Miércoles, 23 de febrero de 2005

LA ESENCIA DE LA VIDA
Adam Jackson

A menudo el sufrimiento precede a las mayores dichas. Al igual que la oscuridad de la noche prepara el camino para el amanecer y que del dolor del parto nace el milagro más grande la naturaleza, es a través de la enfermedad como podemos acceder a la plenitud en la salud. La enfermedad no es más que el medio por el que el cuerpo se cura a sí mismo. La enfermedad y el dolor son nuestros aliados, mensajeros de Dios que nos avisan cuando hay un problema que requiere solución. El dolor es una voz que nos alerta para ayudarnos.



Hay pocas enfermedades realmente incurables, pero sí existen muchos pacientes incu
rables, personas que no son capaces o no están dispuestas a dejarse curar. Puede que lo deseen conscientemente, pero no de forma subconsciente. Lo incurable no es la enfermedad en sí, son las personas quienes se hacen incurables. No están interesadas en conservar la salud, sino en evitar el dolor y la enfermedad.



La naturaleza se rige por leyes; la salud es sencillamente la inevitable consecuencia de vivir en armonía con las leyes de la naturaleza. Sólo es posible promover la salud y superar la enfermedad mediante un estilo de vida sano. Para fomentar la salud y la curación primero hay que cambiar el estilo de vida, ajustándolo a las leyes de la naturaleza. La naturaleza tiene leyes fijas e inmutables que, si se respetan, generarán salud y, si se quebrantan, seguramente producirán enfermedad.



No existe nada fuera del cuerpo que sea capaz de curar o generar salud. Tu cuerpo posee una capacidad curativa interior capaz de remediar cualquier enfermedad. Todos poseemos poderes de autocuración que, en las condiciones adecuadas, siempre curarán cualquier enfermedad. Sólo tenemos que crear las condiciones.



Si se elimina la causa de la enfermedad, se elimina la enfermedad en sí. Sólo se cosecha lo que se ha sembrado. Es la ley de «causa y efecto». Usted controla su propio destino. Por ello, el camino hacia la salud empieza por reconocer que ha creado su propio estado de salud o de enfermedad y, que por lo tanto, es capaz de cambiarlo.



Hace falta ser consciente de las leyes de la naturaleza y aceptar que la salud es responsabilidad nuestra. El momento en que aceptamos ser responsables de nuestra salud es también el momento en que empezamos a superar la enfermedad y generar una salud plena. Todos tenemos capacidad para superar la enfermedad y generar una salud plena, que es mucho más que la mera ausencia de enfermedades. Es energía fuerza, deseo de vivir y gozar de la vida. Sólo hace falta vivir en armonía con las leyes de la naturaleza. Existen leyes precisas que rigen todo lo que hay en el Universo, incluyendo la salud. Estas leyes encierran los secretos capaces de superar cualquier enfermedad y generar una salud plena.



A menudo las personas creen equivocadamente que la mente sólo afecta sus emociones y su salud mental, pero la verdad es que todo lo que concierne a la salud tiene su origen en la mente, ya se trate de salud emocional o física. La mente controla nuestros pensamientos y éstos controlan todo lo que hay en su cuerpo.



Muchas enfermedades pueden curarse con el poder de la mente. La «visualización creativa» consiste en crear imágenes mentales curativas. Otra técnica son las «afirmaciones curativas». Una afirmación es una sentencia de la que uno decide convencerse a sí mismo; es decir, se repite una y otra vez en voz alta. Cuando repetimos algo suficientes veces, se queda grabado en la mente. No podemos evitar pensar en lo que estamos repitiendo. Mediante la repetición de una afirmación curativa, no puedes evitar pensar en la curación y la salud.



Las afirmaciones curativas son simplemente sentencias curativas positivas que se le quedarán grabadas en la mente si las repite regularmente cada día. Al principio no importa si cree o no en la afirmación que está repitiendo, de todos modos formará parte de su subconsciente y, cuando eso ocurra, en parte de su cuerpo. Cuanto más la repita, más rápida y eficaz será. Lo único que tenemos que hacer es centrar nuestros pensamientos y eliminar las creencias inhabilitadoras, aquellas que nos llevan a pensar que algo es imposible o no podemos conseguirlo. Curar la enfermedad y generar salud sólo es cuestión de concentrar el poder de la mente en ello. Hay muy poco que no puede conseguir la mente y la principal diferencia entre las personas que se recuperan de la enfermedad y las que no lo hacen es su fe en su capacidad para restablecerse; el fundamento de todo aquello vinculado con la salud y la enfermedad descansa en la mente.



Existe una medicina milagrosa que puede salvar vidas, una medicina que no viene en un frasco, muy pocos médicos la prescriben y no la encontrará en ninguna farmacia. No sólo contribuye a curar muchas enfermedades, sino que también es imprescindible para conservar la salud. Se trata de una medicina sencilla, asequible para todo el mundo en cualquier momento: la risa.



La risa es una medicina que le ayudará a sobreponerse a cualquier enfermedad y conservar la salud. Es en los momentos de estrés cuando más necesitamos reírnos; en estos casos basta con buscar el lado cómico de la situación. Lo que nos depara la vida depende en gran medida de lo que estamos buscando. Si buscas magia, llevarás una vida mágica; si buscas desastres, tendrás una vida llena de desastres; pero si buscas risa, llevarás una vida alegre y sana. ¿Por qué esperar para reírse de las experiencias? ¿Por qué no ver el lado gracioso de la vida en su momento? La vida es un drama, pero podemos convertirla en una tragedia: está en nuestras manos decidirlo.



El descanso rejuvenece el cuerpo, la mente y el espíritu. Nunca puedes alcanzar una salud plena sin reposar el cuerpo y la mente. Todos los seres vivos del mundo, las personas, los animales, incluso la tierra, requieren descanso, es parte del plan de la naturaleza. Todas las criaturas del reino animal y vegetal descansan en el momento apropiado. Sin embargo, los seres humanos pensamos a menudo que podemos prescindir de él. Atravesamos la vida a un ritmo frenético sin tomarnos el tiempo para aminorar el paso y mucho menos para pararnos y descansar. No tenemos tiempo para contemplar la luminosa puesta del sol de una tarde de verano, ni para oler el dulce aroma de la flor del cerezo en primavera, ni para escuchar el canto melodioso de los pájaros.



Lo primero que hay que hacer es aprender a descansar la mente. Cada día necesitamos tomarnos un tiempo para hacer una pausa, reflexionar, meditar y relajarnos. La mayoría de las personas se preocupan por cosas nimias, a menudo triviales y eso agota sus fuerzas y les impide el descanso. Dejar de preocuparse y desarrollar una actitud serena es muy simple: deje de preocuparse por las cosas sin importancia y recuerde que la mayoría de las cosas de la vida son poco importantes. Hay que tomarse la vida menos en serio. Para descansar nuestra mente debemos aprender a vivir día a día. Debemos aprender a vivir en presente. No podemos descansar si nos detenemos continuamente en el pasado y el futuro. Debemos dedicar un día de la semana al descanso. Un día para dedicarse a la familia, a despejar la tensión acumulada y a relajarse. Quizás Dios nos concediera un día sabático para recordarnos que necesitamos tiempo para detenernos, meditar y sosegarnos. Un santuario donde podamos estar en paz con nosotros mismos y el mundo.



El hombre no es una máquina; no estamos hechos sólo de carne y hueso. Tenemos un alma, una esencia que va más allá de las sustancias químicas y las moléculas. Un alma que puede sobreponerse a las limitaciones del cuerpo. Donde hay fe, hay vida. La fe es la esencia de todo aquello que se espera sin necesidad de verlo. La fe es una convicción espiritual, la creencia en aquello que no podemos percibir con nuestros cinco sentidos. La fe es el poder espiritual que convierte lo imposible en posible. Es la solución a todos los problemas, la esperanza de toda desesperanza, la luz al final del túnel. La fe es una fuerza capaz de mover montañas.



¿La fe en qué? La fe en la vida, la fe en sí mismo y la fe en un Poder Supremo. La fe eleva el alma humana a un Poder Superior más fuerte que el poder de la mente. Donde exista un diseño, tiene que haber un diseñador. La fe en Dios o en un Poder Superior, no importa el nombre que le demos, la fe en un poder superior a nosotros, es esencial para nuestro bienestar. Necesitamos algo más que el alimento material, también necesitamos alimento espiritual.



La fe brinda confianza y tranquilidad al espíritu. Libera una fuerza capaz de hacer milagros. Lo contrario de «fe» es duda, miedo, ansiedad y preocupación. Todo ello mina la salud. Quizá por esa razón las personas que profesan una fe sincera no sólo suelen gozar de más salud sino que también se recuperan con mayor rapidez cuando caen enfermas. Existe un poder en este mundo mucho mayor que el de los hombres o el de las máquinas. Está a disposición de todos en cualquier momento o lugar.



El poder de la fe es ilimitado, pero es importante recordar que la fe sin actos no tiene valor. Si seguimos viviendo contrariamente a las leyes de la naturaleza, toda la fe del mundo no nos ayudará ya que nada puede escapar a la ley de causa y efecto del universo. Para encontrar la fe, sólo tenemos que buscarla. A veces tenemos suerte y ocurre algo que nos enseña el camino, por ejemplo, una crisis. Una crisis es como la tormenta, puede dispersar las nubes de la confusión y dejar el cielo despejado. Y después, si se mira hacia arriba, se pueden ver las estrellas. En ese momento, todas las dudas, miedos y preocupaciones comienzan a desvanecerse.



El amor es capaz de vencerlo todo. Ayudar a alguien desinteresadamente es verdadero amor, amor incondicional. Al ayudar a otros, nos ayudamos a nosotros mismos. El universo se rige por muchas leyes precisas e infalibles y la más grande de todas es la ley del amor porque el amor perdura más que cualquier cosa y constituye el poder más fuerte del universo. Con el amor podemos superar cualquier adversidad y cualquier enfermedad. El amor es a menudo un factor determinante en el proceso de curación de muchas enfermedades, un factor que por desgracia suele pasarse por alto y sin duda alguna es imposible tener una salud plena sin amor.



El amor es tan importante para nuestra salud porque es la esencia de la vida. Sin él, la vida deja de tener finalidad y sentido y nos sume en la depresión. Lo contrario de amor es odio, egoísmo, cólera y rencor. El amor alimenta la mente, el cuerpo y el espíritu. Las personas que se sienten amadas se recuperan de la enfermedad más pronto que aquellas que no se sienten queridas.



El amor desempeña un papel esencial no sólo en la superación de la enfermedad, sino también en la conservación de la salud. Muchas personas enferman porque no tienen amor propio. Se sienten rechazadas e infelices y suelen tener problemas en sus relaciones personales. Pero el amor está a disposición de todo el mundo. Hay una forma para asegurarnos de recibir amor: siempre recibimos amor cuando lo damos. Cada vez que ayudas o haces sonreír a alguien, te sientes muy bien. Cuanto más amor damos, más recibimos. Y cuanto más amamos, mejor nos sentimos.

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Publicado por carmenlobo @ 23:55  | Psico - Filo
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Comentarios
Publicado por fb@613089022
Martes, 11 de septiembre de 2012 | 20:07

es la reaqlidad de este articulo lo cual desde hace mucho tiempo lo he pacticdo y los resultados son fantasticos y gracias a dios y la aplicacion de estos principios goso de una vidad plena de salud y alegria total..