Jueves, 04 de agosto de 2005
Arturo P?rez-Reverte
El Semanal 15 de agosto 2004



A ver si consigo que me leas con atenci?n, Fulano o como te llames. Porque hace poco me mataste a un amigo. Y digo amigo, porque lo era. De verdad. No le hab?a visto la cara nunca, pero eso no importa. Lo era, repito. Le?a mis libros, y tambi?n esta p?gina cada semana. Ten?a 28 a?os, era bien parecido, deportista, corr?a diez kil?metros cada d?a. Buena pinta, sano y fuerte. Adem?s era un tipo noble, sencillo, derecho, con sentido del honor como los de antes, con palabra, apret?n de manos franco, y todo eso. Con sentido del humor, adem?s, lo que era un regalo, un don de la existencia para quienes estaban con ?l. Hab?a aprendido a disfrutar de la vida con dignidad y con decencia. Hay gente que vive noventa tacos de almanaque y nunca llega a ser tan sabia y l?cida como lo era ?l. Amaba el mar, como yo. Ten?a una familia, una novia, unos amigos. Ten?a una perra que ahora lo busca con ojos leales y tristes, moviendo el rabo esperanzada cada vez que alguien roza la puerta. Ten?a un futuro. Si t? se lo hubieras permitido, habr?a llegado a ser un tipo de esos que hacen el mundo soportable, en vez de una cloaca sucia y oscura, a merced de irresponsables como t?.

Tambi?n ten?a una moto, aunque no era uno de los que van haciendo el cimbel como suicidas prematuros. Aquella ma?ana circulaba despacio, cerca de la playa, con el casco puesto y guardando las precauciones adecuadas. Y ?se fue el momento que elegiste, maldita sea tu estampa, para salir con el coche de la gasolinera a toda velocidad, salt?ndote tres carriles antes de girar en direcci?n prohibida, a fin de ahorrarte los cien metros hasta el siguiente cambio de sentido. Llevabas a tu mujer y a tu hijo en el coche, y aun as? hiciste esa pirula. Te jugaste tu vida y la de ellos por ganar tres minutos, y arrancaste de cuajo la de otro. Le diste de lleno, clac. Moto y motorista a tomar por saco. Doce d?as en coma, luchando entre la vida y la muerte. Y luego, ya sabes. Como esos aparatitos de las pel?culas: la l?nea recta en el monitor. Piiiii. Pero no era una pel?cula, sino la vida de un joven lleno de sue?os y esperanzas. Por usar un lenguaje de cine y que lo entiendas, cretino: cuando matas a alguien le quitas todo lo que tiene y todo lo que podr?a llegar a tener.

Por supuesto, ahora est?s en la calle, tan campante. Los miserables como t? no van a la c?rcel. Ignoro exactamente qu? te cay?, si es que fue algo adem?s de tres meses sin permiso de conducir. Si la gentuza de tu cala?a fuera al talego cada vez que despacha a alguien, las c?rceles iban a parecer el camarote de los hermanos Marx. No hay m?s que veros pasar al volante, inconscientes, letales, a toda leche, crey?ndoos inmortales. Seguros, como fue tu caso, de que si alguien palma, ser? otro. As? que imagino que a estas alturas ya estar?s conduciendo de nuevo, como si nada. Los jueces son comprensivos en esto, por lo general; y en cierta forma toco madera, porque la vida da muchas vueltas y nunca se sabe. Ignoro si un d?a ser? yo quien tenga que verse ante un juez. Pero tales son las contradicciones de la vida. Adem?s, lo m?o es s?lo una hip?tesis: no suelo ahorrarme esos cien metros hasta el cambio de sentido, ni me salto los carriles de tres en tres, ni circulo como un majara. Lo tuyo es una realidad: estoy hablando de ti y de tu caso. No tengo toda la informaci?n, pero s? la sospecha de que, en vez de prohibirte conducir durante el resto de tu vida, o mandarte un a?o a trabajar, por ejemplo, al hospital de tetrapl?jicos de Toledo, ayudando a gente a la que otros como t? jodieron la vida, supongo que la Justicia, ben?vola, habr? permitido que te redimas con el pago de una multa. Es lo que suele. Y ahora ni remordimientos tienes, ?verdad? Parece mentira la capacidad de supervivencia y ego?smo del ser humano. C?mo nos convencemos a nosotros mismos de que la mala suerte, el destino, etc?tera, tuvieron la culpa. Al final siempre resultamos asquerosamente inocentes. De todo. Y qui?n te ha visto y qui?n te ve. Qui?n reconocer?a ahora en ti al lloroso mierdecilla que se justificaba ante los guardias, desolado, frente al cuerpo tirado en el suelo, aquel d?a de la gasolinera. Pasa el tiempo, y nos justificamos, y si los dolores propios terminan diluy?ndose en el recuerdo, para qu? decir de los dolores ajenos.

Por eso escribo hoy esta p?gina. Para record?rtelo. Para contar que me arrebataste a un amigo al que nunca llegu? a conocer. Para decirte que ojal? revientes. Cabr?n.





Publicado por carmenlobo @ 22:55  | P?rez-Reverte, Arturo
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