Miércoles, 02 de noviembre de 2005
Por Alejandro Dolina

La sociedad de Amantes Desconocidos de Flores fue tal vez la entidad mas secreta del barrio.
Su misma naturaleza hacia imprescindible la discrecion.
Hace algunos años, cada vez que alguien recibia una carta de amor sin firma los hombres sabios no vacilaban en atribuirla a la Sociedad.

Era esto un error: siempre han existido enamorados ocultos, sin que haga falta inventarlos.
Por otra parte, cabe razonar que la obra de los Amantes Desconocidos solo pudo tener buen efecto en la medida en que no les fuera atribuida.

Se calcula que en los años de su actuacion, la Sociedad fraguo mas de dos mil historias de amor.
El procedimiento habitual era sencillo.
Sin mayores ceremonias se elegia a una persona cualquiera.
La mayoria de las veces se trataba de solitarios, melancolicos, desengañados, aburridos o simplemente amigos a quienes la entidad deseaba favorecer.

El paso inmediato consistia en crear un amante ficticio para la persona elegida.
Un equipo de ingeniosos creativos se encargaban del asunto.
A los ingenieros les inventaban adolescentes picaras.
A las modistas de la calle Moron les dibujaban nobles arruinados.
A los Hombres Sensibles les hacian amantes romanticas y tragicas, pero tambien muy pechugonas, que eran una verdadera delicia.

Una vez establecidas las caracteristicas generales del amante ficticio, se enviaba la primera comunicacion.
Asi, muchos hombres y mujeres de Flores recibieron sorpresivas declaraciones anonimas que los llenaron de estupor.
Se transcribe a continuacion la carta que llevara el numero de orden 1114.
"Querido ingeniero Atilio D. Gallardo:
Le escribo desde las tinieblas de mi soledad.
Le ruego que me disculpe si usurpo su preciosa intimidad.
Pero existe, mi querido ingeniero, un sentimiento dentro de mi que ya no puedo dominar.
Es preciso que usted sepa que lo amo, ingeniero.
Usted no me conoce...
O para decirlo mejor: usted jamas ha reparado en mi.
Quien soy...? No creo que valga la pena que usted lo sepa.
Digamos que me llamo Luisa, aunque ese no es mi verdadero nombre.
Algunos dicen que soy joven y hermosa, pero tal vez exageran.
Ah... si supiera, ingeniero, cuantas veces he llorado por usted.
Si supiera cuantas noches he despertado llorando y pronunciando su nombre: Atilio.
En mi cuarto tengo un pequeño retrato suyo que he recortado de la revista "Temas de la construccion."
Usted tal vez se ria de los delirios de una pobre muchacha enamorada.
Pero ya no puedo luchar mas contra mi corazon, ingeniero.
Quiero proponerle algo.
Escribame. Cuenteme algo de su vida.
Desde luego, todavia no pienso revelar mi verdadera identidad, de modo que debera usted dirigirse a Luisa, Casilla de Correo 32.

Un beso apasionado de su Luisa."
Despues comenzaba la verdadera historia.
El ingeniero respondia, Luisa escribia otra vez, el ingeniero reclamaba un encuentro, Luisa se negaba...
Y entre carta y carta se iban conociendo e interesando cada vez mas.
Por supuesto, el encuentro no debia producirse jamas.
Y esta es en verdad una regla de oro de los amantes desconocidos, reales o ficticios.
Toda relacion debera girar alrededor de un encuentro futuro.
Pero es fundamental el no encontrarse nunca.
Las razones se ven venir: todo amante desconocido es perfecto.
Tiene la cara que uno desea.
Es, a nuestro capricho, morocho, rubio o ambas cosas a un tiempo.
El amante desconocido no tiene defectos, no tartamudea, no fastidia con cosas cotidianas.
Pero hay una virtud fundamental: por no ser nadie es tambien todas las personas del mundo.
Si se comete el desatino de darle una identidad cierta , el amante desconocido se achica, aunque sea un angel.
Si es alto, ya no podra ser petiso.
Si es atletico, ya no podra ser enclenque.
Si es Juan, ya no podra ser Pedro.
Si es Luisa, ya no podra ser Esther.
Por estos mismos motivos, la Sociedad de Amantes Desconocidos jamas enviaba fotografias aunque si las reclamaba de sus beneficiarios.

La actividad de estos filantropos tenia por objeto combatir la soledad y la desdicha.
Y cabe señalar que su accion despertaba en los vecinos del barrio un sano espiritu de emulacion.
Al conocer la existencia de enamorados secretos, muchas personas descubrian dentro de si esa misma condicion.
Y asi, junto a los amantes de ilusion creados por la Sociedad, cundieron los amantes secretos verdaderos.
En sus buenos tiempos, Manuel Mandeb se carteaba con cuatro amores misteriosos.
El pensador sospechaba que por lo menos dos eran obra de la Sociedad, mas que nada, por el papel barato de las cartas.
Pero sus investigaciones lo llevaron a comprobar la existencia cierta de las otras dos.
Una de ellas resulto ser una compañera de un curso de guitarra que Mandeb seguia penosamente.
Cuando el hombre se presento ante ella con las cartas en la mano, la chica rompio a llorar y huyo para siempre.
La ultima de las amantes secretas era -segun se supo mucho despues- Beatriz Velarde, la piba mas hermosa de FLores, de quien -a su vez- Mandeb era enamora- do secreto en otra coleccion de cartas.

Pero estaba escrito que Manuel y Beatriz no se amaran nunca.
El ingreso a Amantes Desconocidos de un grupo de redactores humoristicos y malevolos provoco una serie de catastrofes que marcaron al decadencia de la Sociedad.

Estos profesionales, que perseguian unicamente la diversion personal, empezaron a enviar cartas a damas casadas y a urdir toda clase de intrigas chuscas.

De este modo consiguieron que la Sra. Aurora B de Garcia Vassari se presentara a las cuatro de la mañana con una vela en la mano en el fondo del pasaje Trieste.

Asimismo fueron los culpables de infinidad de divorcios, riñas, peloteras y toletoles entre los matrimonios mas acrisolados de Flores.

Pero hay que mencionar un fenomeno curioso que les ocurria a casi todos los miembros de la Sociedad.
Conforme avanzaba la correspondencia con los beneficiarios, muchos guionistas se enamoraban de verdad.
La conocida redactora publicitaria Luz Vasallo se volvio loca de amor por el poeta Jorge Allen, cuyo caso atendio durante meses.

Para evitar estas situaciones, las autoridades de la entidad resolvieron una rotacion de guionistas.
Pero el resultado fue desastroso.
Las cartas perdian coherencia y verosimilitud, pues los redactores no alcanzaban a compenetrarse debidamente en su funcion.

Sobre el final de sus actividades Amantes Secretos recurrio al telefono.
No fue una experiencia feliz.
El lenguaje telefonico es menos tolerante con la creacion artistica y -por lo demas- muchos guionistas soltaban la carcajada en medio de las charlas, provocando cierta perplejidad en el cliente.

El juego de los Amantes Desconocidos era sin duda apasionante.
Pero aunque admitia procesos mas o menos prolongados, al cabo termianban por extinguirse.
Nadie puede resistir mucho tiempo la tentacion de conocer.
Todos, tarde o temprano, exigen al consumacion del amor epistolar.
Y asi terminaban todas las historias.
La mayoria de las veces con el silencio y el olvido.
En alguna ocasion, con encuentros mas bien desteñidos.
Ives Castagnino, el musico de Palermo, se encontro una vez con una dama desconocida que le habia enviado cartas durante años.

Cuando la vio en la esquina, se acerco y le dijo: - Buenas noches. Soy el desengaño.
Hoy ya nadie habla de los Amantes Desconocidos de Flores.
Pero esta entidad sin fines de lucro bien puede dejar en nuestro espiritu la sombra de una idea.
Por que no convertirse uno en Amante Desconocido? Por que no ayudar con ilu- siones a tantas almas solitarias que andan por la cuadra?

La vida esta poniendose muy aburrida.

Seria maravilloso recibir una mañana de estas una nota perfumada y llena de besos que viene de no se donde. Dejo la inquietud a tantos guionistas, redactores, poetas y literaros que malgastan su tiempo jugando al billar.


Tags: Alejandro Dolina

Publicado por carmenlobo @ 6:07  | Dolina, Alejandro
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