Lunes, 04 de abril de 2005
Marcado para morir

Posiblemente yo deb?a haber muerto a las 22:30 h. del d?a 22 de agosto de 2004, menos de 48 horas antes de mi cumplea?os. Para poder montar el escenario de mi casi muerte, tuvieron que entrar en acci?n una serie de factores:
A] el actor Will Smith, en las entrevistas para promocionar su nueva pel?cula, siempre hablaba de mi libro El Alquimista.
B] la pel?cula estaba basada en un libro que hab?a le?do hac?a a?os y que me hab?a gustado mucho: Yo, Robot, de Isaac Asimov. Decid? ir a ver la pel?cula, en homenaje a Smith y a Asimov.
C] la pel?cula se puso en cartel en una peque?a ciudad del sudoeste de Francia justo la primera semana de agosto. Pero por una serie de cosas sin importancia, no pude ir al cine hasta aquel domingo.
Cen? temprano, compart? mi botella de vino con mi mujer, invit? a mi asistenta a ir con nosotros (ella dud?, pero acab? aceptando la invitaci?n), llegamos a tiempo, compramos palomitas, vimos la pel?cula y disfrutamos.
Cog? el coche para el viaje de diez minutos hasta mi antiguo molino convertido en casa. Puse un CD de m?sica brasile?a y decid? ir bastante despacio, para que, en esos diez minutos, pudi?semos escuchar por lo menos tres canciones.
En la carretera de doble sentido, pasando por en medio de peque?as ciudades adormecidas, veo, como surgiendo de la nada, dos faros en el espejo retrovisor del lado del conductor. Delante de nosotros, un cruce, debidamente se?alizado con postes.
Intento pisar el freno, porque s? que el coche no va a conseguir su prop?sito; los postes cortan por completo toda posibilidad de adelantamiento. Todo esto dura apenas una fracci?n de segundo (recuerdo haber pensado ??ese tipo est? loco!?), pero no tengo tiempo de hacer ning?n comentario. El conductor del coche (la imagen que qued? grabada en mi memoria es la de un Mercedes, pero no estoy completamente seguro) ve los postes, acelera, me encierra, y cuando intenta corregir su direcci?n, se queda atravesado en la carretera.
A partir de ese momento, todo parece suceder a c?mara lenta: ?l da una, dos, tres vueltas de campana. Luego el coche sale se sale de la carretera y sigue dando vueltas, esta vez a grandes saltos, con el parachoques de delante y de atr?s golpeando el suelo.
Mis faros lo iluminan todo, y no puedo frenar de repente; voy acompa?ando al coche que va dando vueltas a mi lado. Parece una escena de la pel?cula que acabo de ver, s?lo que, ?Dios m?o, antes era ficci?n y ahora es la vida real!
El coche da una vuelta m?s y se detiene, volcado del lado izquierdo, mirando hacia la carretera. Puedo ver la camisa del conductor. Me detengo a su lado, pensando s?lo en una cosa: tengo que salir y ayudarlo. En ese momento siento las u?as de mi mujer clav?ndose con fuerza en mi brazo: me pide que por amor de Dios contin?e, que aparque m?s adelante, que el coche accidentado puede explotar o incendiarse.
Recorro cien metros y aparco. En la radio sigue sonando aquella m?sica brasile?a, como si no hubiese pasado nada. Todo parece tan surrealista, tan distante. Mi mujer e Isabel, mi asistenta, salen corriendo en direcci?n al lugar. Otro coche, que viene en direcci?n contraria, frena. Salta de ?l una mujer, nerviosa: sus faros tambi?n hab?an iluminado la dantesca escena. Me pregunta si tengo un tel?fono m?vil; s? tengo. ?Entonces llame a emergencias!
?Cu?l es el n?mero de emergencias? Me mira: ?todo el mundo lo sabe! ?Tres veces 51! El m?vil est? desconectado: antes de la pel?cula siempre nos recuerdan que hagamos eso. Introduzco el c?digo de acceso, llamamos a emergencias: 51 51 51. S? exactamente d?nde ha sucedido todo: entre el pueblecito de Laloubere y el de Horgues
Vuelven mi mujer y mi asistenta: hay un chico con rasponazos, pero no parece nada grave. Despu?s de todo lo que he visto, despu?s de seis vueltas de campana, ?nada grave! Sali? del coche aturdido, se pararon otros conductores, en cinco minutos llegaron los bomberos, todo est? bien.
Todo est? bien. Una fracci?n de segundo m?s y ?l me hubiera alcanzado, me hubiera lanzado a la zanja, y ahora todo pintar?a muy mal para ambos. Fatal.
Al llegar a casa, miro las estrellas. A veces hay ciertas cosas en nuestro camino, pero nuestra hora no lleg? todav?a y pasan apenas roz?ndonos, sin tocarnos, aunque sean lo bastante claras como para que podamos verlas. Doy gracias a Dios por hacerme entender que, como dice un amigo m?o, ha pasado todo lo que ten?a que pasar, y no ha pasado nada.



Publicado por carmenlobo @ 20:50
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