Retorno al Amor
La más preciosa posesión que puede llegar a tener un hombre en este mundo es el corazón de una mujer. Josiah G. Holland
Winona tenía diecinueve años cuando conoció a Edward, un joven alto y bien parecido, durante el verano de 1928.El había viajado para visitar a su hermana, quien estaba comprometida con el hermano de Winona.Edward se hospedó en la casa de unos amigos y sólo permaneció allí unos pocos días, tuvo tiempo suficiente para conocer a aquella joven vivaz de cabellos oscuros, que lo intrigó desde su primer encuentro.
Durante varios meses se escribieron largas cartas llenas de novedades, en las que compartían detalles de sus vidas y sus sueños.Luego, tan súbitamente como había entrado en su vida, Edward desapareció de ella. Las cartas dejaron de llegar, y Winona aceptó poco a poco que él, sencillamente, ya no estaba interesado.Edward no podía entender por qué Winona había dejado de escribir y, él también, se resignó al hecho de que la mujer de quien se había enamorado no correspondiera a su amor.
Varios años más tarde, Winona se casó con Robert, un hombre muy atractivo, diez años mayor. Tuvieron tres hijos. Sabía de la vida de Edward por su cuñada. Algunos años después del matrimonio de Winona, Edward se casó y también tuvo tres hijos.
Con ocasión de una visita de Winona a casa de su hermano y su cuñada, su hermano anunció: "Viajaremos para asistir a la boda de la hija de Edward. ¿Quieres venir con nosotros?" Winona no vaciló y partieron. Poco después de llegar a la recepción, Edward vio a Winona al otro lado del salón. Se dirigió lentamente hacia ella.El corazón de Winona latía muy fuerte cuando se estrecharon la mano y se saludaron.Se instalaron en una de las mesas a conversar, y el corazón de Winona latía tanto que temió que Edward pudiera escucharlo. Él tenía lágrimas en los ojos mientras conversaba cortésmente acerca de la boda y de sus respectivas familias. Nunca mencionaron las cartas y, unos minutos después, Edward se despidió para cumplir sus deberes como padre de la novia.
Winona regresó a su casa, donde continuó con su trabajo como profesora de piano y en una agencia de publicidad, aprovechando, como siempre, lo mejor que la vida le ofrecía. Sepultó los recuerdos de su breve encuentro junto a los otros que guardaba de Edward. Diez años más tarde, cuando murió la esposa de Edward, Winona le envió una tarjeta de condolencia. Dos años después, cuando murió el esposo de Winona, Edward le escribió. Iniciaron de nuevo su correspondencia.
Edward le escribía a menudo y, para Winona, la llegada de sus cartas se convirtió en el momento más especial del día. Camino a su trabajo, se detenía en la oficina de correos para buscar sus cartas, y las leía en los semáforos. Poco a poco, Edward comenzó a expresar su amor por su "amada Winona", y acordaron que él viajaría a su ciudad durante las vacaciones.
Winona estaba entusiasmada y nerviosa con esta perspectiva. Después de todo, excepto por su breve encuentro durante la boda, no habían estado juntos desde hacía más de cuarenta años. Sólo llevaban seis meses de correspondencia y Edward vendría en dos semanas. Era un bello y cálido día de junio cuando Winona se dirigió al aeropuerto a recibir a Edward. Esta vez, cuando la vio, corrió a su encuentro y la envolvió en un largo y amoroso abrazo. Conversaron alegremente mientras recuperaban el equipaje y buscaban el auto. Fue un comienzo fácil. Cuando estaban en el auto y se dirigían al hotel, Edward sacó una pequeña caja de terciopelo de su bolsillo y deslizó un anillo de compromiso en el dedo de Winona. Ella quedó sin habla. Él había hecho alusiones al matrimonio en sus cartas, pero esto era demasiado repentino. ¿O no lo era? ¿No había esperado todos estos años para recibir su amor?
Durante dos semanas, Edward cortejó a su Winona. Incluso le enviaba cartas desde el hotel. Las preocupaciones de ella se disolvieron poco a poco en el flujo del amor de Edward y en el completo apoyo de su familia y amigos. El 18 de septiembre de 1971, vestida con un largo traje color rosa, Winona caminó hacia el altar del brazo de su hijo mayor. Winona y Edward se casaron y, según dijo ella, "vivieron felices como en los cuentos de hadas".
¿Y qué fue de todas aquellas cartas que se habían detenido de repente tantos años atrás? La madre de Edward las había destruido porque no deseaba perder a su hijo menor. Cuarenta y tres años después, Winona lo encontró.