Mi?rcoles, 17 de agosto de 2005
Arturo P?rez-Reverte

El Semanal 7/8/ 2005


Creo que es a mediados o finales de este mes cuando los cinco mil vecinos de Zalamea de la Serena, pueblo extreme?o al que Pedro Calder?n de la Barca hizo inmortal con su famoso drama, se vuelcan en la representaci?n popular de la aventura del alcalde Pedro Crespo; que con un par, pas?ndose por el forro las convenciones sociales y la rigurosa diferencia de clases de su ?poca, le dio matarile a don ?lvaro de Ataide, el capit?n de los tercios que primero sedujo a su hija Isabel y luego dijo si la he visto, no me acuerdo. As? que Crespo, para estrenar la vara de regidor, le ajust? las cuentas al chulito del capit?n, haciendo que le dieran garrote: muerte bajuna a m?s no poder, hasta el punto de que durante el franquismo, cuando el instrumento a?n serv?a para despenar a infelices, todav?a se le llamaba garrote vil. Porque, seg?n Calder?n, hasta para los villanos ??sa es la enjundia de la historia?, el honor es patrimonio del alma, y el alma s?lo es de Dios. Etc?tera.

Lo de menos es que, en ese caso concreto, el honor lo cifrara Pedro Crespo en la virginal bisectriz del ?ngulo principal de su hija, sobre todo cuando la ni?a, que era un poquito gilipollas, se dej? picar el billete sin que nadie la obligase. Observado desde aqu?, el detalle est? algo pasado de vueltas. Pero debemos contextualizarlo en su ?poca: siglo XVII, sobre un suceso ocurrido en el XVI. Aun as?, la conclusi?n es que, en materia de verg?enza torera y de ajustar cuentas, no mandan ni rey, ni roque, ni capitanes en escabeche. Que se lo pregunten, si no, a los primos de Fuenteovejuna ?en esa quien lo bord? fue Lope de Vega? o al amigo Perib??ez y su comendador de Oca?a, que tal bailaron. As? que moraleja al canto: mucho ojo con el pueblo villano y tal, que en Espa?a hay mucha mala leche y mucho orgullo, y cuando el personal se rebota, el garrote, los navajazos o las patadas en los huevos sabe darlos como nadie. Lo mismo al capit?n, que al rey o al obispo de la di?cesis. De esas historias, aqu? tenemos unas cuantas. Y las que podr?amos tener.

Por eso, la magn?fica iniciativa del pueblo de Zalamea, que ya tiene doce o trece a?os de solera, me parece un espl?ndido acontecimiento: un ejercicio de leg?timo orgullo ciudadano, no limitado a insolidarios pasteleos de caciques locales y al rabito mezquino de sus boinas, como se suele, ni a la foto de la ministra o ministro de turno, sino abierto a la cultura de verdad: a la historia, al viejo y noble sentido de la palabra Espa?a. Respaldados por todo el pueblo, que interviene de una u otra forma en el espect?culo, cuatrocientos vecinos se echan a la calle durante tres d?as para hacer de soldados, reyes, hijas, alcaldes, capitanes o pueblo llano. Cada funci?n tiene distintos protagonistas que se turnan de jueves a domingo, montando a caballo, manejando la espada, actuando en un espect?culo callejero, popular, que incluye m?sica en directo, y donde entremeses, pasacalles, conciertos, mercado artesanal, coros, grupos folcl?ricos, animales de verdad y hasta el ta?ido de las campanas de la iglesia ???Es aquella Zalamea? / D?galo su campanario?? recrean un espacio hist?rico maravilloso, que cada a?o atrae a m?s visitantes, en esa semana m?gica durante la que el pueblo entero realiza un extraordinario viaje educativo al tiempo de Felipe II.

As? que deseo larga vida a Zalamea y a su alcalde Pedro Crespo, y que ojal? el ejemplo cunda, como ya ocurre en otros lugares. Qu? bueno es demostrar que la historia y la cultura no se conservan s?lo en bibliotecas y museos, sino que son tambi?n realidad viva, patrimonio nobil?simo del pueblo que las hizo posibles. Iniciativas como esta y muchas otras, representaciones teatrales, conmemoraciones de victorias o derrotas, sucesos hermosos o tr?gicos, recordatorios de lo que fuimos y explicaci?n de lo que somos, proporcionan oportuno consuelo en esta Espa?a tan a menudo desabrida, triste, perra, desmemoriada y cutre. Y as?, gracias a tan admirables iniciativas locales, al trabajo de tanta gente buena que lucha por rescatar la materia nobil?sima de su propia memoria, la victoria frente a la estupidez y el olvido sigue encarn?ndose en cada ni?o de Zalamea que crece familiarizado con las hermosas palabras que escribi? Calder?n para hablar de la dignidad de hombres y pueblos. En cada vecino que cifra su orgullo en demostrar a los visitantes que la antigua, venerable y fascinante Espa?a se reafirma a s? misma una y otra vez, inextinguible, desmintiendo a tanto imb?cil y a tanto golfo que la niega.





Publicado por carmenlobo @ 22:22  | P?rez-Reverte, Arturo
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