Lunes, 25 de julio de 2005

Arturo P?rez-Reverte
El Semanal

julio de 2005



Les hablaba la semana pasada de gente indeseable, como esos fulanos que dejaron paral?tico a un mozo de escuadra y luego, sorprendiendo a una pareja de novios en un descampado, lo mataron a ?l y la violaron a ella. Pero hubo un aspecto del asunto que me sigue haciendo runr?n en la cabeza. Dec?a en el art?culo que no es lo mismo ser un delincuente que se busca la vida en los l?mites de ciertas reglas, que un cabr?n desbocado al que todo le da igual. Y al releerlo me di cuenta de que la mayor parte de amigos y conocidos a los que mencionaba, o en los que pensaba mientras describ?a el primer grupo ?los malandrines que mantienen ciertos c?digos?, casi todos son gente mayor o est?n muertos. Y lo que abunda, cada vez m?s, es gentuza a la que se le fue la olla, capaz de hacer da?o sin el menor escr?pulo. Escoria indeseable.

Pero claro. Ah? radica la cosa. Desde las cavernas hasta la fecha, toda sociedad genera su basura. En los tiempos que corren es absurdo exigir l?mites ?ticos a unos delincuentes que se mueven en una sociedad carente de ellos. Una sociedad movida por el af?n desenfrenado de lucro inmediato, la ausencia de cultura, de ideales, de memoria hist?rica. Toda esa gentuza desquiciada no es sino la propia de tal sociedad, llevada a extremos de perversi?n y disparate. Entre la clase delincuente, que en otro tiempo curraba ciertos registros para mejorar su vida, ganar dinero y salir adelante, la droga, la jeringuilla, el bicho del sida, lo destruyeron todo, sustituyendo la palabra futuro por el aqu? te pillo aqu? te mato, por la desesperaci?n del callej?n sin salida y la huida a toda leche hacia el vac?o, el rencor desesperado que se lleva por delante cuanto puede antes de estrellarse contra la pared. Y todo con esa maldita, inmoral televisi?n como referencia: no hay en la historia de la Humanidad instrumento tan maravilloso en sus posibilidades y tan da?ino en su uso, en manos como est? de sinverg?enzas sin escr?pulos. En vez de ser v?a de salvaci?n y de lucidez, se ha convertido en motor de ambici?n y de locura, en escaparate hacia el que convergen todas las pasiones insatisfechas, todos los sue?os imposibles, todas las mentiras, todas las frustraciones que, ya desde ni?os, nos est?n volviendo enfermos y locos.

Pongan la oreja, redi?s. ?Cu?nto hace que no o?mos pronunciar palabras como honradez, honor o decencia? ?Qui?n habla de eso en la escuela, o en la casa de cada cual? Contaminadas en otro tiempo por una derecha hip?crita, analfabeta y est?pida, desgastadas por meapilas que confunden decencia con longitud de falda, aborto y preservativo, denostadas por imb?ciles oportunistas que se dicen de izquierdas, todas ellas suenan rancias, reaccionarias, y son abucheadas por quienes se benefician de lo opuesto: los pol?ticos decididos a destruir lo que obstaculiza el negocio continuo donde viven y medran, predicando un mundo virtual, falso, inexistente; creando conflictos para vivir del cuento mientras meten el cazo en el mundo real. Aquellas viejas palabras han sido sustituidas en el lenguaje de hoy por la demagogia de los lugares comunes, por la esquizofrenia de hacer compatible la murga de lo socialmente correcto con una sociedad dislocada donde los aut?nticos valores, los ?nicos reales, son ganar dinero, fanfarronear, exhibirse. Es lo que se ense?a ahora en los colegios: un mundo virtual, ajeno a la realidad, desmentido cada d?a por los adultos. Algo que se destruye en cuanto le da la luz, pero sin mecanismos morales para sobreponerse al golpe. Sin armadura ?tica. De ese modo, lo que en realidad formamos a largo plazo es gente ego?sta, insolidaria, comprometida mientras no cueste mucho esfuerzo mantener la postura social vigente. Y claro. Luego, cuando el joven educado en la milonga sale indefenso a la calle, o se vuelve majareta, o traga para sobrevivir, o se corrompe para medrar.

Cuando hace a?os muri? alguien muy cercano y querido para m?, en el momento de bajarlo a la tumba alguien, entre sus amigos, coment?: ?Era un hombre honrado y un caballero?. Y qu? quieren que les diga. Me pareci? el mejor epitafio que un hombre puede desear para s? mismo, pero temo que nadie dir? eso en mi funeral. No porque pueda o no pueda serlo, que ?se es asunto m?o y no viene al caso; sino porque dudo que alguien aprecie todav?a el valor de esas palabras. Ahora, honrado es sin?nimo de tonto, y en la puerta de los servicios de los bares llaman se?ora y caballero a cualquiera.




Publicado por carmenlobo @ 23:50  | P?rez-Reverte, Arturo
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