Famosos para un comercio justo
Por Rafael Ruiz
Los responsables de comunicación de las ONG lo saben bien y lo suelen decir al oído: en el mundo desarrollado, con tal proliferación de mensajes y de información, enseguida se corre el riesgo de saturación, y la repetición de cifras de la desigualdad en el reparto de la riqueza y de imágenes que demuestran cómo viven los menos favorecidos topan, en determinado momento, con el muro de lo ya demasiado visto, que no remueve conciencias.
Por eso, la ONG Intermón Oxfam (IO) ha decidido esta vez plantear una campaña internacional de otra manera, dándole la vuelta. Para explicar un tema difícil de explicar, las relaciones injustas de comercio entre el Norte y el Sur, ha contado con la colaboración de personajes famosos –los que salen en estas páginas–, líderes de opinión que han prestado su imagen para llamar la atención, para que la gente se fije y enfoque bien un problema: desde sus privilegiadas posiciones, los países ricos inundan –por eso, los famosos aparecen en las fotos metafóricamente inundados con chocolate, maíz, trigo, leche– con sus productos agrícolas subvencionados a los países del Tercer Mundo, que siguen viviendo básicamente de la agricultura –mientras países como Bélgica y Holanda tienen menos de un 10% de población rural; en otros, como Ruanda y Uganda, más del 85% son campesinos–.
Los saturan, los bloquean, les hacen imposible competir en el mercado mundial; es más, ni siquiera les dejan margen para poder vender sus productos en su propia tierra. La supuesta globalización no es tal. El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC) establecen un juego con reglas desiguales. Explican en Intermón Oxfam que a los países en desarrollo se les obliga a abrir sus fronteras, a desarmarse de aranceles y cualquier otra medida proteccionista –en aras del libre comercio–, pero, a la vez, los países más desarrollados –la UE y EE UU– usan las subvenciones agrícolas para poner en el mercado productos, como el trigo y el azúcar, a precios por debajo de su coste.
Competencia desleal. Además, las multinacionales alimentarias fuerzan continuamente a la baja el precio de materias como el cacao y el café –sus precios en origen, lo que se paga a los que cultivan la tierra, han caído a la mitad en los últimos años–. Así la situación, los campesinos del Sur sencillamente se mueren de hambre. Estas reglas injustas de comercio constituyen una de las claves con más ramificaciones de por qué hay hambre.
Los agricultores y ganaderos del Tercer Mundo no ganan para salir adelante; son vulnerables a episodios de sequía o violencia. Lo dice en dos frases Intermón Oxfam: “900 millones de campesinos no pueden vivir dignamente de su trabajo. Han sido arrastrados a la ruina porque no pueden competir con los productos baratos subvencionados por los países ricos”. “Millones de familias pasan hambre por la crisis de materias primas.
Deben vender sus cosechas por menos de lo que les cuesta producirlas, mientras las grandes empresas aumentan sus ganancias por los bajos precios que pagan por ellas”. La ONG dice que ahora es el momento de luchar por cambiar, ya que en septiembre el Gobierno español lanzó en las Naciones Unidas, junto a Francia, Brasil y Chile, la Alianza contra el Hambre, que persigue acabar en 2015 con lo que John Carlin describe en su reportaje como “la manifestación más extrema del fracaso humano” y porque en 2005 se celebra en Hong Kong la próxima reunión de la OMC, que trazará las coordenadas hasta 2020.
Para presionar intentan recoger millones de firmas. Dicen que desde abajo también se puede influir, y ponen como ejemplo dos campañas de firmas que sí sirvieron: la que en 2001 llevó a las empresas farmacéuticas a retirar la demanda contra Suráfrica por aprobar una ley que facilitaba el acceso a medicamentos contra el sida más baratos que los patentados, y la que en 2003 convenció a Nestlé para reducir de 6 a 1,5 millones de dólares su reclamación al Gobierno de Etiopía por nacionalizar una empresa filial.