lunes, 05 de septiembre de 2005

Pablo Carbonell

Para la entrega de premios Pingüino eligió un abrigo de imitación de pelo de nutria sibilina. Dejó la prenda en el guardarropa y aguardó su anhelado agasajo. Fue llamado al escenario por su «interpretación de portera», y el público agradeció sus chistes con una estruendosa ovación.

Acababa de bajar cuando fue requerido una vez más a subir al escenario para recoger el premio por su «creación de pollo», y como colofón recogió también el de «mejor escena romántica», otorgado por una marca de colchones.

Extinta la barra libre y los parabienes de sus aduladores se dirigió al guardarropa. Su abrigo había desaparecido. Por su ficha le ofrecían un trapo que él calificó de bata de guatiné. Se revolvió todo, pero aquel fabuloso abrigo había desaparecido. La noche era fría y la organización, reconociendo su impotencia, le pidió que aceptara temporalmente aquella bata de guatiné para que se resguardara camino de casa.

Él, sin disimular su aprensión, se la colocó sobre los hombros y al meter la mano en los bolsillos reconoció que ése era su abrigo: llevaba el preservativo que lo acompañaba desde hacía más de 4 años. Juegos de la vanidad.




Publicado por carmenlobo @ 11:38
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