Jueves, 20 de enero de 2005
El respeto ? es una regla de oro ?
Por Oscar Fern?ndez Espinosa de los Monteros


Se ha comentado que la regla de oro consiste en respetar la opini?n ajena, no meterse con los dem?s; o, expresado de otro modo: ?la democracia en las propias creencias?. Respetar a los dem?s, ciertamente resulta de suma importancia, es un buen principio ?qui?n no lo desea respecto a sus opiniones? Es lo m?nimo que se puede pedir, pero tenerlo como una regla de oro, resulta pobre.

Una verdadera regla de oro, es la formulada por Confucio (551-479) ?No hagas con los dem?s lo que no quieras que hagan contigo? (Anales de Confucio, XV, 23); mejor a?n lo dej? expresado Jesucristo: ?tratad a los hombres de la manera en que vosotros quer?is ser de ellos tratados? (Lc 6, 31). Estas dos son las m?s conocidas como reglas de oro. ?Por qu?? Evidentemente por su contenido y extensi?n, sin embargo, ?ser?a aceptable incluir como regla de oro el respeto a la opini?n ajena?

Por un lado, es evidente que hay que respetar la opini?n ajena, ?qui?n no est? dispuesto a defender el respeto por las ideas? En las propias ideas de alguna manera est? involucrada la persona, pues se trata de algo muy propio, que se hace suyo: la propia opini?n.

Las cosas son de determinada manera. Si digo que esto es de tal y cual modo no lo digo por capricho. Si una declaraci?n es verdadera, su contradictoria no puede serlo. Y entonces rechazar su contradictoria no es s?lo mi derecho, sino tambi?n mi deber. Por otra parte, el conocimiento de la verdad presupone la libertad. Esta libertad es un hecho que surge de que la raz?n es llamada por el contenido de verdad y movida por el deber, pero de ninguna manera violentada por dicho contenido de verdad. Es aqu? en donde surge la tolerancia. Respecto del conocimiento que el otro tenga, estoy obligado a tener respeto. Puesto que alguien ha encontrado la verdad o cree haberla encontrado. Aun cuando considere falsa su convicci?n, no podr?a afrontarla ni con violencia exterior ni con coacci?n psicol?gica, sino ?nicamente salir al encuentro de la verdad en el terreno mismo en el que surge la convicci?n: en el de la confrontaci?n con el ser, que es en donde se prueba si algo es de tal manera o de tal otra. El deber de respetar la convicci?n ganada por el otro no significa s?lo que -si somos de distinta opini?n- yo debe evitar la violencia, sino que debo, con mi comportamiento, dar al otro ser humano espacio para que ?l pueda llegar a la verdad en la forma correcta[1].

Se respeta absolutamente a la persona que emite la opini?n, que expresa su idea, pero en ?sta cabe el di?logo amigable, el razonamiento distinto, hasta la moderada discusi?n.El respeto es imprescindible para el di?logo, sin embargo, ?qu? se entiende por respeto? Porque actualmente se invoca el respeto a las propias ideas, pero ese respeto lleva un significado raro, tiene la connotaci?n de acatamiento, de renuncia a las propias convicciones. Esto es, se pide respeto para que se permita la opci?n planteada. Es un ?resp?tame? que significa, ?no impidas que las cosas sean como yo las quiero?.

En la pr?ctica las opiniones expresan ideas, las ideas manifiestan una forma de ver la realidad, y esa forma de ver la realidad puede ser distinta entre unas personas y otras, de hecho es algo muy com?n; pero tambi?n puede estar o no en conformidad con la verdad y la verdad lo est? con el bien.El respeto siempre se debe guardar. Todos tenemos derecho a que se nos respete nuestra persona y nuestras ideas, pero ?ste no implica la necesidad de ceder en las propias.

Ceder en cosas opinables, de poca monta, que no se consideran il?citas, implica magnanimidad; el problema se presenta cuando se solicita ?respeto? en cuestiones en las que se pasa por encima de verdaderos derechos: se reclama la libertad de abortar, clonar, cambiar una mujer por otra, lesbianas a adoptar, homosexuales piden que se les respete un supuesto derecho a constituirse en matrimonio. Estas son las ideas en donde ese tipo de respeto no puede constituirse en opci?n, porque se faltar?a a bienes de gran valor, adem?s de que al elegir se puede tomar una postura o incluso su contraria y entonces ?a qu? opini?n se respeta?

No se debe confundir respeto y tolerancia. La expresi?n de opiniones no es objeto de tolerancia, es un verdadero derecho, ?por qu?? Por nuestras propias limitaciones cognoscitivas; por la naturaleza social de la persona; por la riqueza y complejidad de la verdad en sus distintos aspectos; por la complicaci?n de las ideas y la forma de expresarse. Se debe por tanto respetar aunque nos parezca equivocada e incluso perniciosa, y dicho respeto se manifiesta en el modo de tratar a la, no descalific?ndola. El respeto a la opini?n ajena es la condici?n necesaria del di?logo aut?ntico y por tanto de la tolerancia[2].

Las ideas se pueden compartir o no. Se puede discutir acerca de ellas y, por supuesto, no estar de acuerdo. Pero un primer paso es respetarlas y escucharlas, tratando de entenderlas.Por otra parte, no hay una ?nica soluci?n para las cuestiones temporales, por eso tambi?n se han de respetar las posturas de los dem?s. Cuando se tolera no se est? de acuerdo con la idea contraria, se respeta, como debe ser, y hasta se permite, porque en ese determinado caso, de no hacerlo as?, se prev? un mal mayor o que deje de producirse un bien mejor.

Es, pues, conveniente abogar porque se respeten siempre las ideas sin que se por ello deban de imponerse, sino conducirse por la linea del di?logo razonado. Y continuar con las reglas de oro reconocidas que van mucho m?s all? del respeto a las propias ideas, pues se basan en algo m?s valioso que ha de ser custodiado, la persona: ?No hagas con los dem?s lo que no quieras que hagan contigo? (Anales de Confucio, XV, 23); Jesucristo: ?tratad a los hombres de la manera en que vosotros quer?is ser de ellos tratados?.



7. Error y errante

Pero ?qu? sucede con los intolerantes? Muestran la falta de respeto por las ideas de los dem?s, y, peor a?n, por su persona. Acuden a la ridiculizaci?n de la postura contraria, exageraciones grotescas y toda clase de argumentos contra el otro. C[F1] rean un ambiente de miedo ?al qu? dir?n?, pero definitivamente si de algo carecen es del m?s elemental respeto a la opini?n ajena.


La palabra en forma de gritos bloquean el proceso de comunicaci?n. Son ruidos que obstruyen el mensaje; entre ellos est?n los estereotipos, los prejuicios y las malas interpretaciones[3].

Hay personas que no toleran que los dem?s piensen de distinta manera que ellos. Existe el gusto de presumir de tolerante, pero lo que es claro es que no todo el mundo lo es. Hace falta una gran convicci?n del respeto que se debe tener de unos por otros[4].

Y la intolerancia ha cubierto de sangre la tierra y sigue causando v?ctimas all? donde pensar de modo diverso al oficial o al de la mayor?a es censurado de modo violento[5].

En realidad existe una distinci?n que hace posible el respeto y a la vez la disensi?n, se trata de aprender a distinguir entre la persona y su pensamiento.

Es la Iglesia quien ha ense?ado la diferencia entre el error y el errante. Ya San Agust?n dej? una regla al respecto, con el famoso diligite homines, interficite errores (ama al que yerra, aniquila los errores)[6], que dicho de otro modo ser?a: El error no tiene derechos, sino el errante, y no en cuanto errante, sino en cuanto persona. O si se quiere ver con un ejemplo del Evangelio, cuando Jesucristo perdona a la mujer encontrada en flagrante delito de adulterio, le dice ?yo tampoco te condeno, vete y no peques m?s?; en cambio no le dice: no te preocupes, regr?sate y contin?a con tu idea.

Ahora bien, el trabajo en los medios de comunicaci?n muchas veces exige comentar, positiva o negativamente, las actuaciones y posturas de los dem?s, incluso en materias opinables. En ese caso, es necesario esmerarse en la prudencia y la justicia al juzgar. Tambi?n al referirse a personas de conducta escandalosa.

Y en cualquier caso, se ha de defender la verdad, sin herir[7]. La fe en la verdad es lo que disuade de imponerla por la fuerza. La verdad se impone por s? misma. El fundamentalismo no es cristiano porque no es humano.

El cristiano no debe ceder en la doctrina de fe, puesto que no es suya, pero ha de comprender a todos sabiendo distinguir entre el error, que siempre deber ser rechazado, y la persona que yerra[8].




?scar Fern?ndez Espinosa de los Monteros
Abogado e investigador en temas ?ticos y materias de Bio?tica
e-mail: [email protected]


Publicado por carmenlobo @ 23:43
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