Lunes, 29 de agosto de 2005

Revista HUMOR (Noviembre 1978)
Alejandro Dolina



No hay nada m?s dif?cil en estos tiempos que encontrar a un se?or dispuesto a admitir su ignorancia.
Todo el mundo cree que es obligaci?n el tener opini?n formada sobre cada uno de los aspectos del universo.
Por eso no es raro encontrar en cada pizzer?a muchachones que -entre porci?n y porci?n- cuestionan las teor?as de Darwin con la misma autoridad con que podr?an juzgar las ?ltimas actuaciones de Mastr?ngelo.

Cualquiera opina sobre cualquier cosa.
Todos son entendidos.
Y si alguien comienza su discurso con un humilde "Yo de esto no entiendo nada", no tardar? en agregar un "pero" para luego despacharse con el muestrario
completo de sus ideas sobre la inmortalidad del cangrejo.
Uno se pregunta entonces, ?c?mo se hace para abarcar tanto? ?C?mo se consiguen opiniones tan surtidas?
Hay dos procedimientos.
El primero consiste en dedicar treinta o cuarenta a?os a la tarea de adquirir sabidur?a.
Los resultados de este m?todo son, hay que reconocerlo, inciertos.
El segundo procedimiento es repetir lo que uno escucha por ah?.
De este modo cualquiera puede adue?arse de los pensamientos que m?s le gusten, sin tomarse el trabajo de pensar, que es lo que mata.

El mundo moderno -ya se sabe- pone a nuestra disposici?n una ampl?sima gama de opiniones sueltas.
Est?n en los diarios. Se repiten por radio. Florecen en las charlas de caf?.
Y uno puede elegir la que quiera y repetirla como propia.
Aqu? conviene detenerse un instante.
Es evidente que en inmenso stock que mencion?bamos hay de todo.
Desde verdades irrefutables hasta estupideces monumentales.
Pero a la hora de elegir, la gente se decide por los juicios m?s llamativos y detonantes.
Y la verdad suele ser austera y sencillita.
Todo esto, la costumbre de repetir lo que se oye, el ansia de sorprender y la pereza mental, han cimentado el ?xito y la consagraci?n de un sinn?mero de disparates que andan de boca en boca, como si fueran la flor del pensamiento moderno.

Estas pavadas son ya lugares comunes.
Pero sus propagandistas las recitan como si acabaran de inventarlas.
El prop?sito de este trabajo es presentar una colecci?n incompleta de idioteces prestigiosas e intentar una somera refutaci?n de cada una de ellas.

1. Ay, todo es pol?tica
Argumento que suelen usar los se?ores politizados cuando uno les confiesa que la pol?tica no le interesa.
Sus sostenedores explican que todas las cosas se interaccionan y que hasta los hechos m?s balad?es tienen su connotaci?n pol?tica.

Por ejemplo, comer un helado puede ser un hecho pol?tico si se piensa que quienes no tengan el dinero para comprarlo pueden sentirse v?ctimas de una
injusticia.
Este mismo razonamiento puede servir tambi?n para demostrar que todo es zoolog?a o que todo es aritm?tica o que cualquier cosa es cualquier
cosa y viceversa.
No hay que llevar la met?fora hasta sus ?ltimas consecuencias.
Hay cosas que son pol?tica y otras que no lo son.
Por ejemplo, el tango "El taita del arrabal" no es pol?tica.

2. Ay, todo es ps?quico
Proposici?n que atribuye todos los males del cuerpo a los des?rdenes mentales que padecemos.
?Le duele a uno la cabeza?: son los nervios.
?Le pica a uno la nuca?: es la ansiedad.
?Vomita uno como un cerdo?: est? somatizando.
Refutaci?n: conozco centenares de personas de mente sana que sufren dolores en los lugares m?s destacados del cuerpo humano.

No es necesario estar loco para apestarse.

3. Ay, en el f?tbol ya no hay equipos chicos
Refutaci?n: vaya a ver un partido entre All Boys y Platense en la cancha de Argentinos Juniors y despu?s me cuenta.

4. Ay, nadie es imprescindible
Frase que le sueltan a uno cada vez que abandona una empresa, un trabajo o un cumplea?os.
Parece significar que todas las personas son la misma cosa y que cualquiera puede ocupar los lugares vacantes.
Refutaci?n: siempre hay algo para lo cual solamente sirve una determinada persona. Por ejemplo, para protagonizar el show de Frank Sinatra, es indispensable Frank Sinatra.

5. Ah, el p?blico es exitista.
Cuando uno ganan lo aplauden y cuando pierde lo silban
Y est? muy bien.
De lo contrario no existir?an diferencias entre los genios y los troncos.
Peor ser?a que siempre aplaudieran.
O que siempre silbaran.
O lo que es peor: que aplaudieran al que pierde y silbaran al que gana.

6. Si de noche lloras por el sol, las l?grimas te impedir?n ver las estrellas.
Frase que han consagrado los posters y que se pronuncia contra el llanto y la tristeza.
Hace milenios, en Grecia, un pedante vio a Sol?n llorar amargamente por su hijo muerto.
-?Por qu? lloras -le dijo- si de nada te servir??
-Por eso -contest? Sol?n- porque de nada me servir?.
Hay que aprender a llorar y a comprender que la vida no es una kermesse.

7. Gardel muri? justo a tiempo
Opini?n que parece reducir las virtudes gardelianas a una muerte oportuna.
La refutaci?n corre por parte del propio Gardel en cualquiera de sus discos.

8. Hay que tomar las derrotas con filosof?a
Cuando uno oye esto, supone que despu?s de perder al truco, es necesario leer a Spinoza o meditar la posibilidad del conocimiento.

Sin embargo, lo que en realidad quiere decirse es que hay que consolarse ante el infortunio.
Con lo cual viene a descubrirse que para algunas personas la filosof?a es el consuelo.
Yo pienso m?s bien lo contrario.

9. Sobre gustos no hay nada escrito
Refr?n lamentable que suelen utilizar los amantes del naranj?n con cerveza y las camisas con lentejuelas.
En realidad sobre gustos se ha escrito mucho.
Y hasta hay escritores que no han abordado jam?s otro tema.
Es cuesti?n de leer, nada m?s.

10. Hay que ser amigo de los hijos
Disparate que tiene su origen en un cierto verso del Mart?n Fierro, cuya negligente lectura puede sugerir que un amigo es m?s que un padre.

En verdad cuesta trabajo imaginar a un se?or que sale junto a su hijo a tocar timbres y patear tachos de basura.
Creo que lo mejor es ejercer la alta dignidad de padre o de madre, con toda la jerarqu?a que esto presupone.
Los amigos pueden fallar.
Los padres no.

Hay m?s tonter?as ilustres: "Yo tengo mi propio c?digo moral".
"El que va al hip?dromo por primera vez, gana".
"Castillo con Tanturi cantaba bien".
"Los norteamericanos tiene un plato volador con los cad?veres de sus tripulantes".
"Los humoristas son gente triste".
Todas estas cosas se oyen mil veces por d?a.
Es un buen momento para empezar a combatirlas.
Para eso es necesario sacudir las telara?as de los sesos y pensar bien lo que uno dice.
Y cuando se da el frecuente caso de no tener nada que decir, a callar.
Que siempre es mejor visto un pajar?n silencioso que un vivo macaneando.
Buen provecho

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Publicado por carmenlobo @ 22:28  | Dolina, Alejandro
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