Martes, 04 de enero de 2005
Jos? Carlos Garc?a Fajardo

En la educaci?n de los ni?os reposa la esperanza de una humanidad quebrada. Pesa sobre nosotros la amenaza de un caos a escala planetaria. Sus mensajeros son la contaminaci?n ambiental, el terrorismo, la proliferaci?n de mercados criminales de armas, de drogas y de personas tratadas como mercanc?as.



Que en el mundo ya no gobiernan los dirigentes pol?ticos es un hecho admitido con una naturalidad que espanta. Deciden los grandes intereses y ejecutan los gobernantes. Ya no priman los valores ni se reconocen referentes ?ticos universales. Imperan la fuerza, los resultados y la rentabilidad en el menor tiempo posible.



Al no haber respetado a los pueblos, organizados en naciones y en Estados, los nuevos poderes hegem?nicos reproducen las conductas de los aut?cratas que asolaron territorios inmensos en nombre de ideolog?as perversas presentadas como panaceas frente al oscurantismo de religiones, de morales y de tradiciones arcaicas.



Ante este panorama que nos invade por los medios de comunicaci?n, la tentaci?n est? en la huida o en encerrarse a s? mismos en telas de ara?a que nos a?slan y nos desnaturalizan y vac?an.



Frente a estas realidades, se impone la denuncia fundamentada y la aportaci?n de propuestas alternativas. Porque Otro Mundo Es Posible y Necesario, todos somos responsables.



A esta interpelaci?n, cada cual debe responder en su propio ?mbito. Lo concreto, sin perdernos en lamentaciones est?riles pero sin abandonar una lucha en la que nos van la vida y la supervivencia del planeta.



Las organizaciones de la sociedad civil han comprendido que no pueden ser utilizadas como apaga fuegos ni como instrumentos al servicio de pol?ticas letales. Nuestro papel est? en el tejido social, en estas c?lulas que es preciso regenerar para que revitalicen todo el organismo. Como aquel m?dico que, durante la Primera Guerra Mundial, acert? a cortar tiras de piel de las nalgas de los pacientes abrasados por las bombas de f?sforo para sembrarlas en trocitos sobre las zonas quemadas. Cada una se reproduc?a siguiendo su propia din?mica.



Podemos actuar eficazmente sobre los ni?os de las sociedades m?s explotadas. No se trata de que pierdan ninguna se?a de identidad sino de que vuelvan a ser los ejes del Renacimiento social para sus comunidades.



Si no podemos influir en los mercados controlados por el poder, s? podemos extender nudos de encuentro en redes de solidaridad en respuesta a la injusticia social que hemos aceptado como si fuera algo natural. Cuando se trata de una monstruosidad que encierra la destrucci?n de todo lo que de humano ha aportado la evoluci?n en la Tierra.



No hay un plan general ni una pol?tica universal, sino actuaciones concretas en lugares determinados. Existen proyectos en activo de escuelas rurales para ni?os en su primera infancia que pueden actuar como elementos revolucionarios de las sociedades en las que se desarrollan.



Los ni?os acuden a esas escuelas rurales que ponen en contacto a gentes de diversas comunidades.



La educaci?n impartida es la que ofrece los valores conseguidos por el progreso mundial desde sus tradiciones que son fuente de saberes enraizados.



Aprender a leer y a escribir, recibir los cuidados sanitarios necesarios, practicar la higiene m?s elemental, relacionarse y compartir para no ser esclavos de abandonos seculares.



Esos centros act?an como integradores din?micos de la sociedad ya desde la primera infancia de los ni?os. Los padres y el resto de la familia son interpelados por esas realidades cuyos logros pueden contrastar cada d?a. Los centros act?an en reuniones de padres, promueven actividades, acercan mejoras agr?colas y sanitarias, de comunicaci?n y de relaciones.



Los maestros y educadores, el personal sanitario y los programas de educaci?n permanente son llevados a cabo por personas del pa?s, en sus lenguas y tradiciones. No hay personal de la contraparte de la sociedad civil que promueve y sostienen esos proyectos m?s que para servir y controlar el desarrollo de los programas.



Estos proyectos est?n en marcha y no requieren inmensos recursos econ?micos. Ni se trata de utop?as irrealizables. A no ser que comprendamos de una vez que hemos sido v?ctimas de un enga?o colectivo que confundi? el valor con el precio y que olvid? la grandeza del ser humano en beneficio de un desarrollo inhumano que lleva en su seno las ra?ces de su destrucci?n, hoy hecha posible en una humanidad interrelacionada.



Es posible la esperanza si abrimos los ojos y nos dejamos interpelar por las exigencias de una naturaleza hoy realmente amenazada.





* Profesor de Pensamiento Pol?tico (UCM) y Director del CCS




Publicado por carmenlobo @ 0:22
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