. Un gesto forastero le habitaba el entrecejo. La boca se le
estaba haciendo cruel. Los a?os son pesados para algunas personas.

- Buenas tades. - dijo la voz que alguna vez habia alegrado un patio de
baldosas grises.

Pero no era suficiente. Ya la mujer estaba mas cerca del desenga?o
que de la promesa.
Y alli, a su frente, Jorge Allen, mas ni?o que nunca, mirando por encima
del hombro de la Primera Novia, esperaba un milagro que no se producia.

- Busco a una compa?era de colegio- dijo- . Soy Allen, sexto grado
B, turno ma?ana. La chica se llamaba Gomez.

La mujer abrio los ojos y una ni?a de doce a?os sonrio dentro suyo.
Se adelanto un paso y comenzo una risa amistosa con interjecciones
evocativas. Rapido como el refucilo, en uno de lo procedimientos mas
felices de su vida, Mandeb se adelanto.

- Nos han dicho que vive por aqui... Yo soy Mnauel Mandeb, mucho
gusto.

Y apreto la mando con toda la fuerza de su alma , mientras le
clavaba una mirada de suplica, de inteligencia o quizas de amenaza.
Tal vez inspirada por los angeles que siempre cuidan a los chicos, ella
comprendio.

- Encantada- murmuro- Pero lamento no conocer a esa persona.
Le habran informado mal.
- Por un momento pense que era usted - respiro Allen-. Le ruego
que nos disculpe.
- Vamos - sonrio Mandeb-. La se?ora bien pudo haber sido tu
alumna, viejo sinverguenza....

Los dos amigos se fueron en silencio.
Esa noche Mandeb volvio solo a la casa de los pilares rosados. Ya frente a
la mujer morocha le dijo:

- Quiero agradecerle lo que ha hecho....
- Lo siento mucho... No he tenido suerte, estoy avergonzada, mireme....
- No se aflija. El la seguira buscando eternamente.

Y ella contesto, tal vez llorando:

- Yo tambien.
- Algun dia todos nos encontraremos. Buenas noches, se?ora.

Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma
de quien las vive. En ese unico sentido es indispensable buscar a la
Primera Novia. El hombre sabio debera cuidar -eso si- el detenerse a tiempo,
antes de encontrarla.
El camino esta lleno de hondas y entra?ables tristezas. Jorge Allen siguio
recorriendolo hasta que el mismo se perdio en los barrios hostiles
junto con todos los Hombres Sensibles.


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Publicado por carmenlobo @ 6:34  | Dolina, Alejandro
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