Mi?rcoles, 08 de diciembre de 2004
04 de Diciembre de 2004
PAGINA 12

Contratapa


Pulgas y garrapatas



Por Osvaldo Bayer

Era lindo asomarse a la vereda en aquellos a?os, por las noches de verano. Pasaban jovencitas del brazo y daban vueltas y vueltas a la manzana. Hab?a mucho verde, jardines con palmeras. En casa ten?amos cuatro palmeras y cercos de ligustros y muchas flores. Pasaban tambi?n parejas enamoradas, s?, del brazo. Lunas grandes que se ve?an entre los techos bajos de las casonas y los chalets. Hoy son todos motores, cuatro l?neas de esos ?mnibus que roncan como bestias desesperadas que compr? Menem. ?P?jaros? Ja, ja, ja.
Pero no todo es as?; hoy hay otras apariciones que nunca anduvieron por esas calles. Los pibitos que pasan de a tres o de a cuatro, con la piel de la tierra y los ojos sorprendidos. Revisan la basura, uno despu?s del otro. De mayor a menor. Cada bolsa de pl?stico es revisada por sus manitos bien al fondo. Entre metida y metida se rascan la cabeza. Les doy algunas monedas. Mientras con una mano se rascan la cabeza, a la otra la abren para ver si hay alguna moneda de cincuenta. No dicen gracias, no tienen por qu? decirlo. Le pregunto al mayorcito si tiene piojos. ?S? ?me dice?, pero ?l tiene garrapata y pulga.? Y me se?ala al hermanito menor de todos. ?C?mo hacen, se lavan la cabeza? ?No ?me contesta?, los matamos con los dedos, as?.? Y me imita con toda precisi?n el crac. Ponen unos papeles en una bolsa de pl?stico y se van sin decir m?s. El menor se va jugando con un juguete roto. Les pregunto todav?a d?nde est? la mam?. ?Mi hermana ?contesta el mayor?; ella va por Cabildo.?
Una periodista holandesa que ha venido a hacerme preguntas sobre Kirchner se permite la gran org?a: veinte, treinta fotos de los pibitos. Pero le espera m?s. Ahora s?, ya ha empezado a formarse la cola al costado de la verduler?a de enfrente. Ah? esperan con paciencia principalmente mujeres y alg?n chico: a las doce, el verdulero saca la verdura que a la ma?ana ya no puede vender. Mandarinas s?lo podridas en la mitad; verdura desmayada, pero todav?a verde; bananas que se pueden pelar y quitar los ojos negros, duraznos todav?a buenos alrededor del carozo. Naranjas achatadas de puro podridas, pero con alg?n gajo bueno. Argentina a?o dos mil. Pero el espect?culo est? en el otro frente, la panader?a. ?Mendigos, vagabundos, pedig?e?os? No, gente, gente. La cola de unos cien se apuesta junto a la puertecita de un costado del negocio, donde entran en s? la harina y las nueces peladas. Ahora va a salir el pe?n con las bolsas de panes que, por lo viejos, ya no se pueden poner ma?ana en el mostrador. Es buen pan, tal vez un poco h?medo o ya duro. Ser?a un buen teatro hacer pasar en ese momento a un actor que recitara a Rub?n Dar?o y a su Argentina de las mieses doradas. Porque no puede ser, es apenas una situaci?n escenificada, quiero pensar. ?C?mo? ?En la Argentina, la gente con la mano abierta va a mendigar pan? En el barrio de Belgrano, caser?n de tejas, alcurnia y jardines, sirvientes y bridge. Antes. Ahora, autos, rascacielos, polic?a privada. Todos somos desconocidos.
No, no, ya no se ve la luna grandota; la esconden rascacielos que tapan todo. El indiecito de la garrapata y la pulga lig? un pan flaut?n sin hacer la cola. En casa vuelvo a leer el final de la conquista del desierto de Roca en la cr?nica del diario El Nacional. Otra vez, s?; la leo otra vez: ?Llegan los indios prisioneros con sus familias. La desesperaci?n, el llanto no cesa. Se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las s?plicas que, hincadas y con los brazos al cielo, dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos indios se tapan la cara, otros miran resignadamente el suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entra?as, el padre se cruza por delante para defender a su familia...?. (Es decir, el Ej?rcito Argentino ya ten?a antecedentes en el secuestro de ni?os que luego llevar?a a la desaparici?n de reci?n nacidos para regalarlos. Claro, primero se prueba con los indios, luego con los subversivos. Pero Mariano Grondona por Radio Diez dijo que se trataba de indios chilenos. Ah, bueno. Los medios como fuente de educaci?n. Lo tengo grabado para no olvidarlo. Es que hay que tener en cuenta lo que dijo Roca en el Congreso de la Naci?n: ?El ?xito m?s brillante acaba de coronar esta expedici?n, dejando as? libres para siempre del dominio del indio esos vast?simos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradas promesas al inmigrante y al capital extranjero?. El pibe de las garrapatas y las pulgas se lleva el flaut?n apret?ndolo contra el pecho. Debe haber tenido una abuela ranquel o mapuche. O chilena, como dice Mariano Grondona.)
Y, aunque me repita, leo otra vez la lista de los estancieros que cofinanciaron la campa?a de Roca para ganarse las interminables pampas. La Sociedad Rural la presid?a Jos? Mart?nez de Hoz, tatarabuelo del ministro de Econom?a de la dictadura de desaparici?n de personas de 1976. Es que el Ej?rcito Argentino es fiel a sus principios. Y lean los apellidos de aquel entonces, que integraban la reci?n fundada Sociedad Rural, igual que los de ahora: Amadeo, Leloir, Temperley, Atucha, Ramos Mej?a, Llavallol, Unzu?, Miguens, Terrero, Arana, Casares, Se?orans, Mart?n y Omar, Real de Az?a.
?Los ranqueles no tienen salvaci?n porque no tienen sentido de la propiedad?, escribi? ya en 1827 el coronel Rauch, contratado en Europa por Rivadavia para ?eliminar? a los ranqueles. Por eso, de due?os de las pampas a que vayan a comer del tacho de la basura. Porque el ser humano viene al mundo para tener propiedades, si no, ?para qu? viene? Occidentales y cristianos, nosotros. Para Roca, la estatua m?s grande de Buenos Aires y el billete de cien pesos. Para San Mart?n, el Retiro y el billete de cinco.
Prendo la radio y salta el anuncio: la firma Bayer propone un nuevo m?todo para hacer desaparecer pulgas y garrapatas. Los establecimientos del capital, siempre atentos. Voy a preguntar a la farmacia cu?nto cuesta. Claro, no, los pibitos de la basura no lo van a poder comprar. Pero tal vez s? las manzaneras o los planes Trabajar agreguen algo contra los bichos que invaden las cabezas del pobrer?o, de aquellos que tienen una abuela mapuche, perd?n, chilena.
Roca ya hubiera solucionado el problema, dir?a Blumberg. Porque bien lo dec?a el diario La Tribuna adicto a Roca, del 1? de junio de 1879: ?Para acabar con los restos de las que fueron poderosas tribus, ladrones audaces, enjambre de lanzas, amenaza perpetua para la civilizaci?n, no se necesita ya otra t?ctica que la que los cazadores europeos emplean contra el jabal?. Mejor dicho, contra el ciervo. Porque el indio es ya s?lo un ciervo disparador y jadeante. Es preciso no tenerles l?stima?.
Claro, as?, como lo dijo Blumberg. E ?bamos a ver c?mo se acabar?an de repente los piojos, las pulgas y las garrapatas.

Publicado por carmenlobo @ 0:09
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Comentarios
Publicado por carmenlobo
Mi?rcoles, 08 de diciembre de 2004 | 10:37
Queria compartir este mensaje que me envio Andrea, a quien le agradezco su mensaje!Flash