Martes, 05 de julio de 2005

Orlando Albornoz


Fernando Savater, el eminente fil?sofo espa?ol,autor de una obra s?lida y respetable en ese campo del pensamiento, ha escrito un libro light que le ha permitido el ?xito editorial usualmente reservado a los libros de autoayuda,como el simp?tico y simple follet?n Qui?n se comi? mi queso, un ins?lito best seller callejero vendido por buhoneros ilustrados. En efecto,
el libro de Savater El valor de educar es casi banal, sobre el tema educaci?n. Una travesura intelectual, en el mejor de los casos. Tan light en verdad que una universidad venezolana,
atenta, al parecer, a estas originalidades del pensamiento, tuvo el talento y la creatividad como para darse cuenta de ello, y le otorg? un Doctorado Honoris Causa. Me refiero a la Universidad
Metropolitana. Sin embargo, no ha sido la ?nica en hacerlo. Anteriormente la Universidad Sim?n Bol?var hizo lo propio, en octubre de 1998. Falta solamente la Universidad Santa Mar?a por montarse en esta ola savateriana,aun cuando a esta parece que se le sec? la p?lvora de los honores acad?micos, despu?s que
le otorgaron uno al hermano de la Sra. Senadora Hillary Clinton, por m?ritos que desconoce la opini?n p?blica, si es que a esta le interesan estas minucias acad?micas.

Savater tiene una visi?n anticuada y equivocada de la educaci?n, como proceso. Pone el ?nfasis en educar cuando debe ponerlo en
aprender; omite diferencias conceptuales b?sicas entre escolaridad y educaci?n; y confunde los ?mbitos diversos en los cuales opera la educaci?n, el cultural, el pol?tico, el social, y as? sucesivamente.
La maestra en la visi?n de Savater, por ejemplo, es aquella decimon?nica en donde la noble y generosa mano de la misma se convert?a en gu?a espiritual, cercana al sacerdocio.
Ello no corresponde ni con el papel del docente en la sociedad moderna ni con las circunstancias, por poner un caso, del sistema escolar y de la sociedad venezolana. En la sociedad moderna, el docente es un t?cnico. Entrenado para una funci?n; y, si bien puede coincidir con ese inter?s, quien tiene responsabilidades educativas no compite con el hogar. Las del docente son responsabilidades escolares, no educativas,
lo cual parece una paradoja.

El docente no es un asesor espiritual, ni un consejero, ni una dom?stica ni un servicio del hogar; sino un t?cnico, que bien puede incluir el lado ?humano? pero ello es privilegio de su condici?n personal, no de su entrenamiento profesional.
Como miembro del aparato educativo, es un agente m?s, a menudo, por cierto, portador del gusto promedio de la sociedad del espectador.
No en vano, al parecer la audiencia de las peores telenovelas se cuentan en proporciones alarmantes en el llamado magisterio, que deber?a tener otros intereses, intelectuales, pero no
es as?. En este sentido, mis inv estigaciones me revelan que los docentes venezolanos son meros empleados de una burocracia estatal/privada y no los intelectuales cr?ticos que requiere la sociedad del conocimiento. Por otra parte, su entrenamiento
profesional es fr?gil para decirlo en una palabra, fr?gil e insuficiente. Son reproductores de ignorancia porque no trascienden esos terrenos. Es f?cil observar que los docentes de
la escuela b?sica, los maestros, son pasivos conductores de un proceso burocr?tico hasta el punto de que, de hecho, ni consumen ni mucho menos producen saber/conocimiento.

El otro tema es el papel de los medios de comunicaci?n social. Todos los quieren manejar.
El actual aut?crata local quisiera poder hacer una cadena diaria en sus medios de horas interminables a la cubana, sin oposici?n. Los medios por su parte quisieran poder transmitir cuanta pornograf?a y vulgaridad pudiesen. Es f?cil imaginarlos transmitiendo competencias de orgasmos colectivos en un estudio cerrado o haciendo consumir alcohol a un grupo de concursantes
para ver su comportamiento, una vez embriagados. Podr?an darse premios cada tantos tragos, y as? sucesivamente, o premiar a la
bebida que embriague m?s r?pidamente. (Les regalo esta idea a los creativos de alguna planta de televisi?n). La prensa escrita quisiera poder
inventar noticias escandalosas cada tres d?as,para mantener la venta en tensi?n. Ahora bien,los medios controlan el aparato educativo; el Estado, a su vez, comparte con el sector privado
el aparato escolar. Estos, por su parte, entran a menudo en el asunto escolar con unas ansias de lucro merecedoras de mejor empe?o y sue?an ? como la Iglesia Cat?lica? con controlar el enorme monto fiscal que el Estado destina a la escolaridad. Por cierto, el gobierno ?revolucionario?encabezado por el presidente Ch?vez ha tenido una enorme habilidad para demostrar
una inequ?voca vocaci?n de aislamiento, en materia
de las pol?ticas p?blicas en educaci?n. Sobrados
en su arrogancia ?bolivariana?, y creyendo tener la verdad absoluta, se han aislado en vez de establecer mecanismos de alianza y solidaridad para con su visi?n educativa; y han
alienado simpat?as y adhesiones y creado las condiciones como para que una oposici?n impulsada
por razones ideol?gicas y pol?ticas conservadoras
pretenda imponer una visi?n igualmente
conservadora de la escolaridad, profundamente
fascista, si se quiere, de la educaci?n.
El tema de la diversidad es esencial. Los
sistemas educativos buscan la homogeneizaci?n
y la universalidad, en forma simult?nea. El proyecto
escolar tiene que ser nacional e integrador.
No ser?a prudente que cada escuela tuviese
el suyo. Adem?s, los sectores reaccionarios que
adelantan el llamado proyecto de la sociedad
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civil defienden lo indefendible, que es como la
familia debe controlar la educaci?n. Ello es inaceptable
para el Estado. Lo que supongo puedo
discutir, t?cnicamente hablando, es que la familia
no puede controlar la escolaridad; esta es
funci?n del Estado. Los sectores conservadores
quieren reducir el espacio del Estado; y los gobiernos
modernos suelen defender el estado
docente.
Efectivamente, la diversidad y homogeneidad
cultural son un proceso paralelo, lo local
y lo universal. Ha sido demostrado hasta la fatiga
que el ser se forma a partir de lo local, hasta
abarcar la experiencia universal. Pero son procesos
complementarios que no se excluyen el
uno al otro, porque el mismo es uno y m?ltiple.
Pero en esta materia es necesario tener claro
que si una sociedad permite al infinito la di?spora
del proyecto educativo nacional, se genera
una anarqu?a estructural contraria precisamente
al principio de naci?n. Si la sociedad permitiese
que cada religi?n, cada etnia, cada grupo
nacional, grupo etario y de g?nero tenga su propuesta
y proyecto educativo, la sociedad deja de
ser una raz?n de existencia y de ser. Ciertamen-
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te cada grupo puede tener la escolaridad que
quiera; pero la educaci?n como amalgama es
parte esencial de la cohesi?n de una sociedad.
Sobre esta materia es menester un sano dogmatismo,
reducido a dos extremos: o elabora la
sociedad el proyecto que requiere o lo hacen los
grupos que se hallan en el anverso de la necesidad
colectiva. La misma que se agita en las calles
de Caracas, entre quienes aspiran el liderazgo
en materia autoritaria, el gobierno a trav?s
del proyecto educativo bolivariano y los segundos
a trav?s del autoritarismo de la Iglesia
Cat?lica y del capital de lucro que participa en
el negocio de la escolaridad. Por cierto, en materia
educativa no hay tal proyecto bolivariano.
Por ignorancia, omisi?n o inter?s creado, suele
olvidarse que la visi?n pedag?gica del proyecto
pol?tico grancolombiano fue elaborada por
Francisco de Paula Santander y no precisamente
por Sim?n Bol?var. Es de recordar que Santander
hizo abrir en Venezuela las primeras escuelas
republicanas. En estos tiempos que corren,
sin embargo, Santander es pol?ticamente
incorrecto, gracias a la peregrina interpretaci?n
de que ?el l?der colombiano era un oligarca! Por
otra parte, permitir que el sector privado con-
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trole la escolaridad de la sociedad ser?a claudicar
principios invulnerables de la democracia
moderna.
Pero, en todo caso, lo que equivoca Savater
son las nociones de escolaridad y de educaci?n.
Lo que est? en disputa en Venezuela es la
escolaridad, pero no la educaci?n. El proyecto
educativo es, de hecho, un monopolio indisputado.
Arraigado en la acci?n de m?ltiples agentes.
La monumental ineptitud del gobierno para
defender su proyecto ?que tendr?a que ser un
proyecto educativo, no solo escolar? es solo
comparable a la debilidad del proyecto de la
derecha pol?tica venezolana que quiere mantener
un proyecto de clase y un proyecto de ?lite.
Que cree equivocadamente que el proyecto educativo
es de la familia, estereotipada en la imagen
del padre bueno, la madre bella y los ni?os
bien alimentados.
Dije del libro de Savater, El valor de
educar (1997), que era light y banal. Efectiv amente.
No ha hecho Savater un favor a la comunidad
acad?mica con este libro, pues muchos
creer?n que el an?lisis de la educaci?n pa-
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sa por estas consideraciones sentimentales y
afectiv as del proceso de formar personas, que es
el objetivo del educar y del aprender. Para interpretar
la educaci?n, en su complejidad, en
los niveles micro y macro, es necesario combinar
ideales con realidades, teor?a con pr?ctica,
metodolog?as l?gicamente organizadas, y as?
sucesivamente. Esto es, requerimos para estudiar
este complejo fen?meno lo que Henri Poincar?
llamaba El valor de la ciencia (1946),
porque la ret?rica banal y superficial a lo Savater
confunde y enga?a. Pero vende, ciertamente,
aunque no soporte el m?s m?nimo an?lisis
t?cnico ni l?gico-hist?rico.
Inevitable, finalmente, debo citar, a titulo
de comparaci?n con el libro por Savater, la obra
densa y rica en t?rminos pedag?gicos, de Gilbert
Highet, El arte de ense?ar (1935). Nuestro
tiempo, sin embargo, no requiere ni arte ni
valor, sino una visi?n de la educaci?n y de la
escolaridad apoyada en evidencias emp?ricas y
en an?lisis profundos acerca del deber ser, s?,
pero tambi?n del poder ser, terreno en donde se
imponen en esta y en otras materias la realidad,
dicha en ese sentido de la muy terca y dura rea-
lidad. Esta realidad se impone a las fantas?as y a
las disposiciones llenas de amor y paz, como las
de Savater, pero ajenas a los implacables enfoques
acerca de cu?nto cuesta, qui?n lo paga y
qui?n se aprovecha de esa din?mica socioecon?mica
que genera y distribuye ese bien que es
el saber/conocimiento, ergo, la educaci?n.


Publicado por carmenlobo @ 1:02
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