Lunes, 18 de abril de 2005

Alejandro Dolina

HISTORIA DEL QUE ESPERO SIETE A?OS

Jorge Allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios hostiles.

Segun se supo despues, alcanzo a ser feliz.
Una noche de junio, la chica resolvio abandonarlo.
- No te quiero mas - le dijo.
Allen cometio entonces los peores pecados de su vida; suplico, sehumillo, escribio versos horrorosos y lloro en los rincones.

La pechugona se mantuvo firme y rubrico la maniobra entreverandose con un deportista reluciente.
El poeta recobro la dignidad y empleo su tiempo en amar sin esperanzas y en recordar el pasado.
Su alma se retemplo en el sufrimiento y se hizo cada vez mas sabio y bondadoso.
Muchas veces so?o con el regreso de la muchacha, aunque tuvo el buen tino de no esperar que tal sue?o se cumpliera.
Mas tarde supo que jamas habria en su vida algo mejor que aquel amor imposible.
Sin embargo, una noche de verano, siete a?os y siete meses despues de su pronunciamiento, la pechugona aparecio de nuevo.

Las lagrimas le corrian por el escote cuando le confeso al poeta:
- Otra vez te quiero.
Allen nunca pudo contar con claridad lo que sintio en aquellas horas.
El caso es que volvio a su casa vacio y desenga?ado.
Quiso llorar y no pudo.
Nunca mas volvio a ver a la pechugona.
Y lo que es peor, nunca mas, nunca mas volvio a pensar en ella ni a so?ar su regreso.


HISTORIA DEL QUE SE ENAMORO DE UNA NI?A DEMASIADO JOVEN

Manuel Mandeb supo tener amores con una ni?a muy joven de la calle Paez.
La muchacha no hizo cuestion por la diferencia de edades y ademas es cierto que Mandeb era un hombre de aspecto soberbio, dentro de
su sombrio estilo.
Pero pronto empezaron las dificultades.
Un dia Mandeb insistio en caminar bajo un aguacero mientras recitaba a los gritos un soneto flamante.
Una noche le hizo el amor en la casa embrujada de la calle Campana para espantar a los demonios.
A veces, en la madrugada, se trepaba hasta la ventana de la ni?a, en el tercer piso, y dejaba prendida una flor roja.
Una tarde de invierno le hizo probar el licor del olvido y el vino del recuerdo.
En verano, le sacaba la blusa en las calles oscuras y le ponia alguna de sus gastadas camisas azules.
Para su cumplea?os le regalo una sombra robada en Villa del Parque que habia encerrado en una cajita de cristal.
Despues ense?o a todos los pajaros de Flores a cantar el nombre de la muchacha en su ventana.
Entonces la ni?a abandono a Mandeb y comento luego a sus amistades en una pizzeria:
-No eramos de la misma generacion.

HISTORIA DEL QUE PADECIA LOS DOS MALES.

En la calle Caracas vivia un hombre que amaba a una rubia.
Pero ella lo despreciaba enteramente.
Unas cuadras mas abajo dos morochas se morian por el hombre y se le ofrecian ante su puerta.
El las rechazaba honestamente.
El amor depara dos maximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y se amados por quien no podemos amar.

El hombre de la calle Caracas padecio ambas desgracias al mismo tiempo y murio una ma?ana ante el llanto de las morochas y la indiferencia
de la rubia.

HISTORIA DEL QUE NO PODIA OLVIDAR.

El ruso Salzman tuvo muchas novias.
Y a decir verdad solia dejarlas al poco tiempo.
Sin embargo jamas se olvidaba de ellas.
Todas las noches sus antiguos amores se le presentaban por turno en forma de pesadilla.
Y Salzman lloraba por la ausencia de ellas.
La primera novia, la verdulera de Burzaco, la pelirroja de Villa Luro, la inglesa de La Lucila, la arquitecta de Palermo, la modista de Ciudadela.

Y tambien las novias que nunca tuvo: la que no lo quiso, la que vio una sola vez en el puerto, la que le vendio un par de zapatos, la que desaparecio en
un zaguan antes de cruzarse con el.
Despues Salzman lloraba por las novias futuras que aun no habian llegado.
Los hombres sabios no se burlaban del ruso pues comprendian que estaba poseido del mas sagrado berretin cosmico: el hombre queria vivir todas las vidas y estaba condenado a transitar solamente por una.

Aprendan a so?ar los que se contentan con sacar la loteria......



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Publicado por carmenlobo @ 20:09  | Dolina, Alejandro
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